Líder de La Chokiza: influencia y violencia en Ecatepec

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La Chokiza se ha convertido en una de las organizaciones más notorias en el Estado de México, particularmente en Ecatepec, donde su líder, Alejandro “N”, conocido como “El Choko”, ejerce una influencia que mezcla aparente apoyo comunitario con actos de violencia que aterrorizan a la población. Esta agrupación, que opera bajo el manto de una supuesta red de transportistas y microempresarios, ha sido vinculada a una serie de delitos que incluyen extorsión, despojos y cobro de piso, generando un clima de miedo en uno de los municipios más poblados del país. La detención reciente de “El Choko”, un hombre de 37 años, ha destapado la compleja red de poder que esta banda ha tejido durante años, desafiando a las autoridades y cooptando incluso espacios políticos.

En las calles de Ecatepec, La Chokiza no solo se presenta como un grupo de ayuda social, sino que sus miembros presumen de eventos gratuitos y lonas que marcan territorio, todo financiado por cuotas obligatorias que disfrazan de membresías voluntarias. Sin embargo, detrás de esta fachada, la violencia late con fuerza: préstamos “gota a gota” que atrapan a deudores en espirales impagables, amenazas constantes a comerciantes y despojos de propiedades que dejan familias en la ruina. La captura de su líder ha sido un golpe esperado, pero también un recordatorio de cómo estas células criminales se infiltran en la vida cotidiana, convirtiendo barrios enteros en zonas de control paralelo.

La Chokiza: entre el supuesto apoyo y la extorsión rampante

Orígenes y expansión de La Chokiza en Ecatepec

La Chokiza surgió como una supuesta organización de base comunitaria, enfocada en transportistas, comerciantes y pequeños empresarios que, según sus propias declaraciones en redes sociales, buscan “ayudar a la gente”. En realidad, su crecimiento en Ecatepec ha estado marcado por tácticas de intimidación que la convierten en un actor clave del crimen organizado en el Valle de México. Alejandro “N”, o “El Choko”, al frente de esta estructura, no ocultaba su presencia: sus perfiles en plataformas digitales rebosaban de fotos de viajes, fiestas y eventos que proyectaban poder y normalidad, mientras en la sombra se tejían redes de extorsión que afectaban a cientos de familias.

La influencia de La Chokiza se extiende más allá de los delitos directos. En 2022, “El Choko” ya había sido detenido por portación de arma de fuego, un incidente que lo llevó a la cárcel temporalmente, pero que no frenó sus operaciones. Liberado bajo fianza, regresó con más fuerza, utilizando las redes para reclutar y amenazar. Los préstamos “gota a gota”, un esquema donde se otorgan microcréditos a tasas usurarias que escalan rápidamente a deudas impagables, han sido uno de sus pilares económicos. Víctimas relatan cómo el incumplimiento de pagos deriva en agresiones físicas o amenazas a seres queridos, un ciclo de violencia que La Chokiza ha perfeccionado en Ecatepec, donde la densidad poblacional facilita el anonimato y el control.

Esta expansión no es casual: Ecatepec, con sus más de 1.6 millones de habitantes, es un caldo de cultivo para grupos como La Chokiza. La pobreza, la falta de empleo formal y la saturación de servicios públicos crean un vacío que estas bandas llenan con promesas falsas de protección. Sin embargo, el costo es alto: el cobro de piso a negocios locales genera un flujo constante de ingresos ilícitos, mientras que los despojos inmobiliarios desplazan a residentes vulnerables. Autoridades locales han documentado decenas de casos, pero la impunidad persiste, alimentando el mito de invencibilidad de “El Choko” y su séquito.

Vínculos políticos: la sombra de La Chokiza en la esfera pública

Lo más alarmante de La Chokiza es su incursión en la política, donde “El Choko” ha sido visto en compañía de figuras electorales, erosionando la confianza en las instituciones. En 2024, durante la campaña por la presidencia municipal de Ecatepec, el líder de la banda compartió eventos con Azucena Cisneros Coss, entonces diputada local, publicaciones que circularon ampliamente en redes. Aunque ella negó cualquier lazo formal, las imágenes hablaban por sí solas: reuniones, sonrisas y un aparente respaldo mutuo que levantaron sospechas de financiamiento oculto o protección política.

