Caída del Cártel de Tláhuac marca un hito en la lucha contra el crimen organizado en la Ciudad de México. Esta organización, nacida en las sombras de la alcaldía Tláhuac, ha sido desmantelada paso a paso gracias a operaciones coordinadas de las autoridades. El linaje de su fundador, Felipe Pérez Luna, alias El Ojos, se extingue con las recientes detenciones que han dejado al grupo sin sus figuras clave. Desde su apogeo en 2017, cuando El Ojos fue abatido en un enfrentamiento con la Secretaría de Marina, el cártel ha intentado sobrevivir bajo el mando de familiares y aliados cercanos. Sin embargo, el efecto dominó de capturas en septiembre y octubre de 2024 ha puesto fin a esa resistencia, dejando un territorio vulnerable a nuevas disputas.
El Cártel de Tláhuac emergió como una fuerza temida en la zona sur de la capital, controlando la venta de droga en colonias como La Conchita, Del Mar y Miguel Hidalgo. Su poder radicaba en una red familiar que facilitaba la lealtad y la discreción. Tras la muerte de El Ojos, su exesposa María de los Ángeles Ramírez, conocida como El Gela, asumió el liderazgo. Bajo su dirección, el grupo no solo mantuvo el narcotráfico, sino que expandió prácticas como la extorsión a comerciantes locales, generando un clima de terror en las comunidades. Las autoridades estiman que al menos 50 puntos de venta operaban bajo su influencia, inyectando violencia y miedo en el día a día de los habitantes.
Operaciones Policiales que Desarticularon el Cártel de Tláhuac
La serie de detenciones que precipitaron la caída del Cártel de Tláhuac comenzó el 10 de septiembre de 2024. En la colonia Agrícola Metropolitana, la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) capturó a Miguel, alias El Miguelón, un sicario de confianza desde los inicios del grupo. Este operador entregaba directamente las ganancias a El Gela, asegurando el flujo de recursos para la estructura criminal. Su arresto reveló conexiones profundas con la familia Pérez Luna, exponiendo la fragilidad de la red una vez que se ataca a sus engranajes financieros.
Ocho días después, el 18 de septiembre, otra intervención en la colonia Miguel Hidalgo resultó en la detención de Juan Carlos ‘N’, alias El Ramiro o El Ramirín, junto con su pareja Karla Gabriela ‘N’. Encontrados en posesión de droga y un arma de fuego, estos individuos eran pilares de la facción Los Felipillos, nombrada en honor al hijo de El Ojos. El Ramiro, cuñado del fundador y tío de uno de sus hijos, coordinaba actos de intimidación que mantenían a raya a la competencia y a los disidentes. Videos de cámaras de seguridad capturaron uno de estos episodios: una camioneta con más de diez hombres irrumpiendo en un domicilio de la colonia Zapotitlán para exigir pagos de extorsión.
El Ramiro y las Amenazas del Cártel de Tláhuac
El Ramiro no era un desconocido para las autoridades. Previamente encarcelado en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente por extorsión, había obtenido libertad condicional y firmaba periódicamente ante las instancias judiciales. Sin embargo, su libertad le permitió continuar entregando dinero a Verónica Soto, alias Verito, esposa de Luis Felipe Pérez Flores, El Felipillo. Este último, hijo de El Ojos, opera desde una prisión en Michoacán, donde enfrenta cargos por homicidio, cohecho, narcomenudeo y portación ilegal de armas. Desde su celda, El Felipillo supervisa puntos clave en colonias como La Estación y Zapotitla, demostrando cómo el Cártel de Tláhuac se adaptaba incluso tras rejas.
La captura de El Gela en Pachuca, Hidalgo, junto a su hija Samantha Pérez, alias La Sam, actuó como catalizador. Esta detención no solo removió a la líder suprema, sino que abrió la puerta a confesiones que guiaron operaciones posteriores. La exesposa de El Ojos había heredado no solo el mando, sino también la astucia para evadir a las fuerzas del orden durante años. Su caída, en coordinación con la Fiscalía General de Justicia (FGJ) de la Ciudad de México, subraya la importancia de la inteligencia policial en la lucha contra el narcotráfico.
