Feria del Alfeñique: Tradición Dulce en Toluca

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Feria del Alfeñique es una de las celebraciones más emblemáticas del Estado de México, donde el aroma inconfundible del azúcar caramelizado y las semillas tostadas llena las calles del centro histórico de Toluca. Esta feria, que se realiza anualmente en los Portales del Centro, específicamente en el portal Hidalgo, transforma el paisaje urbano en un verdadero festín para los sentidos durante las últimas semanas de octubre y los primeros días de noviembre. En el corazón de esta tradición se encuentra el turrón, un dulce artesanal elaborado con clara de huevo, miel natural y una variedad de semillas que deleitan a locales y visitantes por igual. La Feria del Alfeñique no solo honra los Días de Muertos, sino que preserva un legado familiar que data de 1932, cuando la familia Sánchez Millán comenzó a endulzar las mesas toluqueñas con sus creaciones únicas.

En Toluca, la Feria del Alfeñique representa mucho más que un mercado de dulces; es un puente entre generaciones que une el pasado prehispánico con las influencias coloniales y modernas. Imagina el bullicio de los puestos repletos de figuras caprichosas hechas de azúcar, como calaveras sonrientes y borreguitos juguetones, todos adornados con meticuloso cuidado. El turrón, estrella indiscutible de la feria, se prepara en planchas de hasta 10 kilos, un proceso que demanda horas de dedicación y que involucra a decenas de familiares en un ritual colectivo. Esta edición de la Feria del Alfeñique promete ser inolvidable, atrayendo a miles de personas que buscan no solo sabores auténticos, sino también un pedacito de la rica herencia cultural del Valle de Toluca.

El Arte de Elaborar Turrón en la Feria del Alfeñique

La preparación del turrón para la Feria del Alfeñique comienza mucho antes de que los primeros puestos se instalen en los portales. Desde agosto, la familia Sánchez Millán selecciona con esmero las semillas: almendras crujientes, piñones delicados, pistaches vibrantes, y toques exóticos como menta, cereza o arándano. Estas se tuestan y parten meticulosamente, asegurando que cada pieza contribuya al equilibrio perfecto de texturas y sabores. En septiembre, llega el momento culminante: la cocción en un cazo de cobre ancestral, sobre fuego directo, donde la clara de huevo se integra con la miel, actuando como conservador natural que preserva la frescura del dulce.

Proceso Artesanal del Turrón Tradicional

Elaborar una plancha de turrón en la Feria del Alfeñique es una hazaña de resistencia y precisión. Requiere de 4 a 5 horas de trabajo ininterrumpido, con turnos de 15 minutos entre los hombres de la familia, ya que el calor intenso y el esfuerzo físico son extenuantes. Un descuido podría quemar la mezcla, arruinando horas de labor. El resultado es un dulce duro y reluciente, vendido por gramo a precios que reflejan su calidad: 600 pesos el kilo para el de piñón, y 500 para los demás. En la Feria del Alfeñique, este turrón no solo se vende; se regatea con cariño, aunque Ricardo Mejía Millán, heredero de la quinta generación, defiende el valor de cada bocado con orgullo justificado.

Esta dedicación familiar eleva el turrón por encima de cualquier producto industrial, destacando en la Feria del Alfeñique como símbolo de autenticidad. Los visitantes, al probarlo, no solo satisfacen su paladar, sino que se conectan con una tradición que resiste el paso del tiempo en Toluca.

Chongos y Calaveras: Otras Joyas de la Feria del Alfeñique

Más allá del turrón, la Feria del Alfeñique ofrece una diversidad de dulces que capturan la esencia de los Días de Muertos. Los chongos, preparados con leche entera "bronca" proveniente de establos en Ixtlahuaca y Temoaya, evocan sabores de antaño. Esta leche, cada vez más escasa en el Valle de Toluca, se cuece a fuego lento durante toda una mañana para que la nata ascienda y el suero se reduzca, reposando luego hasta el día siguiente. El resultado es un vasito de 40 pesos que compite con las versiones enlatadas de supermercado, pero sin conservadores artificiales, ofreciendo un placer puro y nostálgico.

Calaveras de Azúcar en la Tradición Toluqueña

Las calaveras de azúcar son el alma juguetona de la Feria del Alfeñique, elaboradas desde julio con azúcar vaciada en moldes de barro que se secan al sol para evitar que se desgrane. Ricardo y su equipo pegan bisutería con azúcar glas, creando piezas que van de 40 a 800 pesos según su tamaño y detalle. En la Feria del Alfeñique, estas calaveras se han transformado: ya no solo se comen, sino que se regalan como adornos decorativos, reflejando un cambio en los gustos generacionales. Los jóvenes optan por versiones con chocolate, pero la tradición persiste en las figuras clásicas de alfeñique, como borregos y corderitos, que llenan los altares con un toque de humor macabro y dulzura eterna.

