El Oso reabre tras desalojo en CDMX: un nuevo comienzo

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La emblemática empresa El Oso, conocida por sus productos para el cuidado del calzado, ha marcado un hito al anunciar que continuará sus operaciones tras un controversial desalojo en su fábrica de la Ciudad de México. Este suceso, ocurrido en enero de 2025, generó revuelo en la opinión pública debido a las circunstancias que rodearon el operativo y las acusaciones de la empresa contra el crimen organizado y presuntas irregularidades. Sin embargo, El Oso ha demostrado resiliencia al trasladar sus operaciones a una nueva sede en la alcaldía Iztapalapa, asegurando la continuidad de su legado centenario en el mercado mexicano.

Fundada en 1918 por Prisciliano Pérez Buenrostro, El Oso se ha consolidado como un referente en la producción de grasa y productos para el cuidado del calzado. Con más de un siglo de historia, la empresa ha mantenido su compromiso con la calidad, ofreciendo artículos que han acompañado a generaciones de mexicanos. El desalojo de su fábrica en la colonia Portales Sur, alcaldía Benito Juárez, fue un golpe inesperado. Según reportes, el operativo se llevó a cabo el 17 de enero de 2025, bajo una orden judicial que desató críticas por la forma en que se ejecutó. Videos difundidos en redes sociales mostraron cómo pertenencias de la empresa fueron sacadas a la vía pública, lo que derivó en actos de rapiña por parte de transeúntes.

El Oso no se quedó de brazos cruzados ante esta adversidad. En un comunicado emitido tras el desalojo, la empresa denunció haber sido víctima de extorsiones por parte del crimen organizado, así como de prácticas desleales y presunta corrupción de autoridades. Estas acusaciones encendieron el debate sobre la seguridad y el apoyo al sector productivo en la Ciudad de México. La empresa afirmó que el desalojo no solo representó una invasión a su patrimonio, sino también una afectación a sus más de 150 empleados, muchos de ellos adultos mayores y personas con discapacidad, quienes forman parte del compromiso social de El Oso.

A pesar de las dificultades, la empresa ha dado un paso adelante al anunciar la reubicación de sus operaciones. Claudia Meza, representante de El Oso, confirmó que la fábrica no ha cerrado, sino que ahora operará desde una nueva sede en Iztapalapa. Este movimiento estratégico permitirá a la empresa retomar la producción y distribución de sus productos, que incluyen ceras, aceites y cepillos para el cuidado del calzado. La nueva planta, según Meza, comenzará a operar plenamente a partir de febrero de 2025, con el objetivo de volver a posicionar los productos de El Oso en los anaqueles de supermercados y tiendas a nivel nacional.

El proceso de recuperación no ha estado exento de obstáculos. A finales de febrero de 2025, trabajadores de El Oso lograron acceder a la antigua fábrica en Portales Sur para retirar maquinaria y materiales, tras una orden judicial emitida por el Juzgado 11 de lo Civil. Sin embargo, la empresa enfrentó resistencias, como el intento de imponer un pago de 100 mil pesos por el uso de energía eléctrica para operar la maquinaria durante el retiro de insumos. Este tipo de prácticas ha sido señalado por los representantes legales de El Oso como un intento de obstaculizar la recuperación de sus bienes, lo que refuerza las acusaciones de irregularidades en el proceso.

El impacto económico del desalojo fue significativo. Según estimaciones de la empresa, las pérdidas ascienden a más de 20 millones de pesos, incluyendo mercancía, equipo y dinero en efectivo sustraído durante el operativo. A pesar de estas adversidades, El Oso ha mantenido su compromiso con sus empleados, asegurando que ninguno de los más de 170 trabajadores ha sido despedido. Esta postura refleja el carácter familiar y social de la empresa, que ha sido dirigida por tres generaciones de la familia Pérez, actualmente bajo el liderazgo de Alberto Pérez Lozano, nieto del fundador.

La historia de El Oso es un ejemplo de resiliencia empresarial en un contexto adverso. La empresa, que comenzó como una visión innovadora de Prisciliano Pérez Buenrostro, inspirada en un oso polar del Zoológico de Chapultepec, ha sabido adaptarse a los retos del mercado mexicano. Su compromiso con la inclusión, al emplear a personas con discapacidad, y su enfoque en la calidad han consolidado su lugar como una marca emblemática. La reubicación a Iztapalapa representa una oportunidad para modernizar sus procesos y fortalecer su presencia en el mercado, manteniendo viva la tradición que ha caracterizado a El Oso durante más de un siglo.

El caso de El Oso también ha abierto un debate sobre las condiciones que enfrentan las empresas mexicanas frente a la inseguridad y los conflictos legales. La falta de claridad en torno a las razones del desalojo, sumada a las denuncias de extorsión, ha generado cuestionamientos sobre el papel de las autoridades en la protección del sector productivo. La empresa ha presentado denuncias ante la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México por robo, abuso de autoridad y privación ilegal de la libertad, buscando justicia y reparación del daño causado durante el operativo.

La comunidad y los trabajadores de El Oso han expresado su apoyo a la empresa, destacando su importancia cultural y económica. La fábrica, que produce más de 12 mil piezas diarias, ha sido reconocida con premios como la Charola de Plata en 2022, lo que subraya su relevancia en el ámbito empresarial. La transición a la nueva sede en Iztapalapa es vista como un paso hacia la recuperación, pero también como un mensaje de resistencia frente a las adversidades.

Diversos reportes han señalado que el desalojo se originó por un conflicto de arrendamiento entre particulares, aunque las acusaciones de extorsión y corrupción han añadido controversia al caso. Voces cercanas al asunto han indicado que el operativo se llevó a cabo sin el cumplimiento de todas las formalidades legales, lo que ha motivado a la empresa a buscar un amparo para revisar las irregularidades. Mientras tanto, la alcaldía Benito Juárez se ha deslindado de cualquier participación en el operativo, asegurando que ningún elemento de su seguridad estuvo involucrado.

La Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, por su parte, ha sostenido que su intervención se limitó a acompañar al actuario que ejecutó la orden judicial. Estas declaraciones han sido recibidas con escepticismo por parte de la empresa y sus simpatizantes, quienes exigen mayor transparencia en el caso. La situación de El Oso pone de manifiesto los desafíos que enfrentan las empresas mexicanas en un entorno donde la inseguridad y los conflictos legales pueden impactar significativamente su operación.

El futuro de El Oso luce prometedor a pesar de los retos. La empresa ha reafirmado su compromiso con sus clientes y empleados, asegurando que seguirá siendo un pilar en la industria del cuidado del calzado. Con una nueva sede en Iztapalapa y una historia de más de 100 años, El Oso está listo para escribir un nuevo capítulo en su legado, demostrando que, incluso en tiempos difíciles, la perseverancia y la calidad pueden prevalecer.