Feggy Ostrosky: Dentro de Asesinos Seriales

162

Feggy Ostrosky ha dedicado su vida a explorar los rincones más oscuros de la mente humana, especialmente en el ámbito de los asesinos seriales. Como neuropsicóloga pionera, su trabajo revela cómo el cerebro puede albergar horrores inexplicables y, al mismo tiempo, abrir puertas a la empatía. En México, donde la violencia parece un ciclo interminable, figuras como Feggy Ostrosky ofrecen una luz científica para entender y, quizás, prevenir tales atrocidades. Su enfoque en la neuropsicología forense ha permitido desentrañar casos que han marcado la crónica roja del país, mostrando que detrás de cada crimen hay un desequilibrio químico o una herida profunda en el tejido neuronal.

La Trayectoria de Feggy Ostrosky en la Neuropsicología

Desde su juventud, Feggy Ostrosky sintió una fascinación irrefrenable por el cerebro humano. En la Facultad de Psicología de la UNAM, comenzó a observar cómo se procesa el dolor, un tema que la llevaría directamente al corazón de la criminalidad. Su curiosidad la impulsó a colocarse electrodos en la cabeza de criminales para medir respuestas emocionales como el miedo, el enojo y la alegría. Lo que descubrió fue alarmante: en muchos asesinos seriales, el dolor ajeno no activa las alarmas cerebrales que debería. Esta ausencia de empatía natural es el sello distintivo de la psicopatía, un trastorno que Feggy Ostrosky clasifica en dos tipos principales: la congénita y la adquirida.

Psicopatía Congénita: El Caso del Caníbal de Atizapán

Uno de los casos más estremecedores que Feggy Ostrosky analizó fue el de Andrés Mendoza, conocido como el Caníbal de Atizapán. Este hombre no solo abusaba y asesinaba a sus víctimas, sino que las consumía, un acto de crueldad sin aparente motivación externa. A través de sus estudios, Feggy Ostrosky determinó que su psicopatía era congénita, resultado de una desregulación química en el cerebro que no se explicaba por traumas infantiles evidentes. En sus investigaciones, colocó electrodos para monitorear las respuestas neuronales, revelando cómo la falta de serotonina y dopamina en equilibrio podía transformar a una persona en un depredador sin remordimientos. Este descubrimiento subraya la importancia de la neuropsicología forense en la comprensión de asesinos seriales, permitiendo intervenciones tempranas que podrían salvar vidas.

La psicopatía congénita, según Feggy Ostrosky, se manifiesta desde temprana edad y resiste tratamientos convencionales. En su laboratorio de la UNAM, ella y su equipo han mapeado estas anomalías, mostrando que el cerebro de estos individuos no procesa el sufrimiento de otros como una amenaza. Es un vacío neuronal que los aísla de la humanidad compartida, convirtiéndolos en máquinas de destrucción. Sin embargo, Feggy Ostrosky no se detiene en el diagnóstico; busca soluciones, explorando cómo estimular áreas cerebrales para fomentar una empatía adquirida, aunque sea simulada.

Psicopatía Adquirida: La Historia de La Mataviejitas

En contraste, la psicopatía adquirida surge del odio acumulado, como en el caso de Juana Barraza Samperio, apodada La Mataviejitas. Esta mujer, responsable de al menos 16 asesinatos de personas mayores y dos intentos más, fue una víctima convertida en victimaria. Feggy Ostrosky, convocada hace dos décadas por el entonces jefe de Gobierno Alejandro Encinas, se adentró en su mente para entender el origen de su furia. Descubrió que el maltrato infantil extremo, perpetrado por su propia madre, había forjado un cerebro vengativo. En sus fantasías, las víctimas representaban a esa figura materna odiada, un ciclo de violencia que Feggy Ostrosky describe como una herida neuronal profunda.

