Don Herminio preserva el arte de perlilla en Texcoco

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El arte de perlilla en Texcoco representa una tradición viva que trasciende generaciones, y Don Herminio Durán es uno de sus guardianes más dedicados. Durante más de tres décadas, este artesano ha tejido con paciencia y maestría las varas de arbusto que brotan de las montañas texcocanas, transformándolas en figurillas que iluminan las fiestas navideñas de innumerables hogares. Su taller, enclavado en la comunidad de Santa Catarina del Monte, no es solo un espacio de trabajo, sino un testimonio de la resiliencia cultural del Valle de México. En un mundo acelerado por la modernidad, el arte de perlilla en Texcoco se erige como un puente entre el pasado ancestral y el presente festivo, recordándonos la belleza de lo hecho a mano.

La esencia del arte de perlilla en Texcoco

El arte de perlilla en Texcoco surge de la tierra misma, utilizando varas flexibles de un arbusto nativo que crece en las alturas volcánicas. Estas varas, recolectadas con cuidado en las laderas, se convierten en el alma de creaciones como renos juguetones, canastillas rebosantes de encanto y nacimientos que evocan la paz de la Natividad. Don Herminio, con sus manos curtidas por el sol y el esfuerzo, explica que cada pieza es un diálogo con la naturaleza: "La vara para las patas, el follaje para orejas y cuernos, todo tiene su función". Esta técnica ancestral, practicada por apenas 24 artesanos en la zona, resiste el olvido gracias a la pasión de figuras como él, quien combina este oficio con la agricultura y la albañilería para sostener a su familia.

En Santa Catarina del Monte, donde el viento lleva ecos de música tradicional, el arte de perlilla en Texcoco se entrelaza con la vida cotidiana. La comunidad, rodeada de paisajes que inspiran serenidad, ve en estas artesanías no solo un medio de subsistencia, sino un lazo con sus raíces prehispánicas. Durante el otoño, cuando las varas se secan al sol, el taller de Don Herminio cobra vida con el sonido rítmico de alambres entrelazados. Es un proceso meticuloso que demanda horas de precisión, donde cada astilla podría herir, pero también embellecer. "Estas astillas me llegan a abrir la mano", confiesa el artesano, revelando el costo físico de su devoción.

El proceso creativo detrás de las figurillas de perlilla

Crear una pieza de arte de perlilla en Texcoco comienza con la selección meticulosa de las varas. Don Herminio las limpia y clasifica, reservando las más delgadas para detalles finos y las robustas para estructuras base. Luego, con alambres finos, arma el esqueleto, enlazando decenas de elementos hasta formar siluetas armónicas. Para un reno, por ejemplo, el follaje simula astas ramificadas, mientras que para un nacimiento, se integran hasta 13 figuras en una escena coherente. Este método, transmitido oralmente en la familia, asegura que cada obra sea única, impregnada del espíritu texcocano.

La demanda crece con la proximidad de diciembre, y el arte de perlilla en Texcoco responde con una producción incansable. Desde octubre hasta la segunda semana del mes festivo, Don Herminio forja al menos 700 piezas, trabajando de sol a sol, y a veces bajo la luz de una lámpara. "Armamos las artesanías todo el día y a veces hasta en la noche", relata, destacando el ritmo que impulsa esta tradición. Los compradores, mayoristas de la región de los Volcanes, Ciudad de México y Toluca, acuden en busca de estas joyas, que luego adornan mercados y hogares lejanos.

Desafíos y valor del arte de perlilla en Texcoco

Mantener vivo el arte de perlilla en Texcoco no está exento de obstáculos. En una era dominada por lo industrial, estas piezas hechas a mano compiten con réplicas masivas y baratas. Don Herminio lamenta que pocos reconozcan el esfuerzo detrás: "Me dicen: no manches, ¿cómo le haces? Porque se ve que se hacen rápido, pero no es tan fácil". La falta de valoración cultural y la escasez de sucesores amenazan esta herencia, ya que los jóvenes optan por oficios urbanos. Sin embargo, eventos como la fiesta patronal de Santa Catarina de Alejandría, Virgen y Mártir, en la segunda quincena de noviembre, revitalizan el interés, atrayendo visitantes que descubren el taller junto a la parroquia y adquieren directamente.

Los precios reflejan la dedicación: desde 100 pesos por una figurilla sencilla de 20 centímetros, hasta 2,600 por elaboradas de dos metros o nacimientos completos. Estas tarifas no solo cubren materiales, sino el tiempo invertido en preservar el arte de perlilla en Texcoco. Para los artesanos texcocanos, cada venta es una victoria contra el olvido, un recordatorio de que la tradición navideña mexicana late en estas varas entrelazadas. La economía local se beneficia, ya que las ventas mayoristas inyectan vitalidad a Santa Catarina del Monte, fomentando un ciclo de orgullo comunitario.

El impacto cultural de las figurillas navideñas

Las figurillas de perlilla trascienden lo decorativo; son portadoras de historias. En el arte de perlilla en Texcoco, cada reno galopante o canastilla tejida evoca celebraciones familiares, donde el calor de la lumbre se acompaña de relatos ancestrales. Durante la Navidad, estas piezas convierten hogares en escenarios vivos de fe y alegría, conectando a las familias con la esencia mexiquense. Don Herminio, al entregar sus creaciones, no solo vende objetos, sino fragmentos de identidad cultural que viajan desde las montañas hasta los rincones del centro del país.

Esta tradición, arraigada en la biodiversidad de Texcoco, subraya la importancia de la artesanía en la preservación ambiental. Al recolectar varas de forma sostenible, los artesanos como Don Herminio contribuyen a un equilibrio delicado, donde el arte y la naturaleza dialogan. En un contexto de cambio climático, el arte de perlilla en Texcoco se posiciona como ejemplo de prácticas ecológicas, incentivando a las nuevas generaciones a valorar lo local sobre lo globalizado.

La historia de Don Herminio inspira a reflexionar sobre el rol de los artesanos texcocanos en la tapeza cultural mexicana. Su dedicación, forjada en el silencio de las montañas, ilumina el camino para que el arte de perlilla en Texcoco perdure. Como se ha plasmado en relatos de la zona, su taller es un faro de creatividad que atrae a curiosos y coleccionistas por igual, enriqueciendo el tejido social de Santa Catarina del Monte.

En crónicas que recorren las comunidades vecinas, se destaca cómo figuras como Don Herminio han tejido no solo varas, sino lazos de comunidad a través de su labor incansable. Estas narrativas, susurradas en fiestas y mercados, subrayan el valor perdurable de las figurillas de perlilla, que continúan encantando con su simplicidad auténtica.

Publicaciones que exploran el patrimonio mexiquense han capturado momentos como estos, donde el eco de las herramientas de Don Herminio resuena como un himno a la tradición. Así, el arte de perlilla en Texcoco se afianza en la memoria colectiva, invitando a todos a apreciar su delicado esplendor.