No se trata de un caso aislado. La amistad pública entre “El Choko” y Sandra Cuevas, exalcaldesa de Cuauhtémoc en la Ciudad de México, ha sido documentada en videos virales de fiestas y bailes, donde ambos celebran sin pudor. Estos lazos ilustran cómo La Chokiza opera como un grupo de choque encubierto, influyendo en elecciones locales y presionando a candidatos a cambio de “apoyo” en las calles. En septiembre de 2024, un incidente con una patrulla municipal —donde lonas de La Chokiza aparecieron en un vehículo de la policía mientras atendía a una familia en el hospital José María Rodríguez— provocó un desmentido oficial. La Dirección de Seguridad Ciudadana de Ecatepec aclaró que se trató de una colocación no autorizada por “sujetos ajenos”, pero el episodio subraya la audacia de la banda para reclamar espacios públicos.

Estos nexos no solo amplifican la violencia de La Chokiza, sino que cuestionan la integridad del sistema político en el Estado de México. Mientras “El Choko” negaba que su grupo fuera un “grupo de choque”, apuntaba al GOES —una célula supuestamente al servicio de la policía municipal— como el verdadero problema. Esta narrativa de victimización permite a La Chokiza posicionarse como defensores de los marginados, atrayendo a jóvenes desempleados con promesas de pertenencia y poder, solo para enredarlos en ciclos de delincuencia.

Ecatepec: epicentro de la inseguridad impulsada por La Chokiza

El impacto de la violencia en la vida diaria

Ecatepec no es ajeno a la inseguridad, pero La Chokiza ha elevado el terror a nuevos niveles. Como el municipio más poblado del Estado de México, sus indicadores de violencia lo colocan consistentemente en los primeros lugares nacionales, con tasas de extorsión y homicidios que superan el promedio estatal. La presencia de esta banda ha exacerbado el problema: comerciantes cierran sus puertas por miedo al piso, familias evitan salir de noche y la economía informal se asfixia bajo el yugo de deudas impagables. La detención de “El Choko” el 1 de septiembre de 2025 —tras una operación coordinada por la Fiscalía General de Justicia del Estado de México— es un avance, pero expertos advierten que sin desmantelar la red completa, la violencia persistirá.

La influencia de La Chokiza se filtra en todos los estratos: desde los mercados ambulantes donde se exige cuota por “protección”, hasta eventos culturales que sirven de cobertura para reclutamiento. Sus “acciones sociales”, como conciertos gratuitos o distribuciones de despensas, son en realidad estrategias para ganar lealtad, financiadas por el botín de extorsiones. En un contexto donde la policía local lucha por recursos, estas bandas llenan el vacío con su propia ley, generando un estado de anarquía controlada que beneficia solo a sus líderes.

La captura de “El Choko” ha provocado reacciones mixtas: alivio entre víctimas que ahora esperan justicia, y temor entre afiliados que podrían escalar la violencia para vengarse o reclamar territorio. Investigaciones preliminares revelan que La Chokiza opera con al menos 50 miembros activos, muchos de ellos armados y entrenados en tácticas de intimidación. Mientras tanto, el Estado de México refuerza patrullajes en zonas calientes como Santa María Tultepec, pero la raíz del problema —la colusión con el poder político— permanece sin resolver.

En medio de este panorama, surge la pregunta sobre el futuro de Ecatepec. ¿Podrá la detención de un solo líder desarticular una red tan arraigada? Informes recientes de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana destacan que grupos como La Chokiza prosperan en la impunidad, y solo una estrategia integral, que incluya inteligencia y reformas judiciales, podría cambiar el rumbo. Mientras tanto, residentes como los que atendieron en ese hospital aquel septiembre, continúan viviendo bajo la sombra de la incertidumbre, recordándonos que la violencia no es abstracta, sino un peso diario en sus hombros.

Detrás de estas líneas, detalles como los que se desprenden de reportajes en medios locales y declaraciones oficiales de la Fiscalía del Estado de México pintan un cuadro más completo de cómo operaba “El Choko”, con evidencias de sus perfiles sociales y testimonios de víctimas que han empezado a salir a la luz. Incluso, en conversaciones con analistas de seguridad que han seguido el caso desde 2022, se menciona cómo eventos como las campañas electorales de 2024 sirvieron de catalizador para su expansión, todo sin perder de vista el rechazo público a esas lonas en patrullas que tanto ruido causaron.