sábado, marzo 7, 2026
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Tron: Ares, el fiasco luminoso que decepciona

Tron: Ares llega a los cines como una promesa de luces neón y motos voladoras, pero termina siendo un chasco total que deja al público con la boca abierta por las razones equivocadas. Imagínate esperar una aventura de ciencia ficción que te vuele la cabeza, y en cambio te encuentras con un reciclaje aburrido de ideas viejas, envuelto en un paquete caro que no justifica ni un céntimo de su presupuesto de 180 millones de dólares. Desde el primer minuto, Tron: Ares te mete en su mundo digital, pero en lugar de innovar como lo hizo la original en los 80, opta por el camino fácil: repetir lo mismo de siempre con un toque de IA que ni asusta ni emociona. Es como si Disney hubiera dicho "hagamos una secuela porque sí", y el resultado es un batacazo en taquilla que solo recaudó 60 millones en su estreno, lejos de los 80 que esperaban. Tron: Ares no es solo una película mala; es el símbolo de cómo las franquicias se comen a sí mismas hasta quedarse sin jugo.

La historia de Tron: Ares: un guion perezoso y predecible

¿Por qué Tron: Ares falla en lo básico?

Vamos al grano: la trama de Tron: Ares es un lío incoherente que pretende hablar de inteligencia artificial, pero se queda en la superficie como un salvapantallas de los 90. La cosa va de Eve Kim, una programadora interpretada por Greta Lee, que quiere revivir a su hermana muerta a través de un código digital. Su némesis es Julian Dillinger, un tipo con planes turbios que suelta a Ares, una IA encarnada en Jared Leto, para conquistar el mundo real. Suena a potencial blockbuster de ciencia ficción, ¿verdad? Pues no. Tron: Ares toma un tema candente como la IA y lo convierte en un cliché del "robot que quiere ser humano", sin meterse en el barro de las implicaciones reales. Es predecible desde el minuto uno: persecuciones, explosiones y un final que resuelve todo con una facilidad que da risa. Los críticos lo han clavado: es un guion perezoso que prioriza las luces bonitas sobre cualquier sustancia, como si el equipo de guionistas hubiera copiado y pegado de un manual de blockbusters genéricos.

Y no es que falten ideas; Tron: Ares las roza, pero las abandona como si quemaran. Habla de ética digital, de cómo las máquinas podrían superarnos, pero luego glorifica la tecnología corporativa que las crea. ¡Contradicción total! Es como si la película quisiera criticar a Disney mientras cobra por sus entradas. En una era donde la ciencia ficción debería cuestionar nuestro futuro con ChatGPT y robots por todos lados, Tron: Ares se conforma con patearnos la cara con nostalgia vacía. No innova, no arriesga; solo repite el ciclo de motos con haces de luz y discos voladores que ya vimos en Legacy, esa secuela descafeinada del 2010 que tampoco levantó cabeza. Tron: Ares es el día de la marmota de la franquicia: lo mismo, pero con más CGI y menos alma.

Actuaciones en Tron: Ares: Jared Leto en piloto automático

El casting de Tron: Ares, un error tras otro

Si la historia es floja, las actuaciones en Tron: Ares la hunden del todo. Jared Leto, que se supone es la estrella como Ares, la IA malvada, anda por ahí con una cara de póker que parece salida de un anuncio de colonia. Está en piloto automático total, recitando líneas como si estuviera leyendo el guion en voz alta. ¿Carisma inhumano? Más bien apatía robótica, y no del tipo intencional. Leto ha hecho cosas potentes antes, pero aquí se pierde en un personaje que no da para más: un villano genérico que quiere dominar el mundo porque… ¿por qué no? Tron: Ares le da un cuerpo físico a la IA, pero ni con eso logra que sientas amenaza o empatía. Es un desperdicio, puro y duro.

El resto del reparto no salva el barco. Greta Lee como Eve intenta ser la heroína dura, y oye, se defiende en las escenas de acción, pero el guion no le da profundidad; es solo una chica lista con traumas familiares que resuelve todo con un código mágico. Jodie Turner-Smith como Athena, la guardiana digital, brilla un rato con su presencia, pero la dejan de lado como un accesorio. Evan Peters como Dillinger es el típico empresario malote, y Jeff Bridges reaparece como Kevin Flynn en un cameo que sabe a refrito nostálgico sin gracia. En Tron: Ares, nadie conecta emocionalmente; todos parecen peones en un videojuego mal programado. Es cine corporativo puro: caras conocidas para vender entradas, pero sin chispa ni riesgo. Si buscas actuaciones que te muevan, pasa de Tron: Ares; te vas a aburrir como una ostra.

Aspectos visuales y acción en Tron: Ares: luces que ciegan, pero no iluminan

¿Es Tron: Ares un festín para los ojos o un espejismo?

Aquí viene lo que algunos defienden: los efectos visuales de Tron: Ares. Sí, las motos luminosas zumbando por calles neón y los paisajes digitales son un derroche caro que impresiona en pantalla grande. La dirección de Joachim Rønning mete un ritmo frenético en las persecuciones, con haces de luz cortando el aire como cuchillos. La banda sonora de Nine Inch Nails, con su techno industrial, pega como un puñetazo y le da un pulso electrónico que por momentos te engancha. Pero, ¿sabes qué? Es todo superficie. Tron: Ares usa esos visuals como cortina de humo para tapar lo vacío por dentro. Esas secuencias de acción son tan emocionantes como otra pelea de sables láser en Star Wars: predecibles, ruidosas y sin stakes reales.

Los neones palpitan, los trajes brillan, pero después de cinco minutos, cansas. Tron: Ares no expande la estética ochentera; la repite hasta el hastío, como un remix malo de Daft Punk sin el alma. Y el presupuesto de 180 millones se nota en cada frame pulido, pero ¿para qué? Para un espectáculo que se olvida al salir del cine. En una franquicia que nació innovando con CGI primitivo, Tron: Ares debería haber volado la cabeza con algo nuevo sobre IA visual; en cambio, es un parque temático digital que glorifica lo viejo mientras el mundo real avanza. Acción sin corazón, visuals sin frescura: eso resume Tron: Ares.

El batacazo en taquilla de Tron: Ares: adiós a la franquicia

Tron: Ares y su fracaso comercial: lecciones duras

No es solo opinión mía; los números no mienten. Tron: Ares se estrelló en taquilla con solo 60 millones globales en su debut, cuando Disney soñaba con 90. En EE.UU., 33 millones; internacional, 27. Para un blockbuster de ciencia ficción con Jared Leto de gancho, es un chasco monumental. Comparado con Legacy, que hizo 400 millones a la larga, esto pinta a fracaso rotundo. ¿Razones? Un público harto de secuelas recicladas, críticas tibias que la llaman "contenido fácil de tragar" y una campaña que prometía más de lo que daba. Tron: Ares no conectó con los fans nostálgicos ni atrajo a nuevos; es el clavo en el ataúd de una saga que ya cojeaba.

Este fiasco dice mucho de Hollywood: invierten fortunas en IP muertas por miedo a lo nuevo. Tron: Ares pudo ser una reflexión fresca sobre IA en 2025, pero eligió la comodidad, y el público lo castigó. Olvídate de Tron 4; tardarán una década en resucitar esto, si es que lo hacen. Es deprimente ver cómo una idea visionaria como la original se convierte en este esperpento corporativo.

Conclusión: Tron: Ares, una decepción que duele

Al final, Tron: Ares es el ejemplo perfecto de cómo una franquicia pierde su chispa: luces brillantes que ocultan un vacío negro. Podría haber innovado, cuestionado nuestra adicción a la tecnología, pero se conformó con ser un caramelito visual para devotos. Si eres fan acérrimo, ve por la nostalgia; si no, ahorra el dinero. Tron: Ares decepciona en historia, actuaciones y frescura, y su batacazo en taquilla es el veredicto final. Una lástima, porque el potencial estaba ahí, enterrado bajo capas de pereza creativa.

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CALIFICACION

Historia / Guion
Actuación
Dirección / Producción
Música / Banda sonora
UMH
UMH
Apasionado del mundo del entretenimiento, este autor explora todo lo relacionado con anime, series, películas y videojuegos, ofreciendo análisis, reseñas y recomendaciones para mantener a los lectores al día con lo más destacado del ocio digital y la cultura pop.