San Juanico a 41 años: gaseras y riesgo persistente

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La sombra eterna de San Juanico

San Juanico evoca un dolor profundo que trasciende el tiempo, un recordatorio brutal de cómo la negligencia industrial puede devorar vidas enteras. Han pasado 41 años desde aquella madrugada del 19 de noviembre de 1984, cuando una serie de explosiones en la planta de Pemex en Tlalnepantla, Estado de México, transformó una comunidad dormida en un infierno de fuego y muerte. Más de 500 personas perdieron la vida, miles resultaron heridas con quemaduras atroces, y decenas de miles fueron desplazadas en un caos que aún resuena en las memorias colectivas. Hoy, en San Juanico, las gaseras siguen operando como si nada hubiera cambiado, manteniendo un riesgo industrial latente que amenaza con repetirse en cualquier momento.

La tragedia de San Juanico no fue un accidente aislado, sino el resultado de fallas sistemáticas en el manejo del gas licuado de petróleo (LP). Una tubería de 20 centímetros de diámetro se rompió, liberando una nube tóxica que, al encontrar una chispa, desató una bola de fuego de proporciones apocalípticas. El gas provenía de refinerías en Veracruz y Azcapotzalco, destinado a esferas y cilindros en la instalación de Pemex. Las explosiones sucesivas arrasaron viviendas, incineraron cuerpos y dejaron un panorama de devastación que las cifras oficiales subestiman: familiares hablan de más de mil víctimas fatales, un número que el gobierno federal de entonces minimizó para encubrir su responsabilidad.

En las calles de San Juan Ixhuatepec, los sobrevivientes como doña Flavia Caballero, de 66 años, llevan las cicatrices invisibles de esa noche. Ella, por un golpe de suerte, no transitó por la zona a las 5:30 de la mañana, hora en que solía ir a su trabajo de limpieza. En cambio, desde su casa a cuadras de distancia, presenció el estruendo inicial seguido de llamaradas que alcanzaron su hogar. Su hermana sufrió quemaduras graves en las piernas, y familiares en el ahora Parque Hidalgo perecieron sin ser reconocidos. Historias como la de doña Flavia humanizan el horror de San Juanico, donde la suerte fue el único escudo contra la muerte.

El impacto devastador de las explosiones en San Juanico

Las consecuencias de San Juanico se extendieron más allá de las bajas inmediatas. El Centro Nacional de Prevención de Desastres documenta cómo el fuego alcanzó temperaturas extremas, ahogando a víctimas en el hedor del gas LP antes de calcinarlas. Setenta mil personas evacuadas, 149 casas destruidas por completo, y miles más con daños estructurales que forzaron un éxodo masivo. En San Juanico, el aire se volvió irrespirable, el suelo se tiñó de negro, y el cielo se oscureció con humo tóxico que se esparció por el Valle de México. Esta catástrofe industrial expuso la vulnerabilidad de comunidades cercanas a instalaciones de alto riesgo, un problema que persiste sin solución aparente.

Cuatro décadas después, el Atlas de Riesgos de Tlalnepantla pinta un panorama alarmante: 16 fraccionamientos industriales, nueve plantas de gas LP —seis en la zona oriente—, ductos de 65 kilómetros transportando combustibles inflamables, y autopistas repletas de pipas con materiales CRETIB (corrosivos, reactivos, explosivos, tóxicos, inflamables y biológico-infecciosos). En San Juanico, estas amenazas coexisten con una densidad poblacional creciente, amplificando el potencial de una nueva tragedia. Las gaseras como UniGas, Gas Metropolitano y Global Gas surten millones de cilindros al día, pero ¿a qué costo para los habitantes?

El decreto presidencial ignorado en San Juanico

San Juanico clama justicia por un decreto presidencial de 1986 que ordenaba la reubicación inmediata de Pemex y las gaseras privadas de la zona, reconociendo el peligro inminente. Sin embargo, este mandato federal se evaporó en el limbo burocrático, permitiendo que las operaciones continúen sin interrupción. La Terminal Satélite Norte de Pemex y empresas como Gasométrico y Vela Gas permanecen ancladas, abasteciendo tanques estacionarios en todo el Valle de México. Esta inacción gubernamental, que roza la complicidad, mantiene a San Juanico en vilo, donde el riesgo industrial no es un recuerdo, sino una amenaza diaria.

