sábado, marzo 7, 2026
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Eddington: Sátira salvaje de Ari Aster

Eddington arranca con un pueblo perdido en Nuevo México, en pleno 2020 y con la pandemia azotando por todos lados. Imagínate un rincón olvidado donde el sheriff Joe Cross, un tipo terco y sin máscara que parece sacado de un mal sueño, choca de frente con el alcalde Ted García, un político que quiere modernizar el lugar con un centro de datos pero huele a corrupción desde lejos. Eddington no es solo un sitio; es un espejo roto de lo que pasa en Estados Unidos, con Eddington mostrando cómo la gente se divide por tonterías como redes sociales, conspiraciones y peleas políticas que terminan en caos total. Ari Aster, el director que nos dio sustos con Hereditary y Midsommar, aquí se lanza a una comedia negra que te hace reír y pensar al mismo tiempo, aunque a veces te deja con la boca abierta por lo loco que se pone todo.

Eddington: Un pueblo que explota tensiones americanas

En Eddington, el sheriff interpretado por Joaquin Phoenix es el corazón del lío. Este hombre, que odia las reglas de la pandemia y defiende su pequeño reino con uñas y dientes, termina enfrentándose no solo al alcalde, sino a todo un pueblo que hierve de rencores viejos. Eddington captura esa sensación de encierro que todos sentimos en 2020, pero lo lleva al extremo: protestas por Black Lives Matter, grupos de conspiranoicos que ven fantasmas en cada esquina y una polarización que hace que vecinos se conviertan en enemigos. La película usa Eddington como un escenario perfecto para diseccionar cómo Estados Unidos se partió en dos, con la izquierda hipócrita y la derecha fanática bailando al son de las redes. Es como si Aster hubiera tomado un puñado de noticias reales y las hubiera metido en una licuadora para escupir esta sátira sociopolítica que duele de lo certera que es.

Lo que más engancha de Eddington es cómo empieza despacio, como un drama de pueblo polvoriento, y luego explota en una segunda mitad llena de violencia y absurdo. Piensa en un western moderno, pero en lugar de cowboys heroicos, tienes a gente patética luchando por nada. Eddington no te da héroes; todos son un desastre, desde el sheriff megalómano hasta el alcalde que promete progreso pero solo busca su bolsillo. Y en medio de eso, temas como el racismo sistémico y la manipulación por las élites salen a flote sin piedad, haciendo que Eddington se sienta como un puñetazo al estómago de la realidad post-pandemia.

La dirección de Ari Aster en Eddington

Ari Aster sabe cómo meterte en su mundo, y en Eddington lo hace con un toque de locura que recuerda a sus mejores trabajos. Empieza con un ritmo calmado, casi como si estuvieras viendo un Lynch cualquiera, con paisajes desérticos que te envuelven y diálogos que suenan a charlas de bar. Pero luego, Aster suelta las riendas y Eddington se convierte en un torbellino de comedia negra y acción desquiciada. No hay piedad: critica a todos, desde los progres que fingen ser santos hasta los conservadores que viven en su burbuja de mentiras. Eddington brilla por esa ambición kamikaze, donde Aster no se corta un pelo y deja que el caos fluya, aunque a veces parezca que se pasa de rosca. La fotografía de Darius Khondji ayuda un montón, con esos encuadres que hacen que Eddington parezca un viejo western revivido, pero con el hedor de la era Trump flotando en el aire.

Lo que hace única a Eddington es cómo Aster usa el género para burlarse de vicios americanos. No es terror puro como en sus películas anteriores, sino una sátira que pica y duele, mostrando cómo las pantallas y las fake news nos han convertido en marionetas. Eddington te obliga a cuestionar todo, y aunque el metraje se alarga un poco –dos horas y media que a veces se sienten eternas–, el crescendo final es tan brutal que vale la pena aguantar. Aster confirma que es un director que no se conforma; en Eddington, arriesga y, aunque no siempre sale perfecto, te deja pensando en la deriva de la sociedad mucho después de los créditos.

