En el Estado de México, los municipios enfrentan una crisis que parece no tener fin. La falta de capacidad de algunos alcaldes para gestionar sus recursos y cumplir con las necesidades de la población está generando un impacto devastador en comunidades enteras. Desde problemas de infraestructura hasta inseguridad galopante, los gobiernos locales de Morena están bajo la lupa por su ineficiencia.
La percepción de inseguridad en municipios como Chimalhuacán, Nezahualcóyotl y Toluca ha ido en aumento. En Chimalhuacán, por ejemplo, la alcaldesa Xóchilt Flores Jiménez no ha logrado contener la delincuencia, a pesar de llevar más de tres años en el cargo. Los datos son claros: la percepción de inseguridad pasó de 80.6% a 86% en los últimos meses, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana.
En Toluca, la situación no es mejor. El alcalde Ricardo Moreno Bastida enfrenta críticas por el aumento de la inseguridad, que ha crecido significativamente en el primer trimestre de 2025. Los ciudadanos reportan un sentimiento de abandono, mientras los índices delictivos no dan tregua. La falta de estrategias efectivas para combatir el crimen es una constante en estos gobiernos municipales.
La infraestructura también está en el olvido. Calles sin pavimentar, alumbrado público deficiente y servicios básicos que brillan por su ausencia son quejas recurrentes de los habitantes. En muchos casos, los recursos destinados a obra pública parecen desvanecerse sin dejar rastro, lo que alimenta sospechas de malos manejos en las administraciones municipales.
La gestión financiera es otro talón de Aquiles. Los ayuntamientos de Morena en el Estado de México han sido señalados por su opacidad en el manejo de recursos. La falta de transparencia en el uso de los presupuestos municipales genera desconfianza entre la población, que exige resultados concretos y no promesas vacías.
Mientras tanto, hay excepciones que contrastan con este panorama. En Huixquilucan, la alcaldesa Romina Contreras ha destacado por su gestión, obteniendo una aprobación ciudadana del 67.9% según encuestas recientes. Este municipio, gobernado por un partido diferente, demuestra que la buena administración puede marcar la diferencia, incluso en tiempos difíciles.
La falta de coordinación con el gobierno estatal y federal agrava los problemas. Aunque programas como Mujeres con Bienestar o Vivienda para el Bienestar han intentado mitigar las carencias, la mala ejecución en los municipios gobernados por Morena limita su impacto. Los recursos no llegan a quienes más los necesitan, y la burocracia se convierte en un obstáculo insalvable.
La crisis en los municipios mexiquenses no es solo un problema de gestión, sino de confianza. Los ciudadanos están cansados de promesas incumplidas y de ver cómo sus comunidades se deterioran. La incapacidad de los alcaldes para responder a las necesidades básicas está ahogando a los municipios, y la pregunta que todos se hacen es: ¿hasta cuándo seguirá esta situación?
