La doble vida de Hernán Bermúdez

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Hernán Bermúdez Requena, el controvertido exjefe de la Policía de Tabasco, representa el escándalo que sacude los cimientos del gobierno federal y Morena. Esta doble vida de Hernán Bermúdez, marcada por una fachada de autoridad y un trasfondo de nexos criminales, expone las grietas en la estrategia de seguridad de la Presidencia y las secretarías de Estado. Bajo el amparo de administraciones priístas y morenistas, Bermúdez escaló posiciones mientras informes confidenciales lo señalaban como el "Comandante H", líder de La Barredora, una banda surgida de policías corruptos que aterrorizó la Chontalpa tabasqueña con extorsiones, huachicol y tráfico de personas. Su detención en Paraguay no es solo un golpe a la impunidad, sino una bofetada al legado de Adán Augusto López y a la omisión de Claudia Sheinbaum frente a estos fantasmas del crimen organizado infiltrados en el poder.

La trayectoria de Hernán Bermúdez se remonta a los años 90, cuando inició su carrera en la Dirección de Seguridad Pública de Tabasco bajo el gobernador Manuel Gurría Ordóñez, entre 1992 y 1994. En esa época, ya se perfilaba como un operador leal, pero también como alguien con sombras. Posteriormente, durante el gobierno de Roberto Madrazo, de 1995 a 2000, asumió la dirección del sistema penitenciario estatal, donde se le acusó de encubrir fugas y permitir el ingreso de armas a las cárceles. Sin embargo, fue en 2006 cuando su doble vida de Hernán Bermúdez salió a flote de manera explosiva: la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) lo detuvo por su presunta participación en la ejecución del ganadero Ponciano Vázquez Lagunes, un crimen ligado al Cártel del Golfo. A pesar de las pruebas, Bermúdez fue liberado y, en lugar de hundirse, resurgió como un fénix en las estructuras de poder.

La infiltración en el gobierno de Morena

El punto de inflexión llegó en diciembre de 2019, cuando Adán Augusto López, entonces gobernador de Tabasco y figura clave de Morena, nombró a Hernán Bermúdez como Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana. Esta decisión, defendida por López como un acierto basado en la "experiencia" de Bermúdez en investigaciones fiscales, fue un error garrafal que el gobierno federal pagó caro. Durante su gestión, que se extendió hasta enero de 2024 bajo Carlos Merino Campos, los homicidios dolosos en Tabasco se dispararon un 83%, según datos oficiales de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. La doble vida de Hernán Bermúdez se materializó en La Barredora, un grupo criminal que él mismo comandaba según al menos 30 informes de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) entre 2019 y 2022. Estos documentos, filtrados en leaks como Guacamaya, detallan cómo Bermúdez ordenaba asesinatos selectivos, controlaba el narcomenudeo en Cárdenas, Comalcalco y Huimanguillo, y facilitaba el tráfico de combustible robado, todo bajo la sombrilla del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

La Barredora no era un invento periodístico, como Bermúdez intentó negar en noviembre de 2023 durante una rueda de prensa donde minimizó las narcomantas con su firma como "solo grafiti callejero". En realidad, surgió como una escisión del Cártel de los Beltrán Leyva tras la captura de Édgar Valdez "La Barbie" en 2010, y evolucionó hasta declarar la guerra al CJNG en Tabasco. Informes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) lo ubican desde 2019 como el cerebro detrás de operativos que incluían secuestros de migrantes y extorsiones a transportistas. El colmo fue el 22 de diciembre de 2023, cuando balaceras, narcobloqueos y motines en penales de Villahermosa y Huimanguillo dejaron dos muertos y tres heridos. Ese día, tiroteos resonaron cerca de la residencia de Bermúdez en el Fraccionamiento Tabasco 2000, un episodio que él descartó como "ataque personal" pero que el Centro Regional de Fusión de Inteligencia Sureste (Cerfise) atribuyó directamente a rencillas internas de La Barredora.

