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El Exorcista: Creyente, un terror que divide almas

El Exorcista: Creyente llega a las pantallas como un viejo conocido que regresa con promesas de escalofríos inolvidables, pero ¿realmente logra despertar el mismo pavor que su predecesora de los setenta? Esta película, dirigida por David Gordon Green, intenta revivir la saga con una historia fresca sobre posesiones demoníacas en el mundo actual, donde dos chicas inocentes se convierten en el blanco de fuerzas oscuras. Desde el primer minuto, El Exorcista: Creyente te mete en la piel de un padre angustiado, Victor Fielding, interpretado por Leslie Odom Jr., que ve cómo su hija y su amiga desaparecen en el bosque y regresan cambiadas, hablando en lenguas extrañas y con ojos que parecen ventanas al infierno. No es solo un cuento de demonios; es un paseo por la fe, el miedo y lo que significa creer cuando todo se desmorona. Si buscas una review honesta, aquí va: El Exorcista: Creyente tiene momentos que te dejan sin aliento, pero también tropieza en su afán por ser moderna, dejando un sabor agridulce que divide a los fans del terror sobrenatural.

La trama de El Exorcista: Creyente arranca con un prólogo en Haití que te pone los pelos de punta, recordándonos que el mal no tiene fronteras. Victor, un viudo que ha criado solo a su hija Angela, enfrenta lo impensable cuando las niñas vuelven del bosque con marcas raras y comportamientos que desafían la lógica. Llaman a la puerta de Chris MacNeil, la icónica Ellen Burstyn de la original, ahora convertida en una especie de gurú espiritual que ha pasado años investigando posesiones. Juntos, arman un equipo improbable: curanderos, pastores y hasta una enfermera escéptica, todos tratando de unir fuerzas contra el demonio. Lo que más engancha de El Exorcista: Creyente es cómo explora la idea de que la fe no es solo católica; mezcla santería, protestantismo y hasta ateísmo en un ritual colectivo que se siente caótico pero real. No es la típica historia de un cura solitario; aquí el exorcismo es un lío comunitario, con vecinos rezando y gritando mientras las chicas levitan y escupen verdades horribles. Si te gustó el drama humano de la primera, esta película te va a atrapar con sus giros emocionales, aunque a veces parezca que quiere abarcar demasiado y termina diluyendo el susto.

Actuaciones que brillan en El Exorcista: Creyente

Hablando de lo que salva a El Exorcista: Creyente de caer en el olvido total, las actuaciones son el corazón latiendo de esta cinta. Leslie Odom Jr. se come la pantalla como Victor, un tipo común que pasa de ser un padre protector a un guerrero desesperado, con miradas que transmiten más terror que cualquier efecto especial. Su química con Lidya Jewett, que da vida a Angela, es desgarradora; ves cómo la niña se transforma de dulce a aterradora, y te duele el alma. Olivia Marcum como Katherine no se queda atrás, aportando una vulnerabilidad que hace que sus escenas de posesión duelan de verdad. Y qué decir de Ellen Burstyn: a sus ochenta años, regresa como Chris con una sabiduría rota que eleva todo. No es solo nostalgia; su personaje cuestiona la fe de una manera que te hace reflexionar sobre tus propias creencias. Ann Dowd, como la enfermera Deirdre, añade un toque de escepticismo genial, recordándonos que en el mundo real, no todos compran lo sobrenatural de entrada. En esta crítica, tengo que decir que El Exorcista: Creyente brilla cuando se centra en estos humanos frágiles, no en los demonios. Odom Jr. merecía más close-ups, porque su dolor es lo que te mantiene pegado al asiento.

El terror sobrenatural en El Exorcista: Creyente

Ahora, vayamos al grano del género: ¿da miedo El Exorcista: Creyente? Bueno, depende de qué busques. Si esperas los jumpscares baratos de las pelis modernas, aquí hay unos cuantos que te hacen saltar del sofá, como cuando las chicas empiezan a hablar al revés o a contornearse de formas imposibles. Pero el verdadero terror sobrenatural viene de lo sutil: las sombras en la casa, los susurros en la noche, esa sensación de que algo antiguo acecha en lo cotidiano. David Gordon Green, el mismo que revivió Halloween, sabe construir atmósfera; la banda sonora con ecos de Tubular Bells te eriza la piel desde el trailer. Sin embargo, en esta película, el demonio se siente más como un invitado molesto que como una fuerza apocalíptica. Hay guiños a la original, como la tipografía o frases clave, pero no logran el impacto visceral de Friedkin. El exorcismo final es un torbellino de gritos y oraciones en varios idiomas, con toques de gore que algunos aman y otros odian por ser demasiado gratuitos. Para mí, El Exorcista: Creyente captura ese escalofrío de lo inexplicable, pero le falta la profundidad teológica que hacía al original una experiencia transformadora. Es terror para la era TikTok: rápido, intenso, pero efímero.

Comparada con la original, El Exorcista: Creyente

No se puede hablar de esta película sin ponerla al lado de la bestia de 1973. El Exorcista: Creyente quiere ser una secuela directa, ignorando las malas entregas intermedias, y eso es valiente. La original era un estudio sobre la pérdida de la inocencia y la batalla entre ciencia y fe, con Regan convirtiéndose en símbolo de lo prohibido. Aquí, con dos chicas poseídas, amplían el tema a la diversidad cultural, mostrando cómo el mal afecta a comunidades enteras. Pero donde Friedkin usaba el realismo para aterrorizar –recuerda las vómitos y la cabeza giratoria–, Green opta por un enfoque más coral que a veces se siente disperso. El Exorcista: Creyente no revoluciona el género como su antecesora; es más bien un puente nostálgico, con cameos que emocionan pero no innovan. En críticas como las de Espinof o Fotogramas, se menciona esa decepción por no capturar la magia pura, y coincido: falta esa crudeza que te dejaba temblando días después. Aun así, en un panorama de secuelas olvidables, El Exorcista: Creyente al menos intenta algo nuevo, como unir religiones en el ritual, lo que le da un aire inclusivo que la original no tenía.

Dirección y estilo visual de El Exorcista: Creyente

David Gordon Green firma una dirección sólida en El Exorcista: Creyente, con un ritmo que alterna calma tensa y explosiones de caos, similar a sus Halloween. Las tomas en el bosque son hipnóticas, con niebla y sonidos que te envuelven, y el clímax en la casa es un festival visual de luces parpadeantes y cuerpos contorsionados. La fotografía captura esa suburbia americana que esconde horrores, haciendo que tu propio barrio parezca sospechoso. Pero hay fallos: algunos efectos CGI en las posesiones se ven baratos, como si el presupuesto se hubiera ido en marketing. El montaje es dinámico, cortando entre perspectivas para aumentar la paranoia, y la música minimalista amplifica los silencios. En esta review, aplaudo cómo Green humaniza el horror, enfocándose en reacciones reales –lágrimas, dudas, abrazos– en vez de solo sangre. No es perfecta, pero su estilo hace que El Exorcista: Creyente sea una experiencia inmersiva, ideal para ver en grupo y debatir después si el demonio existe o no.

Conclusión: ¿Vale la pena ver El Exorcista: Creyente?

Al final del día, El Exorcista: Creyente es una película que honra su legado sin eclipsarlo, un terror sobrenatural que entretiene pero no redefine el género. Tiene corazón en sus personajes, sustos que funcionan y un mensaje sobre unir creencias en tiempos divididos que resuena hoy. Si eres fan acérrimo, ve por la nostalgia y las actuaciones; si buscas algo innovador, quizás te deje con ganas de más. En mi crítica, le doy un aprobado raspado: da miedo, emociona y provoca charlas eternas, pero no llega al Olimpo de la original. El Exorcista: Creyente nos recuerda por qué amamos el cine de posesiones: porque nos obliga a mirar adentro, a cuestionar qué haríamos si el mal toca nuestra puerta. No es la peor secuela, ni la mejor, pero en un año lleno de reboots, esta al menos intenta creer en sí misma.

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