Militante de Morena recaba firmas contra acueducto Solís

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Acueducto Solís se ha convertido en el centro de una intensa controversia en Guanajuato, donde un militante de Morena lidera una campaña para recabar firmas en Acámbaro y detener su construcción. Este proyecto hidráulico, planeado para transportar agua desde la Presa Solís hasta León y otros municipios, genera divisiones profundas entre quienes ven en él una solución vital al abasto de agua y aquellos que lo perciben como una amenaza inminente para los recursos locales. En medio de esta tensión, José Luis Sánchez Mora, un dedicado militante de Morena, ha tomado la iniciativa de instalar una mesa en la plaza cívica Miguel Hidalgo y Costilla de Acámbaro, donde junto a un grupo de cinco colaboradores, invita a los transeúntes a firmar en contra del acueducto Solís. Esta acción no solo refleja el descontento creciente entre sectores de la población, sino que también pone en evidencia las fisuras dentro del propio partido gobernante en el estado.

La campaña en Acámbaro contra el acueducto Solís

En las calles de Acámbaro, un municipio emblemático de Guanajuato por su historia y su ubicación estratégica, la presencia de la mesa de firmas ha transformado la plaza principal en un punto de encuentro para el debate público. José Luis Sánchez Mora, con su experiencia como militante de Morena, explica pacientemente a cada persona que se acerca los motivos detrás de esta oposición al acueducto Solís. "No podemos permitir que este megaproyecto drene nuestros recursos hídricos locales sin considerar el impacto en comunidades como la nuestra", declara Sánchez Mora, enfatizando la necesidad de proteger el agua de Acámbaro para sus habitantes. Desde el 26 de octubre de 2025, esta iniciativa ha atraído a decenas de ciudadanos, muchos de los cuales, al enterarse de los detalles, deciden unir su voz a la causa.

Detalles de la recolección de firmas en la plaza cívica

La mesa, sencilla pero estratégica, se ubica justo en el corazón de la plaza Miguel Hidalgo y Costilla, un lugar donde convergen familias, comerciantes y visitantes. Los voluntarios, armados con pliegos de papel y folletos informativos, detallan cómo el acueducto Solís podría alterar el equilibrio ecológico de la región. Cada firma recolectada representa no solo un rechazo individual, sino un paso hacia una posible consulta popular o una interpelación formal a las autoridades estatales. Sánchez Mora, quien ha dedicado años a la militancia en Morena, ve en esta acción una forma de honrar los principios del partido sobre la justicia social y la sostenibilidad ambiental, aunque reconoce que su postura choca con la línea oficial del gobierno de Guanajuato.

El controvertido proyecto del acueducto Solís en Guanajuato

El acueducto Solís, con una longitud proyectada de entre 187 y 200 kilómetros, se presenta como una obra de infraestructura clave para el futuro hidráulico del estado. Diseñado para extraer hasta 3,800 litros por segundo desde la Presa Solís, el proyecto beneficiaría directamente a casi dos millones de habitantes en municipios como León, Silao, Irapuato, Salamanca y Celaya. Incluye componentes avanzados como una obra de toma, plantas de bombeo y potabilización, y líneas de entrega por gravedad, todo ello bajo la supervisión de la Comisión Estatal del Agua (CEA) de Guanajuato. Sin embargo, críticos como Sánchez Mora argumentan que esta extracción masiva podría dejar secos pozos y ríos locales, exacerbando la escasez en zonas rurales como Acámbaro.

Impactos ambientales y sociales del acueducto Solís

Desde una perspectiva ambiental, el acueducto Solís plantea riesgos significativos para la biodiversidad de la cuenca del Río Turbio y las presas aledañas. Expertos en recursos hídricos advierten que la desviación de flujos podría reducir los niveles freáticos, afectando la agricultura tradicional de Guanajuato, que depende en gran medida de sistemas de riego comunitarios. En términos sociales, comunidades indígenas y campesinas en Acámbaro temen desplazamientos indirectos y pérdida de medios de vida, ya que el agua no solo es recurso vital, sino pilar cultural. Sánchez Mora, en sus charlas en la plaza, resalta cómo este proyecto prioriza las necesidades urbanas de León sobre las rurales, perpetuando desigualdades que Morena prometió erradicar. La recolección de firmas busca visibilizar estas voces marginadas, acumulando evidencias para presionar por estudios de impacto más rigurosos.

