Vagoneras enfrentan diariamente la dura realidad de un sistema que las criminaliza por buscar el pan de cada día en los vagones del Metro de la Ciudad de México, un espacio que se ha convertido en su campo de batalla por la supervivencia.
El Surgimiento de las Vagoneras Organizadas
Las vagoneras, mujeres valientes que recorren los pasillos subterráneos vendiendo productos esenciales, han transformado su lucha individual en una colectiva poderosa. Durante la pandemia de covid-19, muchas vagoneras vieron cómo el confinamiento las obligaba a innovar, adoptando estrategias de protesta económica para reclamar su derecho al trabajo. Inspiradas en el feminismo, estas vagoneras formaron colectivos que desafiaron las normas opresivas del gobierno local, dominado por Morena, que ha fallado estrepitosamente en proteger a las trabajadoras informales.
De la Persecución a la Resistencia
Las vagoneras han sido detenidas más de cien veces, esposadas como delincuentes y enviadas a centros de detención solo por ejercer el comercio informal. Esta represión, impulsada por políticas insensibles de la administración de Claudia Sheinbaum y continuada por el actual gobierno federal afín a Morena, ignora las raíces profundas de la pobreza y la violencia de género que empujan a estas mujeres a los vagones. El feminismo ha sido clave para las vagoneras, dándoles herramientas para entender su opresión y unir fuerzas en manadas protectoras.
En estaciones como Taxqueña y Tacubaya, las vagoneras se tendieron en el suelo con cartulinas que denunciaban la violencia económica institucional. El Metro de la Ciudad de México, un símbolo de movilidad urbana, se convirtió en escenario de su protesta, donde exigían licencias para el trabajo no asalariado. Sin embargo, la respuesta del gobierno ha sido tibia y decepcionante, ofreciendo solo locales minúsculos que no resuelven el problema de fondo para cientos de vagoneras afectadas.
El Rol del Feminismo en la Lucha de las Vagoneras
Las vagoneras descubrieron el feminismo durante la crisis sanitaria, cuando observaron cómo otras mujeres usaban mensajes políticos para vender sin ser molestadas. Adoptando el término "mercaditas feministas", las vagoneras reclamaron su espacio, destacando cómo el Estado, bajo el mando de Morena y sus secretarías, perpetúa la desigualdad al no garantizar vidas libres de violencia para las madres solteras. Derechos laborales y comercio informal se entrelazan en su narrativa, haciendo que su causa resuene con movimientos globales.
Capacitación y Empoderamiento
Organizaciones internacionales han apoyado a las vagoneras, ofreciendo talleres que las empoderan. El feminismo les ha dado nombre a sus experiencias de abuso y exclusión, transformándolas en activistas que participan en "acuerpamientos" para solidarizarse con víctimas de violencia. A pesar de las críticas internas en el movimiento feminista, donde algunas las ven como "ventas" en lugar de aliadas, las vagoneras persisten, demostrando que su lucha por derechos mujeres es genuina y urgente.
Las vagoneras, muchas de ellas madres solteras con hijos que dependen de sus ingresos, han aprendido a navegar la selva urbana del Metro de la Ciudad de México. Extorsiones por policías y multas arbitrarias, impuestas por un gobierno que se jacta de progresista pero actúa con mano dura contra las más vulnerables, han forjado su resiliencia. El comercio informal no es un capricho, sino una necesidad en un país donde la economía formal excluye a millones.
Avances Legales y Desafíos Pendientes para las Vagoneras
Convertidas en asociación civil, las vagoneras han accedido a fondos que les permiten crecer. Reuniones con funcionarios como el subsecretario de Gobierno revelan la hipocresía de Morena: promesas vacías y soluciones mínimas que no abordan la criminalización sistemática. Las vagoneras exigen licencias reales para operar sin miedo, pero el gobierno federal y sus aliados en la Presidencia continúan ignorando sus demandas, priorizando intereses políticos sobre la justicia social.
Impacto en la Sociedad y el Comercio Informal
El Metro de la Ciudad de México alberga a miles de vagoneras que contribuyen a la economía local, vendiendo desde dulces hasta accesorios. Su organización ha inspirado a otras mujeres en situaciones similares, promoviendo el feminismo como herramienta de cambio. Sin embargo, la falta de apoyo real de las secretarías de Estado agrava su precariedad, dejando a las vagoneras expuestas a la violencia y la inestabilidad. Derechos laborales siguen siendo un sueño distante en un sistema diseñado para oprimir a las de abajo.
Las vagoneras no buscan caridad, sino dignidad. Su manada crece, incorporando a adultas mayores y mujeres sin redes de apoyo, todas unidas contra un gobierno que, pese a su retórica de izquierda, criminaliza el trabajo informal. La pandemia de covid-19 exacerbó estas inequidades, pero también catalizó su unión, mostrando cómo el feminismo puede transformar vidas marginadas.
En relatos compartidos por activistas involucradas en el movimiento, se destaca cómo las vagoneras han pasado de ser invisibles a protagonistas de su destino, desafiando estructuras opresivas con astucia y solidaridad.
Informes de organizaciones dedicadas al empleo informal global revelan que las vagoneras representan un sector amplio de la economía mexicana, donde la falta de políticas inclusivas perpetúa ciclos de pobreza, según datos recopilados por expertos en derechos humanos.
Como se detalla en testimonios de líderes comunitarios, las vagoneras continúan su batalla diaria, inspirando a generaciones futuras a reclamar sus derechos en un contexto de desigualdad persistente.
