El crecimiento real de empleo formal en México es un tema que genera intensos debates entre expertos y autoridades, especialmente cuando las cifras oficiales del IMSS parecen pintar un panorama optimista que no se ajusta a la realidad cotidiana de miles de familias. En las últimas semanas, el presidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), Miguel Nájera Villegas, ha alzado la voz para cuestionar estas estadísticas, argumentando que el aparente avance en la generación de puestos laborales no es más que una ilusión óptica provocada por la formalización de trabajadores en plataformas digitales. Este análisis no solo pone en tela de juicio los datos del IMSS, sino que invita a una reflexión profunda sobre las políticas económicas vigentes y su impacto en el mercado laboral nacional.
En un contexto donde la economía mexicana enfrenta desafíos persistentes, como la inflación moderada y la volatilidad en los mercados globales, el IMEF ha sido claro: el crecimiento real de empleo formal está estancado. Según Nájera Villegas, las cifras reportadas por el IMSS, que indican alrededor de 200 mil nuevos puestos en lo que va del año, distan mucho de los 1 a 1.1 millones de empleos que el país necesita generar anualmente para absorber a la fuerza laboral emergente y mantener un ritmo de desarrollo sostenible. Esta discrepancia no es un detalle menor; representa un déficit que se traduce en menor poder adquisitivo para las familias, reducción en la actividad de pequeños negocios y una menor inversión productiva que frena el motor de la economía.
La formalización de plataformas digitales: ¿Progreso o espejismo?
Uno de los puntos centrales en la crítica del IMEF radica en cómo se interpreta el aumento en los registros del IMSS. El crecimiento real de empleo formal, según el análisis de Nájera, no proviene de la creación de nuevos empleos en sectores tradicionales como la manufactura o los servicios, sino de la transición de trabajadores informales a formales, particularmente aquellos vinculados a plataformas digitales de entrega y transporte. Estos individuos, que antes operaban en la sombra de la economía informal, ahora se inscriben en el seguro social, lo que infla artificialmente las estadísticas sin generar un incremento neto en la oferta laboral.
Esta dinámica, aunque positiva en términos de protección social para estos trabajadores, genera una falsa percepción de expansión económica. El IMEF estima que este fenómeno ha distorsionado los indicadores clave, haciendo que el gobierno y la sociedad crean en un avance que no existe. En lugar de celebrar estos números, expertos como Nájera Villegas llaman a desglosar los datos para revelar la verdad: el crecimiento real de empleo formal es mínimo, y sin intervenciones estructurales, México podría enfrentar un rezago mayor en los próximos años.
Impacto en la informalidad y la base fiscal
La informalidad laboral sigue siendo una de las mayores trabas para el desarrollo económico de México, y el debate sobre el crecimiento real de empleo formal no puede ignorar este elefante en la habitación. Actualmente, solo el 7% de los contribuyentes formales son responsables de financiar servicios públicos esenciales como la electricidad y la salud, que benefician al 93% restante de la población. Programas gubernamentales han intentado ampliar la base fiscal mediante incentivos tributarios, pero los resultados son magros: hay una notable disminución en el registro de nuevos patrones y en la creación de empleos formales genuinos.
El IMEF subraya que esta concentración de la carga fiscal no solo es insostenible, sino que perpetúa un ciclo vicioso donde la informalidad crece en paralelo a la precariedad laboral. En regiones como Chihuahua, donde la industria maquiladora y los servicios locales son pilares económicos, la falta de crecimiento real de empleo formal se siente con mayor intensidad, afectando desde el consumo local hasta la atracción de inversiones extranjeras.
El modelo económico al revés: Transferencias vs. inversión productiva
Otro aspecto crítico en el discurso del IMEF es el enfoque de las políticas económicas actuales, que priorizan las transferencias directas de dinero a través de programas sociales sobre la inversión en sectores productivos. Nájera Villegas argumenta que este modelo está "al revés": se asume que inyectar recursos directamente a las familias impulsará el consumo, lo que a su vez generará empleo en las empresas. Sin embargo, la realidad muestra que estas transferencias no siempre se traducen en un crecimiento sostenido, ya que no abordan las raíces del problema, como la falta de incentivos para las pequeñas y medianas empresas (PyMEs).
En contraste, el IMEF propone un ciclo virtuoso: fomentar la inversión productiva en las PyMEs mediante créditos accesibles, capacitación laboral y simplificación regulatoria. Esto, según expertos, generaría un crecimiento real de empleo formal de calidad, elevaría el poder adquisitivo de las familias y, finalmente, potenciaría el consumo de manera orgánica. En un país donde el 99% de las unidades económicas son PyMEs, ignorar este enfoque equivale a sabotear el potencial de recuperación post-pandemia.
Desafíos regionales en el empleo formal
A nivel regional, el estancamiento en el crecimiento real de empleo formal se manifiesta de manera desigual. En estados industriales como Chihuahua o Nuevo León, la dependencia de exportaciones hace que cualquier fluctuación global impacte directamente en las tasas de empleo. Datos preliminares del IMSS indican que, aunque hay un leve repunte en formalizaciones, los despidos en sectores vulnerables contrarrestan estos avances, dejando un saldo neto negativo en términos de creación de puestos estables.
Además, la brecha de género en el mercado laboral agrava el panorama: mujeres y jóvenes enfrentan tasas de informalidad más altas, lo que limita el crecimiento real de empleo formal inclusivo. El IMEF insta a políticas específicas, como subsidios focalizados en estos grupos, para revertir esta tendencia y asegurar que el progreso económico beneficie a todos los segmentos de la sociedad.
Hacia un mercado laboral más resiliente
Mirando hacia el futuro, el debate sobre el crecimiento real de empleo formal exige un replanteamiento colectivo. El IMEF no solo desmiente las cifras del IMSS, sino que ofrece una hoja de ruta clara: diversificar la economía más allá de las remesas y el nearshoring, invertir en educación técnica alineada con las demandas del mercado y fortalecer los mecanismos de fiscalización para combatir la evasión. Solo así se podrá transitar de un modelo reactivo a uno proactivo, donde el empleo no sea un lujo, sino un derecho accesible.
En este sentido, la voz de Miguel Nájera Villegas resuena como un llamado de atención oportuno, especialmente en un año electoral donde las promesas de bienestar social dominan el discurso. El crecimiento real de empleo formal no se mide solo en números, sino en la estabilidad que ofrece a las familias y en la vitalidad que inyecta a las comunidades. Sin cambios estructurales, el riesgo de un estancamiento prolongado es inminente, y México no puede permitirse más ilusiones estadísticas.
Finalmente, como se ha discutido en foros recientes del sector financiero, análisis independientes coinciden en que las formalizaciones de plataformas digitales representan un avance parcial, pero insuficiente para el panorama general. De igual modo, reportes de organismos como el Banco de México han señalado la necesidad de ajustar las métricas de empleo para reflejar mejor la realidad, algo que el IMEF ha defendido consistentemente en sus boletines mensuales. Estas perspectivas, compartidas en encuentros con ejecutivos de todo el país, subrayan la urgencia de un diálogo honesto sobre el empleo formal.


