La música vuelve a ser luz, y la poesía
sentido inefable. La sencillez es lo último:
no se puede empezar por el final.
Chopin
Si has tenido la audacia
de visitarme en sueños,
tu presencia será sin fin.
La luna se alimenta
de los tiempos perdidos:
compases entre vida y muerte.
Padre nuestro que estás
en el silencio, danos hoy
la melodía nuestra.
La página se enciende
sin haber yo tocado
ni color ni instrumento.
La danza de las horas
cultivo. Quien escucha
cosecha la armonía.
Sin escribir libreto,
la música consigue que la vida
reconozca su esencia.
La bitonalidad, un sueño
endémico en el mundo:
el mundo es atonal.
En la disonancia del siglo
prolifera el milagro
de un acorde feliz.
El Dador de alisios y céfiros
no se hace de rogar
por un
encore
de gracia.
Dijo el piano a la mano
fugitiva:
Abandónate
y mis secretos cantaré.
Partiste antes de haber
nacido. He ahí la orfandad
de cuando estoy despierta.
Nueva lección de enarmonía:
en la vida, presencia
suena igual que en la muerte.
sentido inefable. La sencillez es lo último:
no se puede empezar por el final.
Chopin
Si has tenido la audacia
de visitarme en sueños,
tu presencia será sin fin.
La luna se alimenta
de los tiempos perdidos:
compases entre vida y muerte.
Padre nuestro que estás
en el silencio, danos hoy
la melodía nuestra.
La página se enciende
sin haber yo tocado
ni color ni instrumento.
La danza de las horas
cultivo. Quien escucha
cosecha la armonía.
Sin escribir libreto,
la música consigue que la vida
reconozca su esencia.
La bitonalidad, un sueño
endémico en el mundo:
el mundo es atonal.
En la disonancia del siglo
prolifera el milagro
de un acorde feliz.
El Dador de alisios y céfiros
no se hace de rogar
por un
encore
de gracia.
Dijo el piano a la mano
fugitiva:
Abandónate
y mis secretos cantaré.
Partiste antes de haber
nacido. He ahí la orfandad
de cuando estoy despierta.
Nueva lección de enarmonía:
en la vida, presencia
suena igual que en la muerte.