En el puesto de la familia Sánchez Millán, ubicado en el portal Hidalgo durante la Feria del Alfeñique, se pueden encontrar también limones rellenos de coco y nougat de nuez, fusionando lo tradicional con innovaciones sutiles que mantienen viva la llama cultural.

La Herencia Familiar Detrás de la Feria del Alfeñique

La Feria del Alfeñique es, en esencia, una historia de familia. Entre 20 y 30 miembros de los Sánchez Millán se unen en el taller de Venustiano Carranza y Vicente Guerrero, en Toluca, utilizando cazos de cobre heredados de más de 200 años. Las tareas se dividen: las mujeres en la selección y decoración, los hombres en el pesado vaciado y transporte de bultos. Ricardo, como patriarca, supervisa cada paso, aplicando recetas probadas en el fuego de la experiencia. Esta tradición, iniciada en 1932, se transmitirá pronto a un sobrino con pasión por los dulces artesanales, asegurando que la Feria del Alfeñique siga siendo un pilar de la identidad toluqueña.

Evolución de Gustos en la Feria del Alfeñique

Con el paso de los años, la Feria del Alfeñique ha adaptado sus ofertas a los paladares modernos. Mientras los mayores buscan el crujido puro del turrón y la cremosidad de los chongos, los jóvenes incorporan chocolate en las calaveras, creando híbridos que fusionan lo viejo con lo nuevo. Sin embargo, el núcleo permanece: el alfeñique, con su origen árabe y su suavidad adaptada en Sudamérica, sigue siendo el hilo conductor que une todas las creaciones en la Feria del Alfeñique.

Esta evolución no diluye la esencia; al contrario, enriquece la Feria del Alfeñique, atrayendo a un público diverso que descubre en cada dulce una narrativa de resiliencia cultural.

Historia del Azúcar: Raíces del Turrón en la Feria del Alfeñique

Para entender plenamente la Feria del Alfeñique, hay que remontarse a los orígenes del azúcar mismo. Originaria de Nueva Guinea hace 8 mil años, la caña se extendió por el Pacífico e India, donde se producía una miel que sustituyó a la de abeja. Griegos y romanos la cristalizaron para sus banquetes, mientras en Persia, alrededor del 500 a.C., se perfeccionaron técnicas de solidificación. Los árabes la llevaron al Mediterráneo, estableciendo refinerías en Egipto en el siglo X, y de allí surgió el turrón, una fusión de azúcar con frutos secos que se consideraba no solo golosina, sino remedio curativo.

El Azúcar en la Nueva España y su Legado en Toluca

Al llegar a América con los españoles, el azúcar trajo consigo influencias judías, griegas, moras, árabes y asiáticas, mezclándose con tradiciones indígenas. En Nueva España, se aceptó en formas como piloncillo, generando fortunas en el comercio. En los conventos del siglo XVIII, las monjas creaban figuras de alfeñique: corderos huecos rellenos de almíbar anisado, botellitas, lágrimas de colores y cruces, todo bajo la vigilancia de lo "cristiano y católico" para evitar lo pagano. Hoy, en la Feria del Alfeñique, estos ecos resuenan en cada calavera y turrón, donde el azúcar blanco refinado (99% sacarosa) se usa para las calaveras, el glas para las pastas finas, y variedades morenas para toques más intensos y dulces.

Esta rica historia eleva la Feria del Alfeñique a un nivel de celebración cultural profunda, donde cada dulce cuenta una crónica milenaria en el paladar de Toluca.

La Feria del Alfeñique, con su énfasis en lo artesanal, contrasta con la producción masiva, recordándonos el valor de las manos que moldean la tradición. En conversaciones con artesanos locales, se aprecia cómo estas prácticas sostienen economías familiares y preservan conocimientos ancestrales, tal como se detalla en crónicas históricas del Valle de Toluca.

Además, expertos en gastronomía regional destacan que eventos como la Feria del Alfeñique impulsan el turismo estacional, beneficiando a hoteleros y comerciantes, según reportes de medios estatales que cubren anualmente esta festividad.

Finalmente, al recorrer los portales durante la Feria del Alfeñique, uno no puede evitar sentir la conexión con el pasado, un lazo tejido por familias como los Sánchez Millán, cuya dedicación ha sido documentada en publicaciones especializadas sobre herencias culinarias mexicanas.