Miembro de La Barredora se operó rostro para evadir justicia

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La Barredora, una de las organizaciones criminales más temidas en el sureste de México, ha vuelto a captar la atención de las autoridades federales gracias a revelaciones impactantes sobre sus métodos para eludir la captura. En un caso que expone la sofisticación de estas bandas delictivas, un alto miembro conocido como Prada o Chichirria se sometió a una cirugía plástica en el rostro y las orejas con el objetivo explícito de cambiar su apariencia y huir de la justicia. Esta maniobra, detallada en declaraciones ministeriales recientes, subraya la determinación de estos grupos por mantenerse en las sombras mientras continúan sus actividades ilícitas en regiones como Tabasco.

Orígenes y estructura de La Barredora

La Barredora surgió como una célula criminal bajo el mando de Hernán Bermúdez Requena, alias El Abuelo o El Munra, quien fungió como exsecretario de Seguridad en Tabasco antes de su detención y traslado al penal de El Altiplano. Esta organización no es un grupo improvisado; opera con una jerarquía estricta que incluye sicarios, encargados de extorsión y líderes regionales. Bermúdez Requena dirigía directamente a cuatro lugartenientes clave: Daniel Hernández Montejo, alias Prada; Ulises Pinto Madera, conocido como El Mamado y ahora testigo protegido; Gabriel Gómez Vázquez, alias Indeco; y José del Carmen Castillo Ramírez, alias La Rana, excomisionado de Seguridad en la entidad.

Estos subordinados, a su vez, coordinaban acciones a través de intermediarios como Leonardo Arturo Leyva Avalos, alias León; C.T.D.R., alias El Lic o El 12, otro testigo colaborador; Javier Eduardo Vázquez Orellana y Manuel de Atocha Romero Hernández. La red se extiende a cientos de integrantes que ejecutan las órdenes en el terreno, desde secuestros hasta homicidios selectivos. La Fiscalía General de la República (FGR) ha documentado en su solicitud de órdenes de aprehensión cómo La Barredora se dedica a una amplia gama de delitos: secuestros exprés, asesinatos por encargo, cobro de piso a comerciantes, tráfico de migrantes indocumentados, robo de hidrocarburos o huachicol, delitos contra la salud como la venta de narcóticos, acopio ilegal de armas de fuego y la desaparición forzada de rivales o testigos inconvenientes.

El rol clave de Prada en la organización

Daniel Hernández Montejo, también conocido como Yeison Daniel Hernández Montejo y apodado Prada o Chichirria, emerge como una figura central en esta trama criminal. Ingresó a La Barredora como sicario y brazo armado de Indeco, pero rápidamente ascendió para convertirse en un operador activo. Según testimonios, Prada no solo ejecutaba órdenes; las impulsaba. Fue él quien acuñó el nombre de la banda y supervisaba la colocación de mantas amenazantes firmadas con la leyenda “Atentamente La Barredora”, un sello que aterrorizaba a comunidades enteras en Tabasco.

Su principal responsabilidad era la distribución de drogas en municipios clave como Cárdenas, Nacajuca, Centla y Tacotalpa, extendiéndose a Centro, Macuspana, Jalapa, Paraíso, colonia Atasta, Anacleto Canabal, Miguel Hidalgo, Buena Vista e Ixtacomitán. En cada zona, Prada designaba a encargados locales, creando una red capilar que aseguraba el control territorial y los flujos de ingresos ilícitos. Además, se encargaba de eliminar opositores internos o externos, desapareciendo a quienes cuestionaban decisiones del grupo, lo que consolidaba su poder dentro de la estructura.

La cirugía plástica: un escape audaz de la justicia

En un giro que roza lo cinematográfico, Prada recurrió a la cirugía plástica para reinventarse y evadir la persecución policial. En 2022, se reportó oficialmente su muerte, un engaño que le permitió operar bajo el radar. Se sometió a intervenciones en las orejas y parte del rostro, alterando rasgos faciales clave para pasar desapercibido. Esta transformación no fue un capricho; fue una estrategia calculada para tramitar un pasaporte con una identidad falsa y continuar sus actividades sin el temor inmediato de ser reconocido.

