Sentencian a 41 años a asesino de adolescente

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Asesino de adolescente recibe 41 años de cárcel en Juárez, un caso que conmociona a Chihuahua por su brutalidad y las fallas en la vigilancia escolar. Este crimen, ocurrido en septiembre de 2024, expone las vulnerabilidades de las menores en entornos urbanos y la lentitud en las búsquedas de desaparecidos. Armando Leyva Castro, un hombre de 72 años, fue sentenciado el 22 de septiembre de 2025 por la jueza Lizbeth Marbella del Carmen Barraza Morales, en el Tribunal Especializado en Violencia de Género. A través de un procedimiento abreviado, el culpable admitió su responsabilidad, renunciando al juicio oral y aceptando la pena máxima por feminicidio agravado contra una menor de edad.

La víctima, L. A. B. V., de apenas 14 años, desapareció el 6 de septiembre de 2024 tras fingir asistir a clases en la Secundaria Técnica 93, en el turno vespertino de Ciudad Juárez. Según relatos de sus amigas, la adolescente escapó de la escuela con la intención de reunirse con un contacto en redes sociales, un hombre de 53 años conocido como “Carlos Cha”, quien la manipulaba emocionalmente a través de WhatsApp y TikTok. Le prometía una “vida que merecía” y la llamaba “amor”, explotando su fragilidad como menor en un contexto de problemas familiares. Una amiga intentó detenerla, pero un prefecto del turno matutino la ignoró, un detalle que resalta las deficiencias en los protocolos de seguridad escolar en Chihuahua.

El asesino de adolescente, Leyva Castro, la contactó poco después. Testimonios clave revelan que la menor fue vista por última vez con vida el 7 de septiembre de 2024, alrededor de la 1:00 p.m., en la colonia Zaragoza, específicamente en la calle Cristóbal Colón cruzando con Francisco Villa. Un albañil la encontró cortando flores, vestida con su uniforme escolar deportivo. L. A. B. V. le contó que buscaba a alguien, que había salido de casa por conflictos domésticos y que quería explorar más de Juárez. Afirmó saber defensa personal desde los tres años y que llevaba dos horas caminando. Otro trabajador, al reconocerla en redes sociales como desaparecida, alertó a la familia, iniciando una búsqueda desesperada que involucró a la Fiscalía General del Estado de Chihuahua.

Sin embargo, el asesino de adolescente ya había tendido su trampa. Entre el 7 y el 8 de septiembre, vecinos ubicaron a la víctima en la casa de Leyva Castro, un hombre de 70 años en ese momento, quien la presentó como su “amiga”. Un testigo ocular, al entrar a la cocina por un cuchillo prestado, la vio vestida solo con una camiseta hasta las rodillas, en una situación de evidente vulnerabilidad. Otro vecino la observó sentada en la entrada de la vivienda el 8 de septiembre a las 11:00 a.m., y sugirió reportarla a las autoridades, dado que su foto circulaba en alertas de desaparecidos. Leyva Castro ignoró la recomendación, manteniendo en secreto sus intenciones criminales.

Detalles del crimen y la ocultación del cuerpo

La escalada de horror se evidenció días después. El 10 de septiembre de 2024, el asesino de adolescente pagó 200 pesos a un vecino para cavar un hoyo de aproximadamente un metro cúbico en el patio de su casa, justificándolo como un sitio para plantar un peral “grande y de raíz muy gruesa”. El 11 de septiembre, descartó el árbol alegando que “no servía”, y esa misma noche, alrededor de las 10:30 p.m., confesó su crimen a un testigo cercano. En un arrebato de pánico, le dijo: “Ya hice algo. Ya me la chingué, me chingué a la niña. Y usted va a correr con la misma suerte si habla. Le apreté el cuello hasta que sacó la lengua”. No solo estranguló a la menor hasta la muerte, sino que amenazó al confidente, estrujándolo del cuello para silenciarlo. Afortunadamente, el testigo grabó la confesión en audio de forma discreta, una prueba crucial que aceleró la investigación.

