Jubilados bloquean Ayuntamiento de Celaya por derechos

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Jubilados del gobierno de Celaya han tomado una medida drástica al bloquear las entradas al Ayuntamiento municipal, exigiendo el cumplimiento inmediato de sus derechos laborales adquiridos. Esta protesta, que inició en la mañana del 17 de octubre de 2025, refleja la creciente frustración de un grupo de aproximadamente 70 pensionados y jubilados que llevan meses luchando por prestaciones retenidas, como el fondo de ahorro y otros beneficios esenciales. En un acto de desesperación colectiva, se postraron frente a la presidencia municipal a las 7:00 horas, impidiendo el acceso no solo a empleados públicos, sino también a ciudadanos que intentaban realizar trámites cotidianos. El bloqueo, aunque pacífico en su ejecución inicial, ha paralizado las operaciones del Ayuntamiento, obligando a los trabajadores a aguardar en el Jardín Principal mientras los funcionarios, incluido el alcalde Juan Miguel Ramírez Sánchez, se reubican temporalmente en la cercana Casa de la Cultura.

El inicio del bloqueo y su impacto inmediato en Celaya

La escena en las afueras del Ayuntamiento de Celaya se tornó tensa desde las primeras horas de la mañana. Los jubilados, muchos de ellos de la tercera edad y con décadas de servicio al municipio, formaron una cadena humana que selló tanto la entrada principal como el estacionamiento. El primer afectado fue Jesús Paz, secretario particular del alcalde, quien al intentar ingresar fue detenido cortésmente pero firmemente por los manifestantes. A partir de ese momento, decenas de empleados municipales llegaron en sus vehículos o a pie, solo para encontrarse con la barrera improvisada. "No entrará nadie hasta que nos escuchen", gritaban los jubilados, repitiendo consignas como "¡Presidente, Ayuntamiento, ustedes tienen la solución!" y "Derechos adquiridos no son negociables".

Trabajadores municipales varados: una mañana de incertidumbre

Los empleados, sorprendidos por la magnitud de la acción, se congregaron en el Jardín Principal, un espacio público emblemático de Celaya. Allí, jefes de departamento pasaron lista y distribuyeron indicaciones vía telefónica, mientras algunos optaron por retirarse a sus hogares, alegando imposibilidad de laborar. La manifestación, que se extendió al menos hasta las 9:00 horas, permitió la salida de quienes ya se encontraban dentro del edificio, pero mantuvo selladas las puertas para nuevos ingresos. Este bloqueo al Ayuntamiento de Celaya no solo interrumpió servicios administrativos, sino que también generó un efecto dominó en la atención ciudadana, con trámites de licencias, pagos de predial y otros servicios estancados indefinidamente.

En medio de la protesta, el director de Policía Municipal, Bernardo Rafael Cajero Reyes, se presentó en el lugar solicitando acceso para coordinar medidas de seguridad. Sin embargo, los jubilados, liderados por Blanca Hilda Grande Vega, presidenta de la Asociación de Jubilados y Pensionados de Celaya, negaron el paso, argumentando que su acción era una respuesta a la indiferencia prolongada de las autoridades. "Hemos esperado tres meses de manifestaciones y dos de plantón permanente; ya no hay más paciencia", declaró Vega, visiblemente emocionada por la gravedad del momento.

Las demandas de los jubilados: fondo de ahorro y prestaciones en juego

El núcleo de la protesta radica en la devolución de prestaciones laborales que el gobierno municipal ha suspendido unilateralmente. Los jubilados reclaman el fondo de ahorro, acumulado durante años de servicio fiel, así como el derecho a recibir la canasta navideña y el aguinaldo, beneficios que ahora se les niegan bajo el pretexto de recortes presupuestales. "No somos pobrecitos, somos jubilados con derechos ganados a pulso", exclamó Alejandra Rodríguez, secretaria de la asociación, en una declaración cargada de indignación. Estas exigencias no son nuevas; desde julio de 2025, los pensionados han mantenido un plantón ininterrumpido frente al Ayuntamiento, pero el bloqueo de este viernes representa una escalada sin precedentes en la historia reciente de Celaya.

