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Caso New’s Divine: voces del operativo fallido

Caso New's Divine sigue resonando en la memoria colectiva de la Ciudad de México como un símbolo de negligencia y represión policial que dejó cicatrices imborrables. El 20 de junio de 2008, un operativo policiaco en la discoteca New's Divine, ubicada en la colonia Nueva Atzacoalco de la alcaldía Gustavo A. Madero, se convirtió en tragedia cuando elementos del Mando Único del Sistema de Coordinación Policial y la Secretaría de Seguridad Pública irrumpieron en busca de irregularidades como la venta de drogas y alcohol a menores. Lo que debía ser una inspección rutinaria derivó en el hacinamiento de más de 100 jóvenes, resultando en la muerte de 12 personas —nueve adolescentes y tres policías— por asfixia, además de decenas de heridos graves. Este incidente, conocido como el caso New's Divine, expone las fallas estructurales en los protocolos de seguridad y el uso excesivo de la fuerza por parte de autoridades que, en lugar de proteger, generaron pánico y caos.

El caos del operativo policiaco en New's Divine

El caso New's Divine inició como una tardeada juvenil en la discoteca, un espacio popular entre adolescentes de la zona norte de la capital. Alrededor de las 5 de la tarde, más de 300 jóvenes disfrutaban de música y baile cuando el anuncio de un desalojo por parte del dueño, Alfredo Maya, alteró la normalidad. Maya, según testimonios, activó las bocinas prometiendo entrada gratis para la siguiente semana, pero la situación escaló con la llegada abrupta de decenas de policías. Estos bloquearon la única salida del local, creando un pasillo angosto sin ventilación adecuada, donde el hacinamiento se volvió letal. Testigos describen cómo los oficiales empujaron y golpearon a los asistentes, usando gases lacrimógenos que provocaron tos, desorientación y una estampida desesperada.

En el corazón del caso New's Divine, las voces de las sobrevivientes pintan un panorama de horror sistemático. Verónica, una de las asistentes junto a su hermana Diana, relató cómo intentó regresar por su amiga Isis Gabriela Tapia, de apenas 16 años, solo para recibir un golpe de un oficial que la lanzó al suelo. Isis falleció afuera del antro con evidentes huellas de golpes, mientras Rafael Morales, otro amigo del grupo, sucumbió tras ser agredido brutalmente. "Los paramédicos no la quisieron atender", recordó Verónica con amargura, destacando la indiferencia inicial de las autoridades de salud. Otro testimonio clave vino de Caterine, quien vio de primera mano cómo policías cerraban la puerta de salida y lanzaban gases, sellando el destino de quienes quedaban atrapados en el interior. "Todos se estaban empujando, había policías golpeando a jóvenes y mujeres", dijo, evocando el pánico que se apoderó del lugar en minutos.

Testimonios que denuncian la represión en el caso New's Divine

Las secuelas físicas y emocionales del caso New's Divine se manifiestan en historias como la de Jessica y Jennifer, dos hermanas que asistieron a la tardeada y terminaron con lesiones irreversibles. Jennifer quedó con muerte cerebral y secuelas permanentes que la obligaron a depender de cuidados constantes, mientras Jessica sufrió estallamiento de vísceras y parálisis facial. Su madre, Claudia Martínez Alcalá, no solo lidió con el trauma médico, sino con el maltrato verbal de policías y personal de salud, quienes les echaban la culpa a las familias. "Nos decían que era nuestra culpa por tener hijos lacras, que los niños se lo merecían", confesó Martínez, ilustrando la deshumanización que permeó el operativo fallido.

Sandra Berenice Sánchez Coronel, otra testigo ocular, describió escenas de violencia gratuita: un oficial pateando a personas ya heridas en el suelo, mientras el rescate tardaba en llegar. El informe de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM) confirmó estas denuncias, revelando que el salvamento demoró 15 minutos en iniciarse y las ambulancias otros 15 en arribar al sitio. Peor aún, se priorizó la atención a los policías lesionados sobre las víctimas civiles, un detalle que agrava la percepción de impunidad en el caso New's Divine. Videos de la época capturan el desorden, como un paramédico gritando "¡No me subas ni uno! ¿Abajo, eh? ¡Abajo!", al arrojar a Jennifer al suelo en lugar de auxiliarla.

Consecuencias judiciales y el legado de negligencia

A nivel judicial, el caso New's Divine ha sido un laberinto de justicia a medias. Alfredo Maya, el propietario del establecimiento, fue el único sentenciado con 24 años y 9 meses de prisión por corrupción de menores, pero obtuvo su libertad en septiembre de 2022 tras un proceso controvertido. En contraste, figuras de alto perfil como Marcelo Ebrard, entonces jefe de Gobierno, y Joel Ortega, secretario de Seguridad Pública, evadieron responsabilidades significativas. Acusaciones contra mandos medios se desmoronaron en los tribunales, dejando un vacío legal que alimenta el descontento público. Este desenlace resalta las grietas en el sistema de accountability para operativos policiacos, donde la cadena de mando parece blindada contra el escrutinio.

Hoy, el sitio del antiguo New's Divine en la avenida Eduardo Molina es solo un recuerdo demolido, reemplazado por una estación del Metrobús que lleva su nombre como improvisado memorial. Sin embargo, el caso New's Divine trasciende lo físico para convertirse en un llamado a la reforma en materia de seguridad juvenil. Expertos en derechos humanos señalan que incidentes similares subrayan la necesidad de protocolos claros que eviten el uso desmedido de la fuerza, especialmente en entornos recreativos frecuentados por menores. La lentitud en el rescate, combinada con agresiones reportadas como robos de celulares y dinero durante el caos, pinta un retrato de abuso de poder que no ha sido erradicado en la capital.

Lecciones del caso New's Divine para la seguridad actual

A 17 años de distancia, el caso New's Divine sirve como espejo para evaluar avances —o retrocesos— en las políticas de seguridad de la CDMX. Mientras la ciudad ha visto modernizaciones en su sistema de transporte y vigilancia, persisten dudas sobre la preparación de las fuerzas del orden en escenarios de multitudes. Organizaciones civiles argumentan que la falta de ventilación en el local y el bloqueo de salidas violaban normas básicas de evacuación, fallas que las autoridades ignoraron en su afán por una redada rápida. Este enfoque punitivo, en lugar de preventivo, perpetúa un ciclo de desconfianza entre la juventud y las instituciones.

En retrospectiva, el caso New's Divine no solo es una crónica de pérdida, sino un recordatorio de cómo un operativo mal planeado puede escalar a dimensiones catastróficas. Las familias afectadas continúan buscando cierre, con demandas pendientes que cuestionan la indemnización adecuada y el reconocimiento oficial de las víctimas. Mientras tanto, sobrevivientes como Verónica y Claudia Martínez impulsan narrativas que humanizan el suceso, transformando el dolor en advocacy por mejores estándares de protección.

Es en este contexto donde detalles como los reportados por la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México cobran relevancia, ofreciendo un análisis detallado de las demoras en el rescate que podría haber salvado vidas. De igual modo, testimonios recopilados en informes periodísticos de la época, como los de Milenio, capturan la crudeza de las declaraciones de paramédicos y testigos, elementos que siguen circulando en debates sobre responsabilidad policial. Finalmente, el legado judicial, documentado en fallos accesibles a través de archivos públicos, ilustra cómo la liberación prematura de implicados como Alfredo Maya en 2022 reaviva el debate sobre equidad en la justicia mexicana.

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