Canción a los elementos

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A Moraima de Semprún Donahue
Muchacha, Alberta, extrae la poesía de los átomos.
Descubre, por ejemplo, las notas del canto del agua,
porque en cada gota, el agua es vida de un mar,
de un gigante verde, de tigres veloces,
de pueblos peregrinos, guerreros e ilusos;
y porque decir agua es casi beber,
y en su ínfimo y transparente grano
vives la humedad perfecta del engendro,
un beso líquido de amante y madre.
Cristaliza, luego, una mariposa capturada al azar
para que poseas en las manos más que alas
de un tiempo o de un espacio pasajero,
y recojas un vuelo que siga volando
en los ojos y en los versos libres del aire.
Di, muchacha, todo y sin esfuerzo;
como cuando pronuncias el aire
y respiras la libertad que también es un átomo.
Si las musas del siglo XXI
inspiraran los laboratorios amarrillentos de poetas
para que descifren en deliciosos zumbidos
su belleza meritoria
el servicio absoluto
de estos incondicionales elementos
acaso podríamos darles las gracias
como se merecen.
Las gracias son como los besos
y el beso una manera de recordar.
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