Lago de Texcoco borra silueta del NAIM al 78% capacidad

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El Lago de Texcoco ha transformado radicalmente el paisaje que alguna vez se destinó al controvertido Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), cubriendo por completo la silueta del proyecto cancelado y alcanzando el 78% de su capacidad de almacenamiento de agua gracias a las intensas lluvias de 2025. Esta recuperación natural no solo representa un triunfo ecológico en el Valle de México, sino que también subraya el impacto de las decisiones políticas en el medio ambiente, permitiendo que la zona vuelva a su rol ancestral como regulador hídrico y hábitat vital. En un contexto donde la gestión del agua se ha convertido en prioridad nacional, el resurgimiento del Lago de Texcoco invita a reflexionar sobre la intersección entre desarrollo urbano y preservación ambiental.

La recuperación del Lago de Texcoco: un renacer natural

El Lago de Texcoco, uno de los cuerpos de agua más emblemáticos del centro de México, ha experimentado una revitalización impresionante en los últimos meses. Las precipitaciones abundantes registradas durante el verano de 2025 han elevado sus niveles hasta el 78% de su capacidad máxima, inundando áreas que por décadas permanecieron secas debido a la urbanización y proyectos de infraestructura. Esta cuenca endorreica, ubicada en el oriente de la Ciudad de México, recibe aportes de cinco ríos principales de la región, lo que ha facilitado la acumulación de aproximadamente 39 millones de metros cúbicos de agua. La profundidad promedio en la zona central ahora ronda los cuatro metros, creando un vasto espejo de agua que contrasta con el concreto y el asfalto que lo rodean.

Esta transformación no es un fenómeno aislado, sino el resultado de esfuerzos coordinados por parte de autoridades ambientales para restaurar ecosistemas degradados. La cancelación del NAIM en 2018, una decisión tomada por el entonces presidente electo Andrés Manuel López Obrador, detuvo la construcción en un terreno que ya había sido nivelado y preparado para albergar una terminal aeroportuaria de gran envergadura. Hoy, ese mismo suelo, que abarca municipios como Atenco, Texcoco, Chimalhuacán, Ecatepec y Nezahualcóyotl, se ha convertido en un humedal vivo, donde el agua ha borrado cualquier rastro de la ambiciosa obra. Pasajeros que despegan o aterrizan en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez pueden apreciar desde el aire cómo el Lago de Texcoco ha reclamado su espacio, ofreciendo una vista que evoca los antiguos lagos que sustentaron civilizaciones prehispánicas.

Impacto ecológico y biodiversidad renovada

La recuperación del Lago de Texcoco va más allá de la mera acumulación de agua; implica un renacer ecológico que beneficia a toda la región. La flora nativa, como el tule y el zacate de agua, ha proliferado en las orillas, atrayendo a especies de aves migratorias y residentes que habían desaparecido por la desecación progresiva del sitio. Insectos acuáticos y peces pequeños también han regresado, fortaleciendo la cadena alimentaria local. Este ecosistema restaurado actúa como un filtro natural, mejorando la calidad del agua subterránea y mitigando inundaciones en áreas urbanas adyacentes durante temporadas de lluvias intensas.

Expertos en hidrología destacan que el Lago de Texcoco, al alcanzar el 78% de su capacidad, cumple nuevamente su función como laguna de regulación, almacenando excedentes pluviales que de otro modo sobrecargarían el sistema de drenaje de la Ciudad de México. Esta capacidad reguladora es crucial en un valle donde la sobreexplotación de acuíferos ha generado subsidencia del suelo a ritmos alarmantes. Además, la presencia de agua ha reactivado prácticas tradicionales, como la extracción del ahuautle, un huevo de mosca conocido como "caviar mexicano", que no solo representa un recurso económico para comunidades locales, sino que también preserva conocimientos ancestrales de manejo sostenible de recursos hídricos.

El legado del NAIM y la transformación del paisaje

El proyecto del NAIM, anunciado en 2014 durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, prometía ser el aeropuerto más moderno de América Latina, con una terminal en forma de "X" que simbolizaría eficiencia y conectividad. Sin embargo, su ubicación en el corazón del Lago de Texcoco generó controversias desde el inicio, debido a riesgos sísmicos, impactos ambientales y costos exorbitantes estimados en más de 300 mil millones de pesos. La consulta popular de 2018, impulsada por López Obrador, resultó en su cancelación, redirigiendo recursos hacia la construcción del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) en Santa Lucía. Aquella decisión, aunque polémica, permitió que el terreno expropiado comenzara un proceso de rehabilitación natural.

