Consagración de la primavera

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Alabada sea tu alba carne, mi telúrica. Bendito el tuyo vientre que me consume. El centro sin centro de tu cuerpo, una esfera que lentamente nos llueve. Unidos por lo frágil me conmueve la suave trama de tu piel.
En la lenta corrupción de las horas, la soledad y su húmedo poso de caricias nos callan. Eres agua y de agua me cubres. El hombre cuando ama se lamenta, sabe a lloro el llanto de su delicado afán. Alabada sea tu alba carne al mediodía.
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UMH
Apasionado del mundo del entretenimiento, este autor explora todo lo relacionado con anime, series, películas y videojuegos, ofreciendo análisis, reseñas y recomendaciones para mantener a los lectores al día con lo más destacado del ocio digital y la cultura pop.