Guillermo Ramírez pide frenar importación de carne brasileña

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Importación de carne brasileña representa una amenaza inminente para la ganadería mexicana, especialmente en regiones clave como Chihuahua, donde el sector bovino sustenta miles de empleos y contribuye decisivamente a la economía nacional. El diputado local Guillermo Ramírez ha elevado la voz en el Congreso del Estado, exigiendo medidas urgentes para contener este flujo descontrolado que satura el mercado interno y desploma los precios al productor. En un contexto de cierre temporal de la frontera norte con Estados Unidos, esta avalancha de productos cárnicos extranjeros agrava la crisis, dejando a familias productoras al borde del colapso económico. Ramírez, con datos en mano, denuncia que solo en lo que va de 2025, México ha absorbido más de 70 mil toneladas de carne en cortes provenientes de Brasil, un volumen equivalente al sacrificio de 320 mil cabezas de ganado nacional, lo que marca un incremento alarmante del 188% en comparación con el año anterior.

Impacto devastador en la ganadería chihuahuense

La importación de carne brasileña no es un fenómeno aislado, sino un golpe directo al corazón productivo de Chihuahua. Esta entidad federativa, con sus vastas extensiones de pastizales y una tradición ganadera arraigada, exporta anualmente cerca de un millón de cabezas de ganado en pie hacia el mercado estadounidense, generando ingresos vitales que circulan por comunidades rurales enteras. Sin embargo, el reciente cierre de la frontera ha forzado a los productores a redirigir su oferta al consumo interno, colisionando de lleno con la inundación de carne barata de Brasil. El resultado es predecible y demoledor: sobreoferta que presiona a la baja los precios, con pagos al ganadero que apenas cubren costos operativos, y una cadena de pérdidas que se extiende desde el rancho hasta las empacadoras locales.

En este escenario, la importación de carne brasileña se erige como el villano principal, socavando la competitividad de un sector que no solo alimenta al país, sino que fortalece la balanza comercial. Expertos en agroindustria coinciden en que esta dinámica desleal podría llevar a una contracción del 15% en la producción nacional si no se interviene de inmediato. Chihuahua, con su PIB agrícola dependiente en gran medida de la carne bovina, enfrenta ahora un dilema existencial: ¿cómo sostener miles de empleos directos e indirectos cuando el mercado se ve invadido por productos que, aunque cumplan estándares sanitarios, ignoran las realidades locales de sostenibilidad y costos de producción?

Exhorto legislativo contra la importación descontrolada

Ante esta emergencia, la LXVIII Legislatura del Congreso de Chihuahua ha tomado cartas en el asunto con un exhorto contundente dirigido a la Secretaría de Economía federal. Guillermo Ramírez, impulsor de esta iniciativa, argumenta que regular la importación de carne brasileña no es una mera petición sectorial, sino una necesidad estratégica para preservar la seguridad alimentaria del país. El documento aprobado urge una revisión exhaustiva de los tratados comerciales y cuotas de ingreso, proponiendo aranceles temporales o inspecciones más rigurosas que equilibren la balanza en favor de los productores nacionales. Esta medida, según Ramírez, no busca el proteccionismo ciego, sino una competencia justa que incentive la innovación en el sector ganadero mexicano.

El llamado resuena con fuerza en un momento en que la volatilidad de los mercados globales, exacerbada por tensiones geopolíticas y fluctuaciones en el tipo de cambio, hace imperativa una política comercial más asertiva. La importación de carne brasileña, aunque beneficia a consumidores con precios accesibles en el corto plazo, genera un efecto dominó que amenaza la estabilidad rural. En Chihuahua, donde la ganadería representa el 40% de la actividad agropecuaria, legisladores de diversos bloques han respaldado el exhorto, reconociendo que sin intervención federal, el tejido social podría deshilacharse con quiebras en masa y migración forzada hacia centros urbanos.

Consecuencias económicas más allá de Chihuahua

Ampliando el lente, la importación de carne brasileña impacta a nivel nacional, alterando dinámicas en estados como Sonora, Coahuila y Nuevo León, todos bastiones ganaderos. La saturación del mercado ha provocado una caída del 25% en los precios al mayoreo, según estimaciones preliminares de asociaciones pecuarias, lo que traduce en pérdidas acumuladas que superan los 500 millones de pesos solo en el primer semestre de 2025. Este desequilibrio no solo afecta a grandes hatos, sino a pequeños y medianos productores que luchan por mantener estándares de bienestar animal y prácticas ecológicas, en contraste con algunos envíos brasileños cuestionados por irregularidades en trazabilidad.

Además, la crisis pone en jaque la diversificación económica del norte del país. Mientras Brasil capitaliza su ventaja en escala y subsidios gubernamentales para inundar mercados emergentes, México pierde terreno en un sector donde podría liderar con énfasis en calidad orgánica y exportaciones premium. Ramírez enfatiza que frenar esta importación de carne brasileña mediante regulaciones inteligentes podría revitalizar la industria, fomentando inversiones en tecnología de procesamiento y certificaciones sostenibles que eleven el valor agregado de la carne mexicana.

Hacia una regulación federal efectiva

La propuesta de Ramírez no se detiene en el exhorto; aboga por un diálogo multipartidista que incluya a la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) para diseñar un plan integral. Esto implicaría monitoreo en tiempo real de volúmenes importados, incentivos fiscales para exportadores nacionales y campañas de promoción que resalten la superioridad nutricional de la carne mexicana. En un país donde el consumo per cápita de carne bovina ronda las 18 kilos anuales, equilibrar oferta y demanda es clave para evitar inflación en otros rubros alimentarios y garantizar acceso equitativo.

La importación de carne brasileña, vista en perspectiva, ilustra los retos de la globalización en economías en desarrollo: beneficios aparentes de liberalización que ocultan costos sociales profundos. Chihuahua, como epicentro de esta batalla, se posiciona como vanguardia en la defensa del agro nacional, recordando que la soberanía alimentaria no es un lujo, sino un pilar de la estabilidad. Mientras el exhorto avanza hacia la mesa federal, productores locales se organizan en cooperativas para presionar por cambios, conscientes de que la inacción podría reconfigurar para siempre el mapa ganadero del país.

En discusiones recientes con colegas del Congreso, se ha mencionado que datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) respaldan estas cifras de importación, mostrando patrones similares en años previos. Asimismo, reportes de la Asociación Mexicana de Engordadores de Ganado Bovino (AMEG) han alertado sobre estos riesgos, sugiriendo que sin ajustes, el sector podría contraerse aún más. Finalmente, observadores del sector agropecuario en Chihuahua han señalado que el cierre fronterizo, aunque temporal, ha sido un catalizador para exponer vulnerabilidades que organismos internacionales como la FAO han documentado en informes sobre comercio cárnico regional.