Trabajando en los reclusorios de la Ciudad de México, Feggy Ostrosky enfrentó la desconfianza inicial de Barraza, un reflejo de su estructura mental fracturada. Mediante electroencefalogramas, midió cómo el enojo activaba regiones específicas, pero la empatía permanecía dormida. Este caso ilustra cómo el trauma puede reconfigurar el cerebro, convirtiendo el dolor en un arma. Feggy Ostrosky enfatiza que entender estos patrones es crucial para romper el ciclo, especialmente en un país como México, donde la violencia doméstica es endémica.

Descubrimientos Científicos sobre Empatía y Violencia

El trabajo de Feggy Ostrosky trasciende los casos individuales; se adentra en la posibilidad de enseñar empatía al cerebro. En su laboratorio, ha estudiado a niños en albergues víctimas de abuso extremo, diseñando programas de intervención cognitiva. Estos programas ayudan a identificar emociones como el miedo, la tristeza y la angustia, haciendo que el cerebro vuelva a sentir lo que la vida les arrebató. Aunque no curan por completo, logran una conciencia emocional que previene la escalada hacia la violencia. Feggy Ostrosky ha publicado más de treinta libros y 350 artículos científicos sobre estos temas, consolidándose como una autoridad en neuropsicología.

El Rol de los Químicos Cerebrales en la Criminalidad

Central en las investigaciones de Feggy Ostrosky es el equilibrio químico del cerebro. Explica que una cantidad exacta de dopamina y serotonina es esencial: exceso de dopamina lleva a esquizofrenia con alucinaciones y voces; su déficit causa Parkinson y problemas motores. Con la serotonina, la baja provoca depresión severa, mientras que el exceso puede inclinar hacia la criminalidad. En asesinos seriales, estos desbalances explican la frialdad emocional. Feggy Ostrosky ha demostrado que preguntas simples, como “imagínate que te está pasando a ti”, activan áreas de empatía simulada, un avance en la terapia cognitiva.

Estos hallazgos tienen implicaciones globales, pero en México, donde la investigación carece de financiamiento, el impacto es limitado. Feggy Ostrosky lamenta que programas preventivos en niños de 6 a 10 años, etapa clave para moldear el cerebro, no se implementen a gran escala. Su laboratorio en la UNAM es un oasis de innovación, formando a la próxima generación de científicos que podrían reducir la incidencia de asesinos seriales mediante empatía adquirida.

El Legado Personal y Profesional de Feggy Ostrosky

Más allá de la ciencia, Feggy Ostrosky equilibró su carrera con la maternidad. Madre de tres hijos —Alejandro, Alan y Arela—, amamantó a cada uno durante nueve meses y los llevaba al trabajo, con una secretaria ayudando en reuniones. Esta dualidad le generó culpa, pero también orgullo, demostrando que la neuropsicología no es incompatible con la vida familiar. Sus mayores logros, dice, son sus alumnos, quienes continúan iluminando los misterios del cerebro humano.

En un país marcado por la inseguridad, el enfoque de Feggy Ostrosky en la neuropsicología forense ofrece esperanza. Al mirar dentro de asesinos seriales, no solo explica el horror, sino que propone caminos para la redención neuronal. Sus estudios sobre intervención cognitiva podrían transformar albergues en espacios de sanación, previniendo que víctimas se conviertan en verdugos.

La labor de Feggy Ostrosky resuena en conversaciones recientes, como en el podcast Pioneras de MILENIO, donde compartió anécdotas de sus electrodos en cráneos criminales y el desafío de equilibrar lactancias con experimentos. Fuentes como reportajes en Milenio destacan cómo su convocatoria por autoridades locales abrió puertas a análisis profundos de casos emblemáticos.

Además, publicaciones académicas en revistas especializadas respaldan sus clasificaciones de psicopatía, mostrando que la distinción entre congénita y adquirida no es solo teórica, sino práctica para políticas de prevención. En entrevistas pasadas, Feggy Ostrosky ha enfatizado la necesidad de más laboratorios como el suyo en la UNAM para fomentar investigaciones que salven vidas.