jueves, marzo 19, 2026
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Desencantada: ¿Vuelve la magia o se apaga el cuento?

Desencantada llega a nuestras pantallas como esa secuela que todos esperábamos desde hace años, trayendo de vuelta a Giselle y su mundo de cuentos que se mezcla con la realidad cotidiana. Si recuerdas la primera película, donde Amy Adams nos enamoró con su dulzura de princesa perdida en Nueva York, esta entrega promete más de lo mismo: canciones pegajosas, bailes locos y un toque de humor que hace que te sientas como en un sueño despierto. Pero, ¿realmente Desencantada logra revivir esa chispa o se queda en un intento a medias? Después de ver cómo ha sido recibida en varios rincones de la web, te cuento mi visión en esta reseña, donde exploramos si vale la pena darle play en Disney+ o si mejor nos quedamos con el recuerdo del original.

La trama de Desencantada: De cuento a suburbio gris

Desencantada arranca quince años después de los eventos de Encantada, con Giselle y Robert (Patrick Dempsey) lidiando con la vida familiar en un barrio suburbano que parece sacado de una postal aburrida. La princesa de Andalasia ya no es tan ingenua; ahora enfrenta el rol de madrastra con la hija de Robert, Morgan, que entra en esa etapa rebelde de la adolescencia. Todo se complica cuando un hechizo equivocado transforma su nuevo hogar en una versión mágica pero caótica, obligando a Giselle a cuestionar si su final feliz fue tan feliz después de todo. La historia juega con esa idea de qué pasa cuando el "y vivieron felices para siempre" choca contra las facturas, las discusiones y las dudas diarias. Es un giro interesante, porque Desencantada no solo repite fórmulas, sino que se atreve a mostrar a sus personajes crecidos, con arrugas emocionales incluidas.

Lo que más me gustó de la trama es cómo Desencantada equilibra el mundo animado de Andalasia con el realismo neoyorquino. Hay momentos en que el pueblo entero se convierte en un escenario de cuento, con castillos flotantes y animales parlanchines, recordándonos por qué amamos estas películas Disney en primer lugar. Sin embargo, no todo es color de rosa; la película se enreda un poco con subtramas que no terminan de cuajar, como el triángulo amoroso forzado o las aventuras secundarias de los vecinos. Aun así, Desencantada mantiene un ritmo que te engancha, especialmente si eres fan de las comedias familiares que no se toman demasiado en serio.

Reparto estelar en Desencantada: Amy Adams brilla sola

Hablando de lo que hace que Desencantada valga la pena, el reparto es el corazón latiendo de esta producción. Amy Adams regresa como Giselle con una energía que parece inagotable; su sonrisa radiante y esa voz que pasa de inocente a poderosa en un segundo la convierten en la reina indiscutible. Verla cantar y bailar mientras lidia con sus inseguridades es como un bálsamo para el alma, y Desencantada le da espacio para mostrar capas más profundas de su personaje. Patrick Dempsey, el eterno galán, aporta esa calidez de esposo confundido que siempre ha manejado tan bien, aunque su rol se siente un poco en segundo plano esta vez.

Luego están los secundarios que roban escenas: James Marsden como el príncipe Edward, siempre tan torpe y encantador, y la nueva adición de Gabriella Baldacchino como Morgan, que captura perfecto ese caos hormonal de la juventud. Maya Rudolph entra como la antagonista, una madrastra malvada con toques de comedia, pero hay quienes dicen que no llega al nivel icónico de la bruja de la primera entrega. Aun con eso, el ensemble de Desencantada funciona porque todos parecen disfrutar el rodaje, y esa química se nota en pantalla. Es como reunirse con viejos amigos para una fiesta, aunque la resaca emocional sea un poquito más fuerte de lo esperado.

Canciones y música: El alma musical de Desencantada

Si hay algo que define a Desencantada, son sus números musicales, que intentan capturar esa esencia de Broadway que hizo famosa a Encantada. Alan Menken vuelve a la carga con melodías que se pegan como chicle, desde baladas emotivas sobre la maternidad hasta coros grupales que llenan la pantalla de color. Hay una escena en particular, donde Giselle y Rudolph se enfrentan en un duelo de canciones, que es puro fuego y te deja con ganas de aplaudir desde el sofá. Desencantada no escatima en coreografías elaboradas, con bailes que mezclan lo animado y lo live-action de forma fluida, recordándonos por qué los musicales Disney son adictivos.

Pero no todo es un hit parade. Algunas pistas se sienten repetitivas, como si la película quisiera meter canción tras canción sin dar respiro, y eso puede cansar si no estás en mood total. Comparado con el original, Desencantada tiene menos momentos memorables que te hacen tararear por días, pero gana en diversidad emocional: hay temas sobre el paso del tiempo y la resiliencia que resuenan de verdad. Si te gustan las bandas sonoras que cuentan historias, esta entrega te va a conquistar, aunque no al nivel de un clásico instantáneo.

¿Fortalezas y debilidades? Lo que hace única a Desencantada

Desencantada tiene fortalezas claras que la salvan de ser solo un filler nostálgico. Primero, su mensaje sobre la vida real versus el ideal romántico: en un mundo donde todos fingimos tenerlo todo resuelto en redes, ver a Giselle tropezar y levantarse es refrescante y relatable. La animación es top, con transiciones suaves entre mundos que te sumergen sin esfuerzo, y el humor familiar, lleno de guiños a otros cuentos Disney, mantiene el tono ligero. Además, Desencantada toca temas como la presión de la perfección materna de forma honesta, sin caer en lo cursi extremo.

En el lado de las debilidades, la película peca de ambiciosa: quiere abarcar demasiado, desde romance hasta aventura mágica, y algunas partes se sienten forzadas. El villano no aterroriza tanto como antes, y hay un par de giros predecibles que quitan sorpresa. Aun así, Desencantada no pretende reinventar la rueda; es una continuación divertida que celebra sus raíces mientras evoluciona un poquito. Para familias con niños, es oro puro: risas garantizadas y lecciones sutiles sobre aceptación.

¿Vale la pena ver Desencantada en 2025?

Mirando hacia atrás, Desencantada se siente como un abrazo cálido a la infancia, pero con un toque adulto que la hace crecer. No es perfecta, y quizás no supere el encanto puro de Encantada, pero ofrece una hora y media de escapismo puro en tiempos donde lo necesitamos más que nunca. Si estás en una racha de películas feel-good, dale una chance; Amy Adams sola justifica el botón de play. Desencantada podría no ser el blockbuster que soñábamos, pero es un recordatorio de que los cuentos evolucionan, igual que nosotros. En resumen, ve por la nostalgia y quédate por las sonrisas que deja.

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UMH
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Apasionado del mundo del entretenimiento, este autor explora todo lo relacionado con anime, series, películas y videojuegos, ofreciendo análisis, reseñas y recomendaciones para mantener a los lectores al día con lo más destacado del ocio digital y la cultura pop.