Futbolista América Eduardo Bacas vivió uno de los momentos más angustiantes de su vida durante el terremoto de 2017 en México, cuando presenció cómo su nieta Julieta emergía de entre los escombros del Colegio Enrique Rébsamen. Aquel 19 de septiembre, la tierra se sacudió con una magnitud de 7.1 grados, dejando un rastro de destrucción en la Ciudad de México y cobrando la vida de 369 personas, entre ellas 19 niños en esa escuela privada de la colonia Narvarte. Como campeón con las Águilas del América en la década de los 70, Bacas, quien formaba parte de la generación dorada que levantó trofeos en la Liga MX, se encontró de frente con el horror de ver colapsar un edificio donde su familia confiaba la educación de la pequeña. Esta experiencia personal se entrelaza con la historia del fútbol mexicano, marcado por desastres naturales que han puesto a prueba la resiliencia de sus figuras.
El terremoto de 2017 no fue un evento aislado en la memoria colectiva de México; revivió los ecos del devastador sismo de 1985, que azotó con 8.0 grados y causó miles de muertes. Para jugadores como Bacas, estos eventos han transformado la percepción del riesgo sísmico en el deporte. Mientras el país se recuperaba, el fútbol continuó como un bálsamo social, con la Liga MX reanudando partidos rápidamente para unir a la nación. Bacas, con su trayectoria en el Club América, donde disputó finales inolvidables y celebró títulos que aún se recuerdan en los anales del balompié azteca, encontró en esa noche de pánico una lección de vida que trasciende los gramados. Su nieta, de apenas unos años en ese entonces, se convirtió en un símbolo de supervivencia, recordándonos cómo el fútbol y la tragedia se entretejen en la identidad mexicana.
El impacto del terremoto en la Ciudad de México
La capital mexicana, con su historia de vulnerabilidad tectónica, vio cómo el Colegio Enrique Rébsamen se convertía en epicentro de la tragedia. Construido sobre un terreno irregular y con irregularidades estructurales denunciadas previamente, el edificio de tres pisos se derrumbó parcialmente, atrapando a estudiantes y maestros bajo toneladas de concreto y polvo. Autoridades posteriores revelaron que el colapso se debió a construcciones ilegales en la azotea, lo que agravó el desastre. En medio de sirenas y el caos, familias como la de Bacas esperaban angustiadas noticias. El futbolista América, conocido por su tenacidad en el campo, esperó horas que parecieron eternas, hasta que vio a Julieta salir ilesa, guiada por una maestra que, en medio de la oscuridad, les indicó seguir una luz blanca al final de un pasillo improvisado.
Este suceso no solo afectó a Bacas, sino que resonó en toda la comunidad futbolística. Compañeros de generación, como Enrique Burak y Raúl Sarmiento, también compartieron sus recuerdos del sismo de 1985, cuando el miedo paralizó la preparación para el Mundial de México 86. Burak, por ejemplo, relató cómo en Televisa, donde trabajaba, el temblor los hizo caer al piso, evocando una "borrachera terrible" por la intensidad. Sarmiento, por su parte, insistió en que ningún evento posterior igualó aquel horror, aunque la influencia de figuras como Emilio Azcárraga en la Federación Mexicana de Fútbol (Femexfut) aseguró que "el show tuviera que continuar". Estos testimonios ilustran cómo el terremoto de 2017 en México reforzó la conciencia sísmica, impulsando mejoras en alertas y evacuaciones, aspectos que hoy salvan vidas en la capital.
Testimonio de supervivencia en el Colegio Rébsamen
Julieta, la nieta del futbolista América, aún recuerda con claridad los detalles de aquel día fatídico. Salían de la clase de computación cuando el suelo se movió violentamente. "Todo era polvo, no se veía nada, no podíamos respirar", narró años después, según lo compartido por su abuelo. La maestra, con instinto protector, ordenó: "Contra la pared". Luego, ante el derrumbe del segundo piso, que milagrosamente se apoyó en una camioneta negra en el estacionamiento, les indicó caminar hacia la luz. Esa salida providencial, por un hueco improvisado, permitió que Julieta y otros niños escaparan. Para Bacas, ver a su nieta emerger de los escombros fue un alivio que contrastó con la tristeza por los 26 fallecidos en el Rébsamen, incluyendo la dueña del colegio, Mónica García Villegas, quien enfrentó cargos por negligencia.
El rol de este incidente en la carrera de Bacas como futbolista América resalta la dualidad de la vida: gloria en el deporte y fragilidad ante la naturaleza. Tras el sismo, el jugador se involucró en campañas de apoyo, usando su visibilidad para promover la reconstrucción. La Liga MX, por su parte, organizó partidos benéficos que recaudaron fondos para damnificados, demostrando cómo el balompié une en crisis. Hoy, ocho años después, el sitio del Rébsamen alberga un nuevo plantel con estándares antisísmicos estrictos, un legado directo de aquella noche. Bacas, en entrevistas posteriores, enfatiza la importancia de la alarma sísmica, un avance tecnológico que, aunque no existía en 1985, ayudó en 2017 a evacuar miles.
Lecciones del terremoto de 2017 para el fútbol mexicano
El terremoto de 2017 en México no solo sacudió edificios, sino también las rutinas del deporte rey. Estadios como el Azteca, ícono del América, fueron inspeccionados rigurosamente, y la Liga MX implementó protocolos de emergencia que hoy son modelo regional. Jugadores como Bacas, con su experiencia en finales intensas, comparan la adrenalina del campo con la del sismo: impredecible, pero superable con preparación. Raúl Sarmiento, comentando la final América vs. Tampico en 1986, nota cómo incluso en remodelaciones para el Mundial, el fantasma de 1985 acechaba, con tribunas incompletas por obras apresuradas. Sin embargo, la decisión de continuar fue un acto de defiance cultural, alineado con el espíritu de "el show debe continuar" impulsado por Televisa.
Enrique Burak añade una perspectiva madura: "Ahora ya sabes que si viene un temblor fuerte, puede pasar algