Alfeñique: 70 años de dulce tradición en Celaya

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Alfeñique, el alma dulce del Día de Muertos

Alfeñique es mucho más que un dulce: es memoria viva que adorna los altares mexicanos cada 2 de noviembre. En Celaya, Guanajuato, esta tradición de azúcar moldeada lleva 70 años en manos de Rita Montes Martínez y su negocio Calaverrita. Cuatro generaciones han convertido grenetina, limón y azúcar glas en calaveritas, platillos y figuras que honran a los fieles difuntos. El alfeñique aparece como protagonista en ofrendas, recordando sabores que los seres queridos disfrutaban en vida.

Desde los cinco pesos por una pequeña calaverita hasta 350 pesos por piezas elaboradas, el alfeñique ofrece opciones para todos los bolsillos. Rita lamenta que los jóvenes de 20 años ya no lo busquen, pero celebra el apoyo de la Secretaría de Educación Pública que lo enseña en escuelas. Así, el alfeñique sobrevive como puente entre pasado y futuro.

Cómo se elabora el auténtico alfeñique celayense

El proceso del alfeñique exige paciencia artesanal. Primero se hierve azúcar hasta punto de bola, luego se mezcla con grenetina y jugo de limón. La masa tibia se moldea a mano: enchiladas rojas, mole poblano, chicles rellenos o pollo con arroz. Cada figura tarda de tres a cuatro días; la planeación anual comienza meses antes para tener listo el surtido de 50 platillos diferentes. Este alfeñique 100 % artesanal distingue a Celaya como capital del dulce tradicional.

Los clientes eligen réplicas exactas de comidas cotidianas para colocar en el altar. “Es como servirles su platillo favorito a los que ya no están”, explica Rita. El alfeñique convierte el dolor en celebración colorida y dulce.

Alfeñique y cajeta de cempasúchil: sabores que se abrazan

En la misma Celaya, la fábrica El Caballo sin Rival lleva 110 años endulzando la región. Brenda Castañeda, cuarta generación, presenta cada noviembre la cajeta de cempasúchil. Este dulce une leche de cabra, azúcar y pétalos de la flor de muertos, con toques de mandarina, anís y cacahuate que recuerdan al pan de muerto. Mil frascos se agotan antes del 20 de noviembre.

La cajeta de cempasúchil complementa al alfeñique en los altares modernos. Juntos representan innovación sin traicionar raíces. El alfeñique da forma; la cajeta, sabor líquido que evoca la tierra fértil de otoño.

El taller donde nace el alfeñique de Rita Montes

Calaverrita abre sus puertas en el corazón de Celaya. Allí, entre moldes antiguos y olor a limón, Rita dirige a su familia. El taller produce desde calaveras sonrientes hasta borreguitos y frutas miniatura. Cada pieza lleva el sello de manos que aprendieron el oficio de abuelos y bisabuelos. Visitar Calaverrita es retroceder 70 años y tocar la historia dulce de México.

El alfeñique no solo decora: educa. Niños que ayudan a moldear descubren el valor del trabajo manual frente a dulces industriales. Así, el legado de Rita trasciende el azúcar.

Por qué el alfeñique sigue siendo imprescindible

En un mundo de golosinas rápidas, el alfeñique resiste porque habla directo al corazón mexicano. Cada bocado evoca anécdotas de abuelas, risas en el panteón y la certeza de que la muerte es solo una pausa dulce. Artesanas como Rita garantizan que la tradición no se derrita.

Periódicos locales como AM León han documentado durante años estas ferias de alfeñique en Celaya. Reportajes de televisión guanajuatense muestran los altares llenos de figuras comestibles. Incluso crónicas publicadas en redes sociales por visitantes confirman que el alfeñique sigue siendo el rey indiscutible del Día de Muertos.

Hoy, cuando enciendas tu vela y pongas pan de muerto, recuerda agregar una pieza de alfeñique. Es el detalle que transforma una ofrenda en conversación con quienes ya partieron. Así, 70 años se convierten en eternidad.