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Desapariciones en Ajusco: Madres mapean la montaña

Desapariciones en Ajusco, Ciudad de México, se han convertido en una tragedia silenciosa que azota la serranía boscosa de esta región. Las madres buscadoras, impulsadas por un dolor inquebrantable, han tomado la iniciativa de mapear meticulosamente la montaña del Ajusco para desentrañar los secretos ocultos en sus veredas y barrancas. Esta labor, que combina intuición, perseverancia y un profundo sentido de justicia, revela un territorio marcado por la violencia, donde el crimen organizado opera con impunidad y las autoridades parecen mirar hacia otro lado. En un contexto donde las cifras oficiales superan las 6,400 personas desaparecidas en la CDMX desde el año 2000, el Ajusco emerge como un epicentro de horror, con Tlalpan concentrando cientos de casos no resueltos. Estas mujeres, lejos de esperar milagros institucionales, recorren el Parque Nacional Cumbres del Ajusco, un área que debería ser sinónimo de ecoturismo y paz natural, pero que en realidad alberga cementerios clandestinos y rutas de trata de personas.

El mapeo de la montaña por parte de estas madres no es un mero ejercicio cartográfico; es una estrategia de supervivencia y denuncia. A través de brigadas colectivas, colocan "buzones de paz" en iglesias y puntos estratégicos para recolectar tips anónimos sobre posibles sitios de ocultamiento. Estas acciones han permitido identificar polígonos de alto riesgo, como el Llano de Vidrio, una barranca profunda y aislada donde se han encontrado restos óseos fragmentados. Las desapariciones en Ajusco no discriminan: jóvenes en festivales de música, excursionistas en senderos, corredores matutinos o residentes de pueblos originarios como San Miguel Ajusco y Santo Tomás Ajusco. La impunidad reina en esta zona limítrofe entre CDMX, Estado de México y Morelos, donde disputas por tierras se entremezclan con tala ilegal y actividades delictivas. Mientras tanto, el gobierno local anuncia planes quinquenales y comisiones de búsqueda, pero las madres buscadoras coinciden en que estas medidas suenan a promesas vacías, sin impacto real en la realidad del terreno.

El testimonio desgarrador de las madres buscadoras en el Ajusco

María del Carmen Volante Velázquez encarna el rostro de la resistencia en medio de las desapariciones en Ajusco. Su hija, Pamela Gallardo Volante, de 23 años, vanished el 5 de noviembre de 2017 tras asistir a un festival en el kilómetro 13.5 de la carretera Picacho-Ajusco. Desde ese día fatídico, María ha liderado cientos de batidas en la serranía, inicialmente con familiares y amigos, y luego integrándose a colectivos como Hasta Encontrarles CDMX, que fundó en 2019. "Cada año le decimos, 'eres presente, aquí te amamos, te esperamos con los brazos abiertos'", relata María al celebrar el cumpleaños de Pamela el 7 de septiembre, cortando un pastel en su honor. Su mapeo intuitivo ha cartografiado veredas olvidadas y barrancas traicioneras, guiada por tips que revelan casas de seguridad y puntos de control inexistentes.

Otra voz clave es la de Jaqueline Palmeros, cuya hija Jael Monserrat Uribe Palmeros desapareció el 24 de julio de 2020 en Iztapalapa, pero cuyos restos fueron localizados en el Llano de Vidrio en noviembre de 2024. Fundadora del colectivo Una Luz en el Camino, Jaqueline describe el Ajusco como un laberinto de horror: "Voy a ser una persona que nunca abandonaré el Ajusco, definitivamente. Por lo menos hasta encontrar la verdad". Su investigación personal, basada en denuncias anónimas vía redes sociales, ha expuesto al menos seis células criminales operando en la zona, incluyendo bandas transfronterizas. El hallazgo de solo el 20% de los restos de Monserrat, en un ataúd blanco durante una ceremonia en la Glorieta de las Mujeres que Luchan, subraya la crudeza de estas búsquedas. "Porque solo nosotras te encontramos", rezaba el arreglo floral, un grito de auxilio contra la indiferencia oficial.