Al día siguiente, el 12 de septiembre, Leyva Castro y el mismo vecino rellenaron el pozo con tierra, cubriéndolo por completo hacia la tarde. El 13 de septiembre, renovó las amenazas contra el testigo, advirtiéndole: “Que le vaya bien. Tengo amigos vigilándolo”, mientras herramientas como maderitas, palas y un pico yacían sobre la fosa improvisada. Para el 14 de septiembre, habían colocado una plancha de cemento sobre la superficie, intentando borrar todo rastro del asesinato. El cuerpo de L. A. B. V. fue descubierto finalmente el 18 de septiembre de 2024, enterrado en ese patio, con evidentes signos de agresión física y sometimiento sexual previo a la estrangulación.

Fallas en la respuesta inicial de las autoridades

Este caso del asesino de adolescente subraya las grietas en el sistema de alerta inmediata AMBER y la coordinación entre escuelas y fiscalías en Chihuahua. La desaparición se reportó de inmediato, pero el contacto con “Carlos Cha” —posiblemente un alias— no fue rastreado con la urgencia requerida, permitiendo que Leyva Castro actuara con impunidad inicial. Expertos en criminología señalan que los depredadores en línea aprovechan la ingenuidad de las adolescentes, y en Juárez, una ciudad con altos índices de violencia de género, estos incidentes se multiplican. La sentencia de 41 años, aunque severa, no borra el trauma colectivo ni previene futuros abusos si no se fortalecen las redes de protección.

La jueza Barraza Morales, especializada en violencia de género, enfatizó en la audiencia la agravante de la edad de la víctima y la premeditación en la ocultación. Leyva Castro, al aceptar el procedimiento abreviado, respondió afirmativamente a todas las imputaciones, desde el secuestro hasta el feminicidio. Esta admisión evitó un juicio prolongado, pero deja interrogantes sobre su red de contactos, incluyendo el misterioso “Carlos Cha”, cuya identidad sigue bajo investigación por parte de la Fiscalía. En Chihuahua, donde los casos de menores desaparecidas suman cientos al año, este veredicto envía un mensaje disuasorio, aunque insuficiente sin reformas estructurales.

Impacto social y lecciones del caso del asesino de adolescente

El feminicidio de L. A. B. V. ha generado indignación en Ciudad Juárez y todo el estado, impulsando campañas de concientización sobre el grooming digital y la seguridad en escuelas. Organizaciones como el Centro de Derechos Humanos de las Mujeres han exigido mayor capacitación para prefectos y maestros, recordando que un simple acto de vigilancia podría haber salvado una vida. El asesino de adolescente, con su historial de aislamiento social, representa el perfil de un depredador oportunista que explota la soledad de las jóvenes en barrios marginados como Zaragoza.

En términos legales, el procedimiento abreviado acelera la justicia, pero críticos argumentan que reduce el escrutinio público, limitando el debate sobre prevención. La sentencia incluye además reparación del daño a la familia, que ha expresado su dolor en medios locales, demandando cambios en la educación sexual y el monitoreo de redes sociales. Este crimen, lejos de ser aislado, se inscribe en una ola de violencia contra adolescentes en la frontera norte, donde el 30% de los feminicidios involucran a menores, según datos de la Secretaría de Gobernación.

La familia de la víctima, aún en duelo, ha colaborado estrechamente con investigadores, proporcionando detalles sobre los mensajes en TikTok que alertaban de la manipulación. Mientras tanto, la comunidad vecinal, marcada por el miedo durante la investigación, busca apoyo psicológico para procesar el horror de haber convivido con un monstruo sin saberlo. El asesino de adolescente pasará el resto de sus días tras las rejas, pero el vacío dejado por L. A. B. V. persiste, recordándonos la urgencia de actuar ante cualquier señal de riesgo.

En revisiones posteriores al caso, elementos como el audio grabado por el testigo han sido destacados en informes preliminares de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua, que detallan la confesión verbatim y las amenazas subsiguientes. Asimismo, perfiles de violencia de género en publicaciones especializadas de la región han analizado cómo el grooming inicial facilitó el acceso del perpetrador, basándose en testimonios de amigas de la menor que describieron los intercambios en WhatsApp. Finalmente, actualizaciones en boletines judiciales del Tribunal de Juárez confirman que la plancha de cemento fue clave para localizar el cuerpo, ilustrando la meticulosidad en la ocultación pese a las evidencias vecinales.