Ahora, con el Lago de Texcoco expandido al 78% de su capacidad, la silueta del NAIM ha sido borrada por completo bajo capas de agua cristalina en algunos puntos y turbia en otros, dependiendo de los sedimentos arrastrados por los ríos afluentes. Esta imagen, visible desde vuelos comerciales, sirve como recordatorio tangible de cómo las intervenciones humanas pueden revertirse cuando se prioriza la naturaleza. La zona, que cubre más de 15 mil hectáreas, ya no es un desierto alcalino propenso a tormentas de polvo, sino un oasis que contribuye al microclima local, reduciendo temperaturas extremas en barrios cercanos.

Desafíos pendientes en la gestión hídrica

A pesar de estos avances, la gestión del Lago de Texcoco enfrenta retos significativos. La contaminación proveniente de escurrimientos urbanos continúa siendo una amenaza, con niveles de metales pesados y nutrientes excesivos que podrían eutrofizar el agua si no se controlan. Proyectos como el Programa de Restauración del Lago de Texcoco, impulsado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua), buscan implementar sistemas de tratamiento y reforestación para potenciar la resiliencia del ecosistema. Citlali Peraza Camacho, directora del Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México, ha enfatizado la importancia de monitoreo continuo para mantener estos logros, señalando que el 78% de capacidad representa un umbral crítico para la sostenibilidad a largo plazo.

En términos de biodiversidad, el retorno de especies emblemáticas como la cigüeña mexicana y el pato golondrino indica un progreso notable, pero se requiere mayor inversión en corredores ecológicos para conectar el lago con otras áreas protegidas. Comunidades indígenas y campesinas de los municipios circundantes han expresado su apoyo a esta recuperación, viendo en ella una oportunidad para el ecoturismo y la agricultura orgánica adaptada a humedales. Sin embargo, el crecimiento urbano descontrolado en Ecatepec y Chimalhuacán presiona los límites de esta expansión natural, demandando políticas integrales que equilibren desarrollo y conservación.

Implicaciones futuras para el Valle de México

El resurgimiento del Lago de Texcoco al 78% de su capacidad no solo borra la silueta del NAIM, sino que redefine el futuro del Valle de México en materia de adaptación climática. En un escenario de cambio climático donde las lluvias extremas se vuelven más frecuentes, este cuerpo de agua actúa como un amortiguador esencial, previniendo desastres como las inundaciones de 2017 que afectaron a miles de residentes. Autoridades locales y federales han reconocido esta función, incorporándola en planes de manejo integral de cuencas que abarcan desde la Sierra Nevada hasta el Golfo de México.

Desde una perspectiva económica, la restauración del lago genera oportunidades en sectores como la acuicultura sostenible y el turismo de naturaleza, atrayendo visitantes interesados en observar aves y aprender sobre historia ambiental. Estudios preliminares sugieren que un ecosistema saludable podría ahorrar millones en costos de remediación de inundaciones y mejorar la productividad agrícola en tierras adyacentes mediante un mejor control de salinidad del suelo. No obstante, la coordinación entre gobiernos estatales y municipales será clave para evitar retrocesos, especialmente en un contexto de escasez hídrica crónica en la megaciudad.

En los últimos años, observadores ambientales han documentado cómo el agua ha disuelto no solo el terreno preparado para el aeropuerto, sino también tensiones históricas entre desarrollo y ecología. Informes de la Conagua, accesibles en sus publicaciones anuales, confirman estos cambios a través de mediciones satelitales que muestran un aumento del 40% en la cobertura acuática desde 2018. Asimismo, relatos de pescadores locales en Atenco, recogidos en crónicas regionales, ilustran el impacto en la vida cotidiana, con familias que ahora cosechan ahuautle en volúmenes comparables a los de décadas pasadas. Finalmente, análisis de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales destacan que este 78% de capacidad posiciona al Lago de Texcoco como modelo para otras cuencas urbanas en América Latina.