La Última Heredera: Detención de Liliana Pérez en la Caída del Cártel de Tláhuac
El golpe definitivo llegó el 3 de octubre de 2024, cuando la FGJ detuvo a Liliana Pérez, alias La Voz, en Cuautla, Morelos. Hija directa de Felipe Pérez Luna, La Voz era la última heredera del linaje familiar en el Cártel de Tláhuac. Desde abril de ese año, las autoridades ofrecían 500 mil pesos por información que facilitara su captura, reconociendo su rol central en la distribución de estupefacientes. Bajo órdenes de su madre, supervisaba las cuentas de al menos 50 puntos de venta, con énfasis en los más lucrativos del mercado de Agrícola Metropolitana y la calle Jenufa en Miguel Hidalgo.
La detención de La Voz no fue un evento aislado, sino el cierre de un ciclo de operaciones que comenzaron meses atrás. Fuentes de la SSC indican que su arresto ha dejado al cártel sin dirección clara, forzando a remanentes a reorganizarse o huir. Pablo Velázquez, secretario de Seguridad Ciudadana, destacó en redes sociales la vinculación de estos capturados con células generadoras de violencia, particularmente en la colonia Del Mar, donde la venta de narcóticos ha sido un problema endémico.
Testimonios de Víctimas Bajo el Yugo del Cártel de Tláhuac
El impacto humano de la caída del Cártel de Tláhuac se refleja en los relatos de quienes sufrieron su dominio. Un comerciante de la colonia Miguel Hidalgo, que prefirió el anonimato, describió a un medio local cómo sicarios liderados por El Ramiro irrumpieron en su hogar en Zapotitlán. Armados y agresivos, patearon la puerta, agredieron a la familia y robaron dinero, bolsas e incluso croquetas para perros. Gritaban insultos y exigían 65 mil pesos iniciales más 5 mil mensuales para "dejarlos vivir tranquilos". El grupo se identificaba con Los Felipillos, advirtiendo que cualquier denuncia resultaría en represalias fatales.
Este no es un caso aislado. Comerciantes de la zona reportan que tales extorsiones son rutina, pero el miedo a la "gente equivocada" disuade las denuncias. El Ramiro, conocido por su brutalidad, se jactaba de tener protectores en la policía y el gobierno, lo que amplificaba el terror. Con su captura, surge una esperanza cautelosa entre los residentes, aunque persiste la inquietud por posibles venganzas de facciones residuales.
La desarticulación del Cártel de Tláhuac ilustra los desafíos persistentes en la seguridad capitalina. Aunque el linaje de El Ojos ha terminado, el vacío dejado por su caída podría invitar a otros grupos a disputar el territorio. Autoridades federales y locales coordinan esfuerzos para prevenir esto, monitoreando movimientos en Tláhuac y áreas adyacentes. La inteligencia recolectada de los detenidos, incluyendo confesiones sobre rutas de droga y redes financieras, servirá para futuras operaciones.
En el contexto más amplio del narcotráfico en México, esta victoria resalta la efectividad de enfoques integrales que combinan vigilancia tecnológica con trabajo de campo. Cámaras de seguridad, como las que capturaron el asalto en Zapotitlán, han sido cruciales en la identificación de sospechosos. Además, la recompensa por La Voz demostró que incentivos ciudadanos pueden romper el silencio impuesto por el miedo.
Expertos en seguridad pública coinciden en que la caída del Cártel de Tláhuac no es el fin de la violencia, sino un paso hacia la estabilización. Comunidades como La Conchita y Del Mar, antaño bastiones del grupo, ahora ven patrullajes intensificados. Sin embargo, la reconstrucción social requerirá más que arrestos: programas de apoyo a víctimas y prevención del reclutamiento juvenil son esenciales para romper el ciclo.
Como se detalla en reportajes recientes de medios nacionales, estas operaciones se basaron en evidencias recopiladas por investigadores independientes que siguieron el rastro de las extorsiones. Además, declaraciones de testigos protegidos, similares a las compartidas en publicaciones locales, han corroborado los vínculos familiares dentro del cártel. Finalmente, actualizaciones de perfiles oficiales en redes sociales de las secretarías involucradas confirman el impacto de estas detenciones en la reducción de incidentes violentos en la alcaldía.


