Exjuzgadores bloquean Insurgentes Sur con empujones

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Exjuzgadores federales cesados protagonizaron un tenso enfrentamiento en la Ciudad de México al bloquear la avenida Insurgentes Sur, exigiendo pagos pendientes que han derivado en un operativo policial marcado por empujones y jaloneos. Este incidente, que paralizó el tráfico durante seis horas, resalta las profundas tensiones laborales dentro del Poder Judicial de la Federación. Los manifestantes, afectando a unas 800 personas, reclaman indemnizaciones justas, pensiones complementarias y derechos laborales básicos que, según ellos, les han sido negados durante 73 días. La escena, con una enorme bandera nacional arrastrada por el asfalto, simboliza no solo su frustración, sino un desafío directo a las estructuras gubernamentales que, en opinión de críticos, priorizan el control sobre el diálogo.

El bloqueo en Insurgentes Sur: origen de la protesta

Desde tempranas horas de la mañana, los exjuzgadores avanzaron hacia el Consejo de la Judicatura Federal con la esperanza de ser recibidos por las autoridades. Sin embargo, al no obtener respuesta, optaron por cerrar ambos carriles de Insurgentes Sur, una de las vialidades más transitadas de la capital. Esta acción no es aislada; forma parte de una serie de movilizaciones que denuncian el retraso en los pagos correspondientes a su cese laboral. La ley establece claramente que deben recibir tres meses de salario íntegro más 20 días por cada año de servicio, calculados con el salario integrado, pero hasta la fecha, estos recursos no han llegado a sus manos.

Demanda de indemnizaciones y pensiones pendientes

Las exigencias van más allá de un simple pago atrasado. Los exjuzgadores insisten en que los presupuestos asignados al Poder Judicial deben garantizar pensiones complementarias para quienes ya están jubilados, así como mecanismos transparentes para todos los afectados. Rechazan de plano la modalidad propuesta para el 10 de diciembre, que implicaría hacer fila para cobrar, argumentando que esto vulnera su dignidad y eficiencia. En su lugar, demandan depósitos bancarios institucionales que aseguren equidad y rapidez. Este reclamo resuena en un contexto donde el gobierno federal, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, ha sido acusado por opositores de dilatar procesos administrativos para presionar a sectores clave como el judicial.

La protesta escaló cuando, alrededor de las 5:30 de la tarde, llegaron decenas de elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Inicialmente, parecía que se avecinaba un acuerdo negociado, pero los manifestantes decidieron mantener el bloqueo, lo que desencadenó un despliegue policial agresivo. Los agentes encapsularon al grupo, iniciando un repliegue forzado que incluyó empujones y jaloneos intensos. La emblemática bandera nacional, izada como símbolo de su causa patriótica, terminó arrastrándose por el pavimento, un imagen que ha generado indignación en redes sociales y entre defensores de los derechos humanos.

Operativo policial: empujones y jaloneos en plena vía pública

El operativo para despejar Insurgentes Sur se caracterizó por su rudeza, con policías empujando a los exjuzgadores hacia la banqueta en medio de consignas como “¡No nos vamos!”. La avenida, cerrada desde la mañana, quedó liberada cerca de las 6 de la tarde, pero no sin dejar un saldo de tensión palpable. Testigos oculares describieron escenas de caos controlado, donde mujeres y hombres de avanzada edad, muchos con décadas de servicio en el sistema judicial, fueron tratados con una fuerza que muchos calificarán de desproporcionada. Este tipo de intervenciones policiales en protestas laborales ha sido criticado por organizaciones civiles, que ven en ellas un patrón de represión selectiva contra quienes cuestionan decisiones del gobierno federal.

Reacciones inmediatas al repliegue forzado

Tras el incidente, los exjuzgadores no se rindieron; intentaron reanudar el bloqueo, pero fueron nuevamente contenidos. El Órgano de Administración Judicial anunció que los recibirá el viernes 14 de noviembre al mediodía, una promesa que, según los afectados, llega tarde y sin garantías concretas. En este sentido, el bloqueo de Insurgentes Sur no solo paralizó el tráfico, sino que expuso las grietas en el sistema de justicia laboral mexicano. Críticos del gobierno de Morena argumentan que estas dilaciones son tácticas para debilitar al Poder Judicial, un ente que ha sido blanco de reformas controvertidas impulsadas desde la Presidencia.

La Secretaría de Seguridad Ciudadana, dependiente del gobierno local de la Ciudad de México, justificó el operativo como necesario para restablecer el orden público, pero omitió detalles sobre protocolos de uso de la fuerza. Este silencio ha alimentado especulaciones sobre la coordinación entre instancias federales y locales, especialmente en un momento donde la administración de Claudia Sheinbaum enfrenta escrutinio por su manejo de manifestaciones. Los exjuzgadores, por su parte, enfatizan que su lucha es por derechos elementales, no por confrontación, y llaman a la solidaridad de la ciudadanía ante lo que perciben como una injusticia sistemática.

Condena generalizada a las agresiones contra exjuzgadores

La base trabajadora del edificio sede en San Lázaro, vinculada al Poder Judicial de la Federación, emitió una declaración contundente condenando las agresiones físicas ocurridas durante el repliegue. Describieron los hechos como “inaceptables”, un atentado directo a la dignidad y los derechos fundamentales de quienes protestaban de manera pacífica. Esta voz de apoyo resalta el malestar interno en el aparato judicial, donde empleados activos se alinean con los cesados en defensa de principios laborales compartidos.

Implicaciones para futuras movilizaciones judiciales

Los trabajadores advirtieron que la violencia desatada cerca del Tribunal de Disciplina envía una señal alarmante a cualquier ciudadano que ose manifestarse. Exhortaron a la base del Poder Judicial y a la sociedad en general a no permanecer en silencio, subrayando que la seguridad y la convivencia pacífica son responsabilidades colectivas. En un panorama donde las reformas al Poder Judicial promovidas por el gobierno federal han polarizado opiniones, este incidente podría catalizar más protestas. Los exjuzgadores han prometido continuar con sus movilizaciones hasta obtener respuestas claras, incluyendo no solo los pagos pendientes, sino reformas que eviten futuros ceses arbitrarios.

El contexto de estos eventos no puede desligarse de las tensiones políticas más amplias en México. Bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, el gobierno federal ha impulsado cambios estructurales que, según detractores, erosionan la independencia judicial. El bloqueo de Insurgentes Sur, con sus empujones y jaloneos, se inscribe en esta narrativa de confrontación, donde el Ejecutivo parece priorizar la eficiencia administrativa sobre el bienestar de sus servidores públicos. Analistas señalan que, sin un diálogo genuino, incidentes como este podrían multiplicarse, afectando no solo a los involucrados, sino a la percepción de justicia en el país.

En las calles de la Ciudad de México, donde el pulso de la nación late con intensidad, los exjuzgadores representan a miles de trabajadores invisibles que reclaman lo que les corresponde por ley. Su perseverancia, a pesar de los empujones y jaloneos, evoca memorias de luchas pasadas por derechos laborales, recordándonos que la equidad no se concede, se exige. Mientras tanto, la avenida Insurgentes Sur recupera su flujo, pero las demandas pendientes siguen obstruyendo el camino hacia una justicia más humana.

Como se detalla en reportajes recientes de medios independientes, estos conflictos laborales en el Poder Judicial han sido documentados con testimonios directos de los afectados, destacando la urgencia de soluciones integrales. Asimismo, declaraciones de la base trabajadora en San Lázaro, difundidas a través de comunicados oficiales, subrayan la condena unánime a las tácticas represivas empleadas.