Críticas al alcalde Ramírez Sánchez: soberbia y promesas incumplidas

El alcalde Juan Miguel Ramírez Sánchez se ha convertido en el blanco principal de las iras de los manifestantes. Sus declaraciones del jueves 16 de octubre, en las que tildó la protesta de "tintes políticos" y minimizó las penurias de los jubilados al mencionar sus supuestas "carnes asadas" y capacidad para viajar, fueron el detonante final. "Su soberbia es devastadora; nosotros dimos nuestra vida al servicio público, y él nos trata como mendigos", reprochó Rodríguez, recordando cómo el alcalde pasó frente a ellos sin dirigir palabra alguna. Ramírez Sánchez ha insistido en que no cederá sin una sentencia judicial firme, argumentando que las demandas deben resolverse por vías legales. Sin embargo, los jubilados ven esto como una dilación táctica, especialmente ante la advertencia de que el bloqueo podría extenderse "un día, una semana o lo que sea necesario" hasta obtener respuestas concretas.

Esta confrontación pone de manifiesto las tensiones inherentes en la administración municipal de Celaya, donde recortes en prestaciones para jubilados se enmarcan en un contexto más amplio de austeridad presupuestaria. Los manifestantes argumentan que los ahorros deberían buscarse en otros rubros, no en las pensiones de quienes construyeron la estructura administrativa del municipio. "Basta de mentiras y empurases; la historia juzgará a este gobierno", sentenció uno de los participantes, eco de un sentir colectivo que trasciende la mera queja económica para convertirse en un reclamo por dignidad y respeto.

Incidentes de salud y la humanización de la protesta

A medida que avanzaba la mañana, el bloqueo al Ayuntamiento de Celaya adquirió un matiz más humano y preocupante. Alrededor de las 9:00 horas, una ex trabajadora de la tercera edad, parte de los manifestantes, sufrió un desmayo debido a una subida repentina de presión arterial. Paramédicos de la Cruz Roja acudieron de inmediato, estabilizándola en el sitio antes de trasladarla al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) para atención especializada. Este incidente subrayó la vulnerabilidad de muchos de los jubilados involucrados, varios de los cuales padecen afecciones crónicas agravadas por el estrés de la incertidumbre financiera.

Respuesta de las autoridades: reubicación y silencio oficial

Mientras tanto, el alcalde y su equipo ejecutivo optaron por una estrategia de contención al reunirse en la Casa de la Cultura, a escasos metros del epicentro de la protesta. Fuentes internas indican que allí se coordinaron acciones para minimizar el impacto operativo, aunque ninguna declaración oficial emanó de Ramírez Sánchez durante las primeras horas del bloqueo. La ausencia de diálogo directo ha avivado las llamas de la indignación, con los jubilados reiterando que su acción no es política, sino un imperativo de supervivencia. En Celaya, una ciudad conocida por su dinamismo industrial y agrícola, eventos como este resaltan las fracturas sociales que el gobierno local no ha logrado sanar, especialmente en materia de seguridad social para sus ex servidores públicos.

La protesta de los jubilados en Celaya no solo paraliza el Ayuntamiento, sino que invita a una reflexión más profunda sobre el trato a los pensionados en México. Con prestaciones cada vez más erosionadas por políticas de austeridad, casos como este podrían multiplicarse en otros municipios, donde la lealtad de décadas se ve recompensada con indiferencia. Los manifestantes, armados solo con su perseverancia y voces roncas por el clamor, demuestran que el derecho a la jubilación digna no es un lujo, sino un pilar fundamental de cualquier sociedad justa.

En las calles empedradas del centro histórico de Celaya, el eco de las consignas de los jubilados resuena como un recordatorio de promesas rotas. Mientras el sol del mediodía calienta el asfalto, los trabajadores municipales observan desde la distancia, conscientes de que podrían ser los próximos en enfrentar un retiro precario. La Asociación de Jubilados y Pensionados, a través de sus líderes como Blanca Hilda Grande Vega, ha documentado exhaustivamente estas demandas, recurriendo incluso a instancias estatales para visibilizar su causa.

Informes preliminares de observadores locales, similares a los que se publican en medios regionales como el Periódico Correo, destacan cómo este bloqueo al Ayuntamiento de Celaya podría marcar un punto de inflexión en las relaciones entre el gobierno municipal y sus ex empleados. Testimonios de participantes, recogidos en el fragor de la manifestación, pintan un cuadro de resiliencia ante la adversidad, donde la salud emocional y física de los jubilados se ve comprometida por la falta de resolución.

Finalmente, mientras el día avanza y el bloqueo persiste, queda claro que la voz de estos pensionados no se acallará fácilmente. Referencias a encuentros previos con funcionarios, como el del jueves anterior, ilustran un patrón de evasión que solo fortalece su determinación, inspirando quizás a otros grupos en Guanajuato a alzar su bandera por derechos similares.