Tienditas en crisis por impuestos a cigarros y refrescos

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Impuestos a cigarros y refrescos amenazan con desatar una crisis en las tienditas de Guanajuato, donde estos productos representan una fuente vital de ingresos para miles de pequeños comerciantes. La propuesta del gobierno federal para elevar el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) en un 30% podría traducirse en un incremento mínimo de 20 pesos por cajetilla de cigarros, golpeando directamente a los negocios familiares que dependen de ventas diarias modestas. Esta medida, incluida en el Paquete Económico 2026, genera alarma entre líderes empresariales que ven en ella no solo una reducción en las ganancias, sino un catalizador para el avance del mercado ilegal controlado por grupos delictivos.

Gerardo López Becerra, presidente del Consejo para el Desarrollo del Comercio en Pequeño y la Empresa Familiar, ha calificado de "catastróficas" las posibles repercusiones de estos impuestos a cigarros y refrescos. Según su análisis, las tienditas de abarrotes, ultramarinos y misceláneas en Guanajuato podrían perder hasta un tercio de sus ventas regulares, ya que estos artículos impulsan el consumo impulsivo y el flujo de clientes constantes. En un estado donde la economía informal juega un rol clave, esta presión fiscal adicional se suma a desafíos preexistentes como la competencia de cadenas grandes y la inseguridad creciente.

Impacto económico de los impuestos a cigarros y refrescos en pequeños comercios

Los impuestos a cigarros y refrescos no solo afectan el bolsillo de los consumidores, sino que alteran el equilibrio delicado de los pequeños comercios en Guanajuato. Con un alza del 30% en el IEPS, el precio de una cajetilla podría saltar de manera significativa, disuadiendo compras habituales y empujando a muchos hacia opciones más baratas e ilegales. Expertos en el sector estiman que esto podría generar una caída en las ventas de hasta 25% en los primeros meses de implementación, dejando a las tienditas al borde de la insolvencia.

Expansión del mercado ilegal por alza en IEPS

La historia reciente ilustra los riesgos de elevar los impuestos a cigarros y refrescos sin considerar el contexto local. En 2010, durante el gobierno de Felipe Calderón, un aumento de siete pesos por cajetilla prometía recaudar más de 42 mil millones de pesos, pero la realidad fue distinta: solo se obtuvieron 30 mil millones, mientras el consumo creció y el mercado ilegal se disparó del 2% al 20% del total. Esto resultó en una evasión fiscal anual de 13 mil millones de pesos, beneficiando directamente a redes criminales que hoy extorsionan a tenderos en varias regiones del país.

En Guanajuato, donde el crimen organizado ya incide en la distribución de productos de contrabando, los impuestos a cigarros y refrescos podrían agravar la situación. Líderes como López Becerra advierten que el mercado negro no solo roba ventas legítimas, sino que fomenta el consumo entre menores y presiona a los comerciantes para que incorporen mercancía ilegal en sus anaqueles. En estados vecinos como Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, hasta el 90% de las tienditas han cedido a esta dinámica, vendiendo cigarros falsificados bajo amenaza. Aunque en Guanajuato la penetración es menor, el temor es que estos impuestos a cigarros y refrescos actúen como un detonante para un aumento similar.

Presión sobre la economía local en Guanajuato

De acuerdo con el Censo Económico 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Guanajuato alberga 270,040 unidades económicas, muchas de ellas dedicadas al comercio al por menor. Las tienditas, que forman el tejido conectivo de comunidades rurales y urbanas, generan empleo para familias enteras y contribuyen a la estabilidad social. Sin embargo, la inminente reforma fiscal pone en jaque este modelo, con los impuestos a cigarros y refrescos como punta de lanza de una política que prioriza la recaudación federal sobre la sostenibilidad local.

Desafíos para tenderos ante competencia y delincuencia

Los pequeños comerciantes en Guanajuato no solo batallan contra los impuestos a cigarros y refrescos, sino contra una competencia feroz de tiendas de conveniencia que ofrecen descuentos masivos y horarios extendidos. Esta dualidad erosiona márgenes ya delgados, donde un margen de ganancia del 10% en cigarros puede marcar la diferencia entre cerrar el mes en números rojos o negros. Además, la delincuencia organizada añade una capa de riesgo: extorsiones disfrazadas de "protección" y amenazas por no acatar ventas ilícitas se han convertido en moneda corriente, especialmente en zonas periféricas de León, Irapuato y Celaya.

La propuesta de los impuestos a cigarros y refrescos ignora estas realidades, enfocándose en metas recaudatorias que, paradójicamente, podrían reducir los ingresos fiscales netos al impulsar el contrabando. Analistas del sector coinciden en que una política más equilibrada, con incentivos fiscales para formalizar ventas o campañas contra el mercado ilegal, sería más efectiva que un incremento unilateral. En cambio, esta medida acelera la informalidad, dejando a las tienditas en una posición vulnerable donde la supervivencia depende de adaptaciones forzadas.

Alternativas y perspectivas para mitigar la crisis

Frente a los impuestos a cigarros y refrescos, algunos expertos proponen diversificar las ofertas en las tienditas hacia productos saludables o locales, como bebidas naturales y snacks artesanales, para compensar pérdidas. Sin embargo, esto requiere inversión inicial que muchos tenderos no poseen, agravando la desigualdad en un estado donde el 40% de los comercios pequeños operan con capital familiar limitado. Organizaciones como el Consejo de López Becerra claman por un diálogo tripartita entre gobierno, empresarios y consumidores para recalibrar la reforma.

En el panorama más amplio, los impuestos a cigarros y refrescos forman parte de una estrategia federal para combatir el tabaquismo y la obesidad, objetivos loables pero mal calibrados para economías locales dependientes. Guanajuato, con su pujante industria manufacturera, podría absorber mejor el impacto si se implementaran subsidios temporales o exenciones para microempresas, pero la ausencia de tales medidas genera escepticismo. Líderes empresariales urgen a legisladores locales a presionar por enmiendas que protejan el empleo y la recaudación municipal.

La intersección entre política fiscal y seguridad complica aún más el debate sobre los impuestos a cigarros y refrescos. Mientras el gobierno federal busca equilibrar presupuestos, las tienditas de Guanajuato pagan el costo humano de una política desconectada de la realidad cotidiana. En conversaciones con asociaciones de comerciantes, se resalta cómo datos del INEGI subrayan la fragilidad de estos negocios, con más de 100,000 en riesgo de cierre en los próximos años si no hay ajustes.

Como se ha discutido en foros empresariales recientes, la experiencia de 2010 sirve de lección clave: incrementos impositivos sin controles anti-contrabando solo fortalecen al crimen organizado. Fuentes cercanas al Consejo para el Desarrollo del Comercio en Pequeño mencionan que revisiones internas de ventas muestran una correlación directa entre alzas pasadas y caídas en ingresos formales. Asimismo, reportes de la Secretaría de Economía federal, aunque optimistas en recaudación, admiten en notas al pie la expansión del mercado ilegal como un factor no previsto.

En última instancia, la crisis gestada por los impuestos a cigarros y refrescos invita a una reflexión sobre el rol de los pequeños comercios en la economía guanajuatense, donde su colapso podría desencadenar efectos en cadena en empleo y consumo local.