El Legado de una Vida Dedicada al Servicio
Pascua del diácono Manuel Castillo representa un momento de profunda reflexión en la comunidad de Chihuahua, donde este fiel servidor de la Iglesia dejó una huella imborrable a lo largo de décadas de ministerio. Nacido en la capital chihuahuense el 20 de noviembre de 1937, Manuel Castillo Derma, cariñosamente conocido como Manuelito, dedicó su existencia al diaconado permanente, combinando su vocación espiritual con una carrera profesional como maestro. Su pascua del diácono Manuel Castillo ocurrió la noche del 5 de enero de 2026, tras complicaciones de salud a los 88 años, dejando atrás un testimonio de entrega total que inspira a generaciones.
Desde joven, Manuelito mostró inclinación por el servicio eclesial. Estudió cerca de seis años en el Seminario de Chihuahua antes de optar por la formación docente en la Normal del Estado. Esta base educativa le permitió ejercer como profesor hasta su jubilación, pero su verdadera pasión radicaba en el diaconado permanente. Ordenado el 2 de agosto de 1988 por Mons. Adalberto Almeida, junto con Edmundo Olivas Uranga, inició un camino de más de 40 años en el ministerio, sirviendo en parroquias como María Auxiliadora, Espíritu Santo y Nuestra Señora de Fátima. La pascua del diácono Manuel Castillo cierra un capítulo fructífero, marcado por su celo apostólico y amor por la Eucaristía.
Formación y Vocación en el Diaconado Permanente
La trayectoria de Manuelito en el diaconado permanente comenzó en una época en que esta figura aún era novedosa en la Arquidiócesis de Chihuahua. Formado en el Centro de Capacitación de Agentes de Pastoral, se convirtió en un pilar para comunidades como Señor de los Guerreros en Robinson y Nuestra Señora de Fátima en la Concordia. Su pascua del diácono Manuel Castillo evoca recuerdos de su dedicación inquebrantable, incluso tras enviudar en 2008, cuando continuó apoyando parroquias donde se requería su presencia. Este compromiso refleja el espíritu del diaconado permanente, enfocado en el servicio litúrgico y pastoral.
Como catequista en la parroquia Nuestra Señora Refugio de Pecadores, Manuelito preparó a muchos para los sacramentos, infundiendo valores de fe y comunidad. Su enfoque ordenado en la liturgia lo convirtió en modelo para otros diáconos, como Candelario Guardado, quien lo citó como inspiración para su propia vocación. La pascua del diácono Manuel Castillo no solo marca el fin de una era, sino que resalta cómo el diaconado permanente fortalece la Iglesia local en Chihuahua.
La Familia y el Apoyo Incondicional
En su vida personal, Manuelito contrajo matrimonio con Regina Esparza Martínez en 1968, formando una familia de cinco hijos: Alejandro, María Lourdes, María Esperanza, Sergio Gerardo y Eber Jesús. Juntos, criaron 14 nietos y dos bisnietos, Emmanuel y Regina. Esta red familiar fue el sostén de su ministerio, permitiéndole equilibrar responsabilidades domésticas con el diaconado permanente. La pascua del diácono Manuel Castillo deja un vacío en este núcleo, pero también un legado de amor y fe que perdurará en sus descendientes.
Impacto en la Comunidad Parroquial
María Auxiliadora, la parroquia donde sirvió la mayor parte de su vida, fue el escenario de su último homenaje. Velado en el templo de la Colonia Popular, la misa de exequias fue presidida por el Arzobispo Constancio Miranda Weckmann, concelebrada por los padres Raúl Rangel y Armando Cepeda. Numerosos diáconos asistieron, honrando su memoria. La pascua del diácono Manuel Castillo se convirtió en ocasión para aplausos y gratitud, reconociendo su labor en comunidades marginadas de Chihuahua.
El homilista, diácono Candelario Guardado, recordó cómo Manuelito influyó en su juventud, inspirándolo a seguir el camino del diaconado permanente. Destacó su amor por la Eucaristía y su rigor en la preparación litúrgica, elementos que definieron su ministerio. Esta pascua del diácono Manuel Castillo invita a reflexionar sobre el rol del diaconado permanente en la Arquidiócesis de Chihuahua, fomentando un servicio fiel hasta el final.
El Testimonio de Fe y Entrega
Manuelito encarnó los valores del diaconado permanente a través de acciones concretas, como el cuidado pastoral en parroquias remotas. Su pascua del diácono Manuel Castillo resalta un ministerio fructífero, extendido hasta que la edad y la salud lo permitieron. En Chihuahua, su ejemplo motiva a diáconos jóvenes a emular su celo apostólico, asegurando la continuidad de esta vocación en la Iglesia mexicana.
Sepelio y Promesa de Resurrección
Los restos de Manuelito fueron sepultados en el panteón de la Concordia, donde aguardan la resurrección prometida. Esta pascua del diácono Manuel Castillo culmina con oraciones por su eterno descanso, y consuelo para su familia. El Arzobispo y la comunidad eclesial expresaron gratitud por sus 88 años de vida y más de cuatro décadas en el diaconado permanente, un hito en la historia de la Arquidiócesis de Chihuahua.
En conversaciones con miembros de la parroquia María Auxiliadora, se menciona cómo Manuelito organizaba celebraciones con precisión, influenciando positivamente a todos. Reportes de colaboradores cercanos a la Arquidiócesis destacan su rol en la formación de nuevos diáconos, contribuyendo al crecimiento espiritual de la región.
Según relatos compartidos por familiares y amigos en círculos eclesiales, su viudez no mermó su dedicación, sino que la intensificó. Informes de la comunidad parroquial subrayan su impacto en zonas como la Concordia, donde dejó proyectos de catequesis activos.
De acuerdo con observaciones de participantes en las exequias, el homenaje reflejó el aprecio general por su vida ministerial. Fuentes de la diócesis confirman que su legado perdurará en las prácticas litúrgicas locales, inspirando futuras generaciones en el diaconado permanente.


