Tepozanes sigue siendo un símbolo de la vulnerabilidad sísmica en el Estado de México, donde más de 200 familias continúan expuestas a peligros estructurales ocho años después de los devastadores sismos de 2017. Esta unidad habitacional, ubicada en Los Reyes La Paz, cerca del metro Santa Martha en el Valle de México, alberga edificios que aún muestran grietas profundas, inclinaciones alarmantes y separaciones que alcanzan hasta un metro en sus estructuras. Los residentes, atrapados entre el apego a sus hogares y el temor constante a un nuevo movimiento telúrico, demandan atención urgente de las autoridades, en un recordatorio crudo de cómo las emergencias pasadas se convierten en crónicas olvidadas.
El impacto perdurable de los sismos de 2017 en Tepozanes
Los sismos de septiembre de 2017 no solo sacudieron el país, sino que dejaron cicatrices indelebles en comunidades como Tepozanes. Aquellos temblores, que cobraron vidas y destruyeron miles de edificaciones en el centro de México, afectaron de manera desproporcionada a esta zona periférica del Estado de México. Edificios enteros se inclinaron, muros se agrietaron y pisos se separaron, convirtiendo lo que era un refugio familiar en una trampa potencial. Hoy, en 2025, el paso del tiempo no ha traído reparaciones sustanciales, sino un deterioro progresivo agravado por la lluvia, el viento y el desgaste natural.
En el edificio 6, uno de los más castigados, las familias navegan diariamente por pasillos inestables y banquetas desprendidas. El área de estacionamiento presenta desniveles que complican el acceso, y las fachadas muestran evidencias visibles de colapsos parciales. Vecinos como Karla, una joven de 28 años que comparte el segundo piso con sus padres y su hija pequeña, describen una rutina marcada por la precaución extrema. "Cada paso que damos es un cálculo de riesgo", relata, mientras señala las vigas de acero improvisadas que intentan sostener lo que queda de la estructura. Estas medidas, instaladas por los propios residentes en 2019 cuando los daños eran ya críticos, no han evitado que las grietas se ensanchen con los años.
La unidad habitacional Tepozanes, construida hace décadas sobre un terreno inestable típico del Valle de México, amplifica los peligros sísmicos. Expertos en ingeniería civil han advertido repetidamente sobre la importancia de suelos firmes en zonas de alta actividad tectónica, pero en este caso, la falta de evaluaciones previas a 2017 exacerbó el desastre. Hoy, con el aniversario acercándose, el ambiente se carga de ansiedad: septiembre evoca no solo el 19 de septiembre de 2017, sino también el 7 de septiembre, cuando el primer sismo preparó el terreno para la tragedia mayor.
Testimonios de vida en la incertidumbre: Voces desde Tepozanes
La cotidianidad en Tepozanes es un testimonio vivo de resiliencia mezclada con frustración. Karla adquirió su departamento hace más de 20 años mediante un crédito del Infonavit, una de las instituciones clave en la vivienda popular mexicana. Sin embargo, tras los sismos, el pago del crédito fue cancelado por acuerdo mutuo debido a las condiciones precarias del sitio, pero el Infonavit se desvinculó de cualquier responsabilidad por reparaciones posteriores. "Nos quedamos con la propiedad, pero sin el apoyo para hacerla segura", explica Karla, cuya familia no calificó para reubicación porque su edificio, aunque dañado, no fue declarado en "pérdida total".
Cerca de su hogar, dos complejos habitacionales sí recibieron esa calificación fatídica, lo que llevó a la reubicación de decenas de familias. No todas obtuvieron viviendas alternativas dignas; algunas terminaron en rentas temporales o en parientes lejanos, fragmentando comunidades enteras. En contraste, quienes permanecen en Tepozanes lo hacen por necesidad económica o apego emocional. "Este lugar es donde crecí, donde mi hija da sus primeros pasos, pero no sé cuánto más aguantará", confiesa Karla, al tiempo que menciona un incidente reciente: una pipa de agua que chocó cerca de la unidad, generando un estruendo que simuló un temblor. El pánico fue inmediato; residentes corrieron al exterior, temiendo que las estructuras, ya frágiles, no resistieran.
Otros vecinos comparten historias similares. Un padre de familia en el edificio 4 relata cómo las noches de insomnio se han vuelto norma, con simulacros familiares improvisados ante cualquier ruido sospechoso. La proximidad al metro Santa Martha, un eje de transporte vital, ironiza la situación: mientras miles transitan diariamente por la zona, pocos conocen el drama oculto en estas torres inclinadas. La falta de mantenimiento municipal agrava el panorama; el municipio de Los Reyes La Paz, gobernado por figuras locales que han rotado en los últimos años, ha priorizado otras obras, dejando a Tepozanes en un limbo administrativo.
La vulnerabilidad sísmica en el Estado de México: Lecciones no aprendidas
Tepozanes no es un caso aislado en el Estado de México, una entidad con alta densidad poblacional y exposición a fallas geológicas. El Valle de México, asentado sobre un antiguo lago, multiplica los riesgos en eventos sísmicos, como lo demuestran estudios del Servicio Sismológico Nacional. Tras 2017, se prometieron programas de reforzamiento y monitoreo, pero la implementación ha sido irregular. En el caso de Tepozanes, la ausencia de inspecciones periódicas por parte de Protección Civil estatal deja a los residentes en una ruleta rusa anual.
Acciones urgentes para mitigar riesgos en zonas como Tepozanes
Para romper este ciclo, expertos proponen intervenciones inmediatas: evaluaciones estructurales independientes, subsidios para refuerzos sísmicos y planes de evacuación comunitarios. Organizaciones no gubernamentales han ofrecido talleres de autodefensa ante desastres, pero sin el respaldo gubernamental, su impacto es limitado. En Tepozanes, iniciativas vecinales como comités de vigilancia han surgido, pero carecen de recursos para diagnósticos profesionales. El gobierno federal, a través de dependencias como la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), podría liderar un fondo de emergencia, pero hasta ahora, las promesas post-2017 se diluyen en burocracia.
La brecha entre la atención inicial y el seguimiento a largo plazo es evidente. Mientras el centro del país recibió reconstrucciones mediáticas, periferias como Los Reyes La Paz languidecen. Karla y sus vecinos sueñan con un futuro sin el zumbido constante del miedo, donde septiembre sea solo un mes más. Sin embargo, sin presión colectiva, el riesgo persiste como una sombra.
En revisiones recientes de informes locales, se destaca cómo casos similares en el Valle de México han quedado documentados en archivos periodísticos que subrayan la negligencia institucional. Además, conversaciones informales con residentes cercanos revelan que, aunque el Infonavit emitió directrices generales en 2018, su aplicación en sitios como Tepozanes fue mínima, según crónicas de la época. Finalmente, observaciones de campo por parte de periodistas independientes confirman que el deterioro visual y estructural no ha variado sustancialmente desde entonces, perpetuando un ciclo de vulnerabilidad que demanda atención renovada.