Vínculos con el crimen organizado y el CJNG

La doble vida de Hernán Bermúdez no se limitaba a Tabasco; sus tentáculos alcanzaban redes nacionales. Documentos de la Guardia Nacional lo señalan como facilitador de envíos de armas desde Guerrero y Michoacán, regiones dominadas por el CJNG. En marzo de 2022, un informe de Sedena describía cómo Bermúdez reunía a sus lugartenientes en ranchos de la Chontalpa para planear "ajustes de cuentas" contra rivales locales. Esta colusión no era aislada: Fernando López, exsubdirector de Seguridad Pública en Cárdenas y actual coordinador electoral de Morena, también fue denunciado por nexos similares, pero permanece intocable. Críticos como Lorena Bourregard, ex candidata a la gubernatura por el PAN, han arremetido contra esta red de impunidad, cuestionando por qué el gobierno federal, bajo Claudia Sheinbaum, no depuró a estos elementos tóxicos heredados de administraciones pasadas.

La huida de Bermúdez fue tan calculada como su ascenso. El 26 de enero de 2025, apenas un mes antes de que se girara la orden de aprehensión el 14 de febrero, abandonó México vía Mérida, pasando por Panamá y Madrid hasta aterrizar en Brasilia. Interpol activó una ficha roja inmediata, solicitando colaboración paraguaya, donde finalmente fue capturado en un operativo conjunto. Esta persecución internacional resalta la doble vida de Hernán Bermúdez como un emblema de la corrupción sistémica en las secretarías de Estado. Mientras Morena lo desmintió como militante, registros del INE y fotografías con Sheinbaum durante campañas en Tabasco contradicen esa narrativa. La Presidencia, en su afán por proyectar control, ha evitado profundizar en estas conexiones, pero el daño está hecho: la confianza en la estrategia de seguridad se erosiona con cada revelación.

El impacto en la seguridad de Tabasco y México

Bajo el mando de Hernán Bermúdez, Tabasco se convirtió en un polvorín. El aumento del 83% en homicidios no fue casual; fue el resultado de una policía que, en lugar de combatir el crimen, lo alimentaba. La Barredora controlaba rutas de huachicol en la Chontalpa, extorsionaba a productores petroleros y traficaba con indocumentados centroamericanos, todo con la venia de un secretario que posaba como guardián de la ley. Informes de Sedena de diciembre de 2019 alertaban sobre reuniones de Bermúdez con sicarios del CJNG en Comalcalco, donde se repartían cuotas de protección. Esta doble vida de Hernán Bermúdez, tolerada por el gobierno de Adán Augusto López, se extendió al sexenio de Merino, donde motines como el de 2023 expusieron la fragilidad del sistema penitenciario que él mismo había dirigido décadas antes.

La crítica no se hace esperar: ¿cómo un hombre con antecedentes desde 2006 escaló hasta secretario en un gobierno que prometía "abrazos, no balazos"? Claudia Sheinbaum, como presidenta, hereda este lío, y su silencio ante las filtraciones de Guacamaya ha avivado el fuego opositor. Bourregard, en entrevistas recientes, ha exigido auditorías independientes a las secretarías de Estado, argumentando que Morena prioriza la lealtad sobre la integridad. Mientras tanto, el CJNG aprovecha el vacío, expandiendo su influencia en el sureste mexicano. La detención de Bermúdez en Paraguay podría ser un punto de quiebre, pero solo si el gobierno federal actúa con mano dura, depurando a cómplices como López.

En los pasillos del poder tabasqueño, se murmura que detalles de esta saga provienen de reportajes exhaustivos en diarios locales que destaparon las filtraciones iniciales. Además, analistas consultados en foros de seguridad han repasado los informes militares que pintan a Bermúdez como el eje de la tormenta. Finalmente, observadores independientes han reconstruido su ruta de escape basados en datos de vuelos y alertas fronterizas, subrayando cómo la doble vida de Hernán Bermúdez no termina con su captura, sino que obliga a un escrutinio mayor al entramado de Morena y el gobierno federal.