El testimonio de C.T.D.R., recabado los días 8 y 9 de mayo en el Centro Federal de Readaptación Social No. 4, detalla cómo Prada confesó personalmente sus planes durante una conversación en oficinas ubicadas en la colonia Tamulté, Tabasco. “Quería pasar desapercibido”, le dijo, revelando la motivación detrás de su cambio físico. Esta declaración, parte de la carpeta de investigación FED/FEMDO/FEITATA-JAL/0000224/2025, ha sido pivotal para que la FGR reactive la caza de Prada, quien ahora figura en órdenes de aprehensión junto a sus cómplices.

Desapariciones y violencia bajo el mando de La Barredora

La violencia de La Barredora no se limita a la distribución de estupefacientes; incluye actos brutales de represión. En 2020 y 2021, el grupo llevó a cabo múltiples desapariciones, una de las más notorias involucró a un agente policial conocido como Palma. Este elemento de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) de Tabasco fue detenido por orden de El Abuelo y entregado a Pinto Madera, alias El Mamado, por supuestamente trabajar para el Comandante Diablo, un rival que controlaba tienditas de narcomenudeo.

Lo llevaron a una propiedad en el ejido de la selva Nacajuca, donde El Mamado instruyó a sicarios apodados El Chino y El Guacho para someterlo. El destino de Palma permanece como uno de los tantos casos sin resolver que manchan el panorama de seguridad en Tabasco, un estado donde la impunidad alimenta el ciclo de violencia. Estas acciones no son aisladas; forman parte de una patrón sistemático de intimidación que La Barredora emplea para dominar plazas y silenciar disidencias.

La infiltración de exfuncionarios públicos en estas redes agrava el problema. Figuras como Bermúdez Requena y La Rana, con antecedentes en seguridad estatal, utilizaron su conocimiento interno para blindar operaciones criminales. Esto plantea interrogantes sobre la vulnerabilidad de las instituciones y la necesidad de reformas profundas en la procuración de justicia. Mientras tanto, comunidades en Tabasco viven bajo la sombra de extorsiones y amenazas, con el huachicol y el tráfico de personas como fuentes adicionales de ingresos para la banda.

Implicaciones para la seguridad en Tabasco y México

El caso de La Barredora ilustra los desafíos multifacéticos que enfrentan las autoridades mexicanas en la lucha contra el crimen organizado. La capacidad de sus miembros para recurrir a cirugías estéticas y identidades falsas resalta la evolución de estas agrupaciones, que ahora combinan tácticas de bajo perfil con violencia extrema. En Tabasco, donde el control territorial de La Barredora se extiende a zonas rurales y urbanas, la respuesta federal ha intensificado patrullajes y operaciones conjuntas, pero los resultados son mixtos.

La colaboración de testigos protegidos como El Mamado y El Lic ha sido crucial para desentrañar la estructura interna, permitiendo que la FGR emita órdenes de aprehensión contra los líderes principales. Sin embargo, la fuga de Prada subraya la brecha entre la inteligencia recolectada y su ejecución práctica. Expertos en seguridad pública coinciden en que fortalecer la cooperación interestatal y la tecnología de reconocimiento facial podría cerrar estas lagunas, pero requiere inversión sostenida y voluntad política.

En un contexto nacional donde el crimen organizado diversifica sus portafolios delictivos, casos como este de La Barredora sirven de recordatorio sobre la permeabilidad de las fronteras entre lo legal y lo ilícito. La desaparición de rivales y agentes, el cobro de piso que asfixia economías locales, y el robo de combustible que priva al país de recursos vitales, todo converge en un ecosistema criminal que demanda atención urgente. Mientras las investigaciones avanzan, la sociedad civil en Tabasco clama por mayor protección, sabiendo que la justicia, aunque lenta, es el único antídoto contra el terror impuesto por bandas como esta.

Detalles adicionales sobre la cirugía de Prada y las operaciones de La Barredora han sido corroborados en reportes recientes de medios como EL UNIVERSAL, que tuvo acceso exclusivo a la carpeta de investigación de la FGR. Asimismo, declaraciones de testigos en centros federales de readaptación social han aportado luz a las dinámicas internas del grupo, según documentos oficiales consultados en el marco de esta pesquisa. Finalmente, actualizaciones sobre las órdenes de aprehensión pendientes se alinean con informes de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, que monitorea activamente estas amenazas en el sureste del país.