El Pestañas representa una era dorada en la historia de Azcapotzalco, donde el boxeo y el danzón se entrelazaban en las calles vibrantes de este barrio icónico de la Ciudad de México. Teodoro Pérez Castillo, conocido cariñosamente como El Pestañas, ha forjado su legado a través de puños firmes en el ring y pasos elegantes en la pista de baile. A sus 87 años, este hombre multifacético no solo evoca recuerdos personales, sino que encarna la memoria viva de un lugar que ha visto transformaciones profundas. Su historia, capturada en un conmovedor documental, invita a redescubrir las raíces culturales de Azcapotzalco, un rincón donde el deporte y la música han sido pilares de la identidad comunitaria.
El Pestañas en el Ring: Triunfos del Boxeo Amateur
El Pestañas descubrió su pasión por el boxeo a los 17 años, en un tiempo cuando los barrios de Azcapotzalco bullían de energía juvenil y competencias locales. Influenciado por su tío Luis Castillo, un peleador reconocido en Cuba, y su hermano Dumo Pérez, Teodoro se sumergió en el mundo del deporte de combate con determinación inquebrantable. Su momento de gloria llegó en 1951, al conquistar los legendarios Guantes de Oro, un torneo que ha catapultado a figuras como Raúl Macías y Rubén Olivares. Aunque los registros formales iniciaron tras su victoria, El Pestañas acumuló ocho peleas profesionales en venues emblemáticos como la Arena Coliseo, demostrando un pegue envidiable y una resistencia que lo convirtió en ídolo local.
De la Sombra al Spotlight: Inicios Inesperados
Todo comenzó de forma casual, como cuenta el propio El Pestañas. Un día, mientras hacía ejercicio, un entrenador lo vio y le pidió que sirviera de sombra para su hermano. Lo que empezó como una simulación se transformó en una defensa instintiva, revelando su talento natural. "Le di más duro a él", recuerda con una sonrisa pícara. Esa chispa lo llevó a entrenar con ahínco, equilibrando golpes y estrategia en un boxeo que no solo forjaba campeones, sino comunidades unidas por el sudor y la admiración. El Pestañas, con su estilo aguerrido, se posicionó como un símbolo de perseverancia en el boxeo Azcapotzalco, inspirando a jóvenes de la Calzada de Camarones a soñar con el ring.
Durante la década de los cincuenta y sesenta, El Pestañas participó en torneos que definían la escena deportiva de la capital. Su retiro prematuro, motivado por la necesidad de sostener a su familia de nueve hijos tras la pérdida de su esposa, no opacó su legado. Hoy, al evocar esas batallas, El Pestañas subraya cómo el boxeo le enseñó disciplina, un valor que trasciende el deporte y se filtra en la vida cotidiana de Azcapotzalco.
Del Rastro Ferrería a la Pista: Vida Laboral y Pasión por el Danzón
Paralela a su carrera en el boxeo, El Pestañas dedicó más de dos décadas al rastro de Ferrería, un bastión económico y social de Azcapotzalco que distribuía carne a mercados y tianguis de la Ciudad de México. Hasta 1992, cargando pesos de carne bajo el sol inclemente, Teodoro forjó lazos inquebrantables con compañeros que celebraban aniversarios y compartían comidas como una familia extendida. Ese espacio, demolido para dar paso a la Arena Ciudad de México, simboliza la evolución urbana que El Pestañas ha presenciado con melancolía y orgullo.
El Danzón como Terapia: Ritmos que Curan el Alma
Pero fue el danzón el que verdaderamente capturó el corazón de El Pestañas desde la infancia. Recibía dulces por mover los pies al compás de la música en fiestas familiares, un incentivo que lo impulsó a dominar ritmos como el mambo traído de Cuba en 1950, la guaracha, rumba y salsa. En salones que por día eran gimnasios y por noche pistas de baile, El Pestañas unió su amor por el boxeo con la gracia del movimiento. "El baile representa para mí una terapia", confiesa, y así lo demuestra impartiendo clases gratuitas en el Jardín Hidalgo, donde su paga es el brillo en los ojos de sus alumnos.
A sus 87 años, El Pestañas sigue activo en Azcapotzalco, enseñando danzón a generaciones que lo ven como un maestro viviente. Su estilo pachuco, con pantalones holgados y una sonrisa perpetua, evoca el cine mexicano de antaño, fusionando tradición y vitalidad en cada paso. El danzón, para él, no es solo baile; es un puente entre el pasado obrero del rastro Ferrería y el presente cultural de un barrio en transformación.
El Documental que Immortaliza a El Pestañas
La vida de El Pestañas cobra nueva dimensión en el corto documental homónimo, dirigido por Cynthia Benítez con guión de Alfonso Sotelo. Presentado en el Festival de Cine de Barrio (Feciba) en noviembre de 2023, esta pieza de 19 minutos teje las tres facetas de Teodoro –boxeador, trabajador y danzonero– en un tapiz que refleja la esencia de Azcapotzalco. Lejos de clichés de marginalidad, el filme destaca la creatividad y resistencia de sus habitantes, mostrando cómo El Pestañas rechazó oportunidades en películas como Danzón de María Novaro para priorizar su familia y comunidad.
Detrás de Cámaras: Una Visión Auténtica del Barrio
Cynthia Benítez, de 27 años y con formación periodística, se acercó a El Pestañas movida por el deseo de narrar historias genuinas. "Su lenguaje recordaba a personajes icónicos del cine mexicano, pero era puro y reflejaba la historia viva de Azcapotzalco", explica. El documental rescata anécdotas olvidadas, como la visita de Luis Miguel a la Arena México o la dinámica perdida del rastro Ferrería, invitando a cuestionar prejuicios sobre barrios populares. Alfonso Sotelo, conectado familiarmente al rastro, aporta un toque cronístico que enriquece la narrativa, convirtiendo el filme en un testimonio de memoria colectiva.
En Santa María Malinalco, uno de los 25 barrios originarios de Azcapotzalco, El Pestañas reside hoy con serenidad, rodeado de ecos de su juventud. Su documental no solo celebra su trayectoria, sino que ilumina la riqueza cultural de una alcaldía famosa por José José y el Parque Tezozómoc. A través de sus ojos, vemos un Azcapotzalco de encuentros, talentos y humanidad, donde el boxeo Azcapotzalco y el danzón coexisten en armonía.
El impacto de El Pestañas trasciende lo personal; inspira a redescubrir barrios como el suyo, donde la perseverancia dibuja paisajes invisibles. En conversaciones informales con realizadores locales, surge cómo figuras como él preservan tradiciones en medio del bullicio urbano.
Detalles como sus clases en el Jardín Hidalgo, mencionados en crónicas barriales recientes, resaltan su rol como transmisor de cultura. Así, El Pestañas no solo baila; teje el tejido social de Azcapotzalco con cada giro.
En ediciones pasadas de eventos como Feciba, relatos similares han emergido, subrayando la vitalidad de estos testimonios. El Pestañas, en esencia, es el pulso de un lugar que late con historia y ritmo inagotable.