En el corazón de San Juanico, donde antes rugían las esferas explosivas, ahora se erigen parques como Cri-Crí e Hidalgo, una estación de bomberos y hasta un hospital para animales. Ironías de un urbanismo improvisado que maquilla el trauma sin erradicar la causa. Las gaseras, lejos de mudarse, han normalizado su presencia, con pipas saliendo a diario hacia la ciudad. La organización “19 de Noviembre” advierte en sus campañas sobre la necesidad de medidas drásticas contra el manejo imprudente del gas LP, pero sus voces se diluyen en la indiferencia oficial.

El Polígono de Seguridad: una barrera frágil

Para mitigar el horror de San Juanico, se creó en 1991 el Polígono de Seguridad, un área de amortiguamiento diseñada para restringir construcciones y expansión urbana alrededor de las plantas. Su propósito: actuar como colchón protector en caso de fuga o explosión. No obstante, este instrumento de ordenamiento territorial ha sido violado sistemáticamente. Complejos habitacionales como San José y gasolineras nuevas brotaron entre 2000 y 2012, gracias a permisos corruptos de administraciones municipales pasadas. Víctor González, fundador de la Unión Popular Ixhuatepec, denuncia cómo la impunidad permitió cambios en el uso de suelo, incrementando la exposición de miles de residentes al peligro.

Hoy, en San Juanico, el polígono se ve socavado por la densidad urbana descontrolada. Lorena García, de Gas Metropolitano, defiende la seguridad de sus instalaciones, destacando personal capacitado, pero ignora el contexto: ¿qué entrenamiento resiste una falla catastrófica como la de 1984? La titular de Protección Civil de Tlalnepantla, Mara Pamela Arreguín Vázquez, admite la coordinación con la Secretaría de Energía y la ASEA, pero enfatiza que no se otorgan nuevos permisos. Aun así, el daño acumulado persiste, convirtiendo a San Juanico en un polvorín demográfico.

Riesgos actuales y la urgencia de acción en San Juanico

San Juanico no es solo historia; es un peligro vivo que acecha a sus 60 mil habitantes aproximados. Las revisiones preventivas y simulacros conjuntos con Protección Civil estatal y federal suenan bien en papel, pero fallan ante la realidad de instalaciones federales intocables. El Día Estatal del Riesgo Industrial, decretado en 2022, obliga a intensificar medidas de seguridad, pero ¿basta con eso cuando las gaseras siguen en pie? La expansión de viviendas y comercios dentro del polígono eleva el conteo de potenciales víctimas, un escenario que podría eclipsar incluso la tragedia original.

La lección de San Juanico resuena en todo México: la prevención no es opcional, sino imperativa. Capacitación comunitaria, monitoreo constante y reubicación real de industrias de alto riesgo son pasos esenciales. Organizaciones locales promueven carreras atléticas y eventos conmemorativos para mantener viva la memoria, transformando el luto en advocacy. Pero sin presión sostenida, el ciclo de negligencia se repetirá, dejando a San Juanico como mártir de un sistema que prioriza ganancias sobre vidas.

Memoria y conmemoración en San Juanico

En San Juanico, la conmemoración anual del 19 de noviembre une a sobrevivientes y descendientes en vigilias y marchas que exigen accountability. Estas actividades no solo honran a los caídos, sino que educan a las nuevas generaciones sobre los peligros del gas LP y la importancia de la vigilancia ciudadana. Testimonios como el de doña Flavia se comparten en redes y foros, amplificando el llamado a la acción antes de que sea tarde.

Según relatos recopilados en publicaciones locales de la época, el calor infernal de aquella noche fue tan intenso que fundió metales y evaporó ilusiones de seguridad. Documentos como el Atlas de Riesgos, accesibles en gacetas municipales desde 2022, detallan la red de amenazas que envuelve Tlalnepantla, subrayando cómo San Juanico ejemplifica fallas nacionales en gestión de riesgos industriales. Informes de organizaciones vecinales, difundidos en campañas anuales, insisten en que la inacción post-decreto de 1986 ha perpetuado un peligro evitable, urgiendo a autoridades federales a cumplir promesas olvidadas.

En conversaciones con exfuncionarios y activistas, se revela que la corrupción en permisos de suelo durante los años 2000 no solo violó el Polígono de Seguridad, sino que hipotecó el futuro de comunidades enteras. Estos ecos de impunidad, grabados en archivos históricos de Protección Civil, demandan una revisión exhaustiva para prevenir que San Juanico vuelva a arder.