Xantolo Huejutla ilumina Chililico con diversidad
Xantolo Huejutla celebra la vida y la muerte en la Huasteca hidalguense donde la comunidad LGBT+ lidera con orgullo las danzas tradicionales. En Chililico, barrio oeste de Huejutla, el Xantolo Huejutla fusiona máscaras de madera, mezcal artesanal y banderas arcoíris para honrar a las ánimas que regresan cada fin de octubre. Desde hace 17 años, la cuadrilla Yancuic Tonati —“Nuevo Sol” en náhuatl— transforma las calles en escenario de inclusión donde el orgullo gay brilla bajo la luz de las veladoras.
El Xantolo Huejutla no distingue orientaciones: aquí conviven huastecos teenek, nahuas y visitantes que bailan sobre tumbas convertidas en pista. Silvano Martínez, conocido como Chiván, capitán de la cuadrilla, explica que el respeto se ganó rescatando bordados tradicionales en lugar de looks extravagantes. “Antes éramos casi drag queens; hoy vestimos como las mujeres huastecas y la gente nos admira”, cuenta mientras la banda de viento retumba.
Velas que guían y máscaras que protegen
En Xantolo Huejutla las velas grandes reemplazan a las chicas al mediodía del 1 de noviembre. Los cohetones anuncian la llegada de las ánimas adultas y las losas mortuorias del panteón Macuxtepetla se cubren de pétalos de cempasúchil. Nadie rechaza tamal ni trago: negarse ofende. Por eso todos llevan bolsa para guardar el zacahuil que sobra y botella para el mezcal que nunca falta.
Los huehues —ancianos sabios enmascarados— cruzan géneros: varones bailan como comanches embarazadas y mujeres como diablos rojos. La Cihuatzi, hombre vestido de mujer, encarna la fertilidad huasteca. En este Xantolo Huejutla la muerte y el diablo merodean, pero el disfraz los engaña hasta el “destape” final, cuando el mezcal lava rostros y libera a los vivos.
Xantolo Huejutla: 17 años de orgullo visible
La cuadrilla Yancuic Tonati nació cuando Chiván y Johnny Alonso decidieron “abrir la puerta” a la visibilidad LGBT+. Invitaron a señores mayores a sumarse y contrataron banda meses antes. Hoy 40 integrantes recorren Chililico saludados en náhuatl por abuelas que ofrecen mole picante. “El respaldo familiar es total”, celebra Chiván mientras un niño máscara de Spider-Man corre tras la marimba.
El Xantolo Huejutla también es político: dos figuras misteriosas bailan disfrazadas. Se rumora que planean destapes futuros, pero callan para que el diablo no los descubra. La plaza 21 de Mayo monta feria gigante con altar monumental: niveles de papel picado, frutas, pan de muerto y senderos amarillos que huelen a copal. El ayuntamiento declara a Huejutla capital cultural de las Huastecas.
Del altar a la tumba: baile sin pausa
El 2 de noviembre amanece con banda en el panteón. Cada sepultura recibe visita: vaqueros tocan son huasteco, catrinas reparten cerveza, embarazadas repiquetean cascabeles. El Xantolo Huejutla convierte el camposanto en verbena. Joaquín Alvarado dedica huapango a la Parca mientras Chiván sirve mezcal en jícara de coyol. “Representar lo náhuatl me llena de orgullo”, dice el capitán entre aplausos.
Turistas llegan de Tampico y Pachuca atraídos por fotos virales de catrines arcoíris. Hoteles cuelgan el “no hay cuartos” y taqueros triplican ventas. El Xantolo Huejutla mueve economía local: 2 millones de flores vendidas, 500 litros de mezcal consumidos, 300 músicos contratados. La tradición resiste evangelización y modernidad gracias a cuadrillas como Yancuic Tonati.
Xantolo Huejutla une generaciones bajo la luna
Al caer la noche del 2, las ánimas parten. Las campanas doblan, cohetones estallan y las máscaras caen. Rostros limpios por mezcal brillan sudorosos. Niños guardan dulces, abuelas recogen pétalos para té curativo. Chiván abraza a su madre: “Gracias por dejarme salir vestida”. La señora sonríe: “Tú mantienes vivo lo nuestro”.
En la casa de Chiván quedan fotos del altar y olor a incienso. Jóvenes planean el Xantolo Huejutla 2026: más bordados, más banda, más orgullo. Afuera, la carretera a Tamazunchale se vacía; solo queda el eco de sones que guiará a las ánimas hasta el próximo ciclo.
Reporteros de Milenio registraron cada paso de la cuadrilla; fotógrafos de La Jornada capturaron destellos de catrines; antropólogos locales documentan el sincretismo teenek-náhuatl. Así, año tras año, Xantolo Huejutla se escribe con pasos de danza y sorbos de mezcal.