Patrones de violencia: Cementerios clandestinos en la serranía

Las desapariciones en Ajusco siguen patrones alarmantes: cuerpos fragmentados en zonas de difícil acceso, como el Mirador de Topilejo o el Centro de Educación Ambiental Ecoguardas. El Llano de Vidrio, identificado desde 2014 como un "cementerio clandestino" ligado a la banda Los Camacho, es un ejemplo paradigmático. En 2014, el entonces jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera prometió patrullajes del Ejército y Policía Federal, pero las desapariciones no cesaron. Hoy, las madres buscadoras continúan excavando en estas áreas, recuperando restos óseos que la Fiscalía Especializada en Desaparecidos analiza con lentitud exasperante. Casos como el de Margarita Carmona, de 17 años, desaparecida en julio de 2019 en Santo Tomás Ajusco, ilustran la intuición que guía estas labores: una brigada siguió una mariposa hasta hallar su cráneo y vértebras, un hallazgo que impulsó la red de buzones de paz.

El impacto en pueblos originarios y la impunidad rampante

En los pueblos originarios del Ajusco, como San Miguel Topilejo con 15 casos o San Andrés Totoltepec con 11, las desapariciones en Ajusco erosionan el tejido social. Estas comunidades, ricas en tradiciones y biodiversidad, sufren la invasión urbana y la depredación ambiental, agravadas por el crimen organizado. Rosalinda Cázares, madre de Leonardo Sandoval Cázares, desaparecido en mayo de 2022, esperó hasta noviembre de 2025 para una ceremonia de despedida tras identificar restos en el límite con Tlalpan. La falta de señal telefónica y alumbrado en rutas como la Ciclovía Ferrocarril de Cuernavaca facilita los ocultamientos, convirtiendo la montaña en un aliado involuntario de los delincuentes.

Recientemente, el caso de Ana Amelí García Gámez, de 19 años, desaparecida el 12 de julio de 2025 durante un senderismo en el Pico del Águila, ha movilizado brigadas masivas. María del Carmen se sumó de inmediato: "La búsqueda será también para Ana Amelí. Porque, si la encontramos, ¿para quién va a ser? Para todos". A pesar de un despliegue de más de 100 elementos oficiales bajo presión mediática, no hay avances. Semanas después, María Isabella Orozco Lozano, de 16 años, vanished el 2 de septiembre en San Miguel Xicalco, y Luis Óscar Ayala García, de 48 años, el 16 de septiembre cerca del Pico del Águila, donde solo se halló su vehículo. Estos incidentes recientes intensifican la urgencia del mapeo, revelando cómo el Ajusco se ha transformado en un depósito de ausencias.

Desafíos institucionales: Planes que no aterrizan

La creación de la Comisión de Búsqueda de Personas en junio de 2019 y la Fiscalía Especializada en 2018 prometían cambio, pero las madres buscadoras las tildan de burocracia ineficaz. En abril de 2025, la jefa de gobierno presentó un plan quinquenal con "modelos de búsqueda generalizada", pero para Jaqueline, es "nada nuevo". La destitución de Enrique Camargo en julio de 2025 y el nombramiento de Luis Gómez Negrete no han alterado la realidad: plantones por cancelaciones de búsquedas y brigadas regionales que recuperan restos sin identificar, como los seis óseos en la Quinta Brigada. "¿Qué están ocultando, que hay detrás de las desapariciones del Ajusco?", cuestiona Jaqueline, demandando justicia contra prófugos y mayor vigilancia.

Las desapariciones en Ajusco no son aisladas; forman parte de una crisis nacional que exige atención inmediata. Estas madres, con sus mapas improvisados y corazones rotos, iluminan un camino que las instituciones evaden. Su labor, aunque agotadora, ha permitido recuperar fragmentos de verdad en medio del caos. Mientras el sol se pone sobre la serranía, ellas persisten, recordándonos que la memoria no se entierra tan fácilmente como los cuerpos.

En conversaciones informales con activistas locales, se menciona que reportes del Registro Nacional de Personas Desaparecidas actualizados al 30 de septiembre de 2025 confirman las altas cifras en Tlalpan. Además, detalles sobre brigadas pasadas han sido compartidos en asambleas de colectivos como Hasta Encontrarles, donde se discuten tips anónimos recolectados en buzones de paz.

Por otro lado, relatos de madres como Rosalinda Cázares, recogidos en ceremonias comunitarias del noviembre de 2025, destacan la lentitud del Semefo de Xalatlaco en identificaciones. Finalmente, anuncios gubernamentales sobre planes quinquenales, filtrados en ruedas de prensa de abril de 2025, contrastan con la percepción de las buscadoras en foros independientes.

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