La historia del acueducto Solís no es nueva; ha sido discutido en foros estatales desde hace más de una década, con promesas de inversión federal que ahora, bajo el gobierno de Morena a nivel nacional, adquieren un matiz político. Mientras el gobernador de Guanajuato, de extracción panista, impulsa el proyecto como esencial para el crecimiento económico, militantes locales como Sánchez Mora lo ven como una imposición que ignora consultas previas. Esta dualidad resalta las tensiones internas en Morena, donde la base militante a menudo choca con decisiones de alto nivel. En Acámbaro, la campaña ha logrado no solo firmas, sino diálogos que educan a la población sobre derechos hídricos, fomentando una conciencia colectiva contra el acueducto Solís.

Oposición ciudadana y el rol de Morena en la controversia

José Luis Sánchez Mora no actúa en solitario; su grupo de cinco colaboradores representa a un sector de la militancia de Morena que prioriza la defensa del territorio sobre megaproyectos controvertidos. En las últimas semanas, similares mesas de firmas han aparecido en otros municipios afectados, formando una red informal de resistencia al acueducto Solís. Esta movilización subraya cómo, a pesar de ser partido en el poder, Morena alberga disidencias que cuestionan políticas hidráulicas estatales. Sánchez Mora, con su trayectoria en campañas locales, utiliza su posición para amplificar el mensaje, recordando que el agua es un derecho humano inalienable, no un commodity para exportar a ciudades industriales.

Voces desde Acámbaro: testimonios contra el acueducto Solís

Entre los transeúntes que firman, hay agricultores que relatan sequías pasadas agravadas por proyectos similares, y madres preocupadas por el futuro de sus hijos en un entorno cada vez más árido. Una de ellas, doña María González, comparte: "Aquí en Acámbaro, el agua ya escasea en verano; si se la llevan a León, ¿qué nos queda?". Estos testimonios, capturados en las conversaciones diarias en la plaza, enriquecen la narrativa de oposición al acueducto Solís, convirtiendo la recolección de firmas en un acto de empoderamiento comunitario. Sánchez Mora documenta estas historias, planeando presentarlas en asambleas partidarias para influir en la agenda de Morena a nivel estatal.

El debate alrededor del acueducto Solís trasciende lo local, tocando fibras nacionales sobre gestión del agua en México. En un país donde el 40% de la población enfrenta estrés hídrico, proyectos como este generan escrutinio sobre su viabilidad y equidad. En Guanajuato, la dependencia de la agricultura y la industria textil hace que cada gota cuente, y la postura de militantes como Sánchez Mora resuena en foros ambientales. La campaña en Acámbaro no solo recolecta firmas, sino que siembra semillas de activismo, recordando que la verdadera regeneración nacional pasa por proteger lo esencial: el agua para todos.

Además, la iniciativa destaca la importancia de la participación ciudadana en decisiones que afectan el territorio. A medida que las firmas se acumulan, se vislumbra la posibilidad de un frente más amplio contra el acueducto Solís, involucrando a organizaciones civiles y expertos independientes. Sánchez Mora enfatiza que esta lucha es por el legado de las generaciones futuras, un llamado que resuena en las plazas y mercados de Guanajuato.

En conversaciones informales con observadores locales, se menciona que detalles sobre el avance del proyecto provienen de reportes de la Comisión Estatal del Agua, mientras que las preocupaciones ambientales han sido documentadas en estudios independientes accesibles en portales especializados. Asimismo, la actividad en Acámbaro ha sido cubierta por medios regionales como La Silla Rota, que han seguido de cerca las movilizaciones ciudadanas desde octubre de 2025.

Finalmente, esta resistencia al acueducto Solís ilustra cómo el activismo de base puede desafiar narrativas oficiales, fomentando un diálogo más inclusivo sobre el desarrollo sostenible en México.