Actuaciones estelares en Eddington

Joaquin Phoenix se roba la pantalla en Eddington como el sheriff Joe Cross. Este actor, que ya nos ha dado personajes inolvidables, aquí saca una vis cómica sorprendente: es patético, megalómano y a la vez hilarante, como un Dustin Hoffman en modo villano de pueblo. Phoenix hace que sientas lástima y risa al mismo tiempo por este hombre que se cree el rey de Eddington, negándose a la pandemia y metiéndose en líos por orgullo. Su cara a cara con Pedro Pascal es de los momentos top, un duelo que empieza tenso y termina en absurdo total.

Pedro Pascal, como el alcalde Ted García, es otro highlight en Eddington. Lo ves como un tipo ambicioso, con esa sonrisa que esconde corrupción, y Pascal le da un carisma que te hace odiarlo y admirarlo a partes iguales. En Eddington, su personaje representa esa política falsa que promete centros de datos y progreso, pero solo para llenarse los bolsillos. Emma Stone, como la esposa del sheriff, añade profundidad emocional; su rol está ligado a un pasado traumático con embarazos y abortos que sale a la luz en el caos de Eddington, y Stone lo maneja con una intensidad que te llega al alma. Hay otros como Austin Butler en un cameo conspiranoico o Deirdre O’Connell como la suegra dura, pero Phoenix, Pascal y Stone elevan Eddington a otro nivel. El elenco hace que Eddington no sea solo una sátira, sino un drama humano lleno de grietas.

Temas sociopolíticos en Eddington

Eddington no se anda con chiquitas cuando toca la fibra de Estados Unidos. La película muestra cómo la pandemia sacó lo peor: polarización política que divide familias, movimientos como MAGA y QAnon que envenenan mentes, y Black Lives Matter chocando contra policías racistas. En Eddington, todo explota en un pueblo que intenta revivir su gloria minera con tecnología, pero termina siendo un campo de batalla de ideas tóxicas. Aster satiriza la posverdad, donde todos viven en su realidad alternativa, y las élites manipulan con centros de datos que suenan a SolidGoldMagikarp, un nombre que ya te dice lo ridículo del asunto.

Lo genial de Eddington es que no toma partido; critica a izquierda y derecha por igual. Los progres hipócritas que protestan pero no cambian nada, los conservadores paramilitares que ven enemigos en todas partes –Eddington los pone a todos en el mismo saco de locos. Y en medio, la paranoia de las redes sociales, con gurús como los de QAnon predicando conspiraciones. Eddington se siente hermanada con películas como Civil War, pintando un futuro donde la democracia se desmorona por estupideces. Es una disección cruda de la enfermedad americana, con toques de western que ridiculizan valores viejos en un mundo nuevo y roto.

Por qué ver Eddington ahora

Si buscas algo ligero, Eddington te va a decepcionar; es densa, incómoda y te hace reflexionar sobre el desastre que es la sociedad actual. Pero si te gustan las sátiras que pegan fuerte, como las de los hermanos Coen o incluso Beau tiene miedo del mismo Aster, Eddington es un must. Tiene momentos de comicidad intermitente que te sacan carcajadas, como un enfrentamiento épico al ritmo de Katy Perry, y un tercer acto desquiciado que te deja boquiabierto. Claro, no es perfecta: a veces se alarga y repite chistes hasta que cansan, y la crueldad hacia los personajes puede ser demasiado nihilista, sin darte un respiro emocional. Pero en un año como 2025, con el mundo aún lamiéndose las heridas de la pandemia y las divisiones, Eddington llega como una bomba que explota verdades incómodas.

En resumen, Eddington es la película de Ari Aster que confirma su talento para el caos controlado. Con un elenco de lujo y una visión corrosiva de Estados Unidos, Eddington te entretiene mientras te hace cuestionar todo. Si vas al cine, prepárate para salir cambiado; Eddington no es solo entretenimiento, es un espejo que duele mirar.

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CALIFICACION

Historia / Guion
Actuación
Dirección / Producción
Música / Banda sonora
UMH
UMH
Apasionado del mundo del entretenimiento, este autor explora todo lo relacionado con anime, series, películas y videojuegos, ofreciendo análisis, reseñas y recomendaciones para mantener a los lectores al día con lo más destacado del ocio digital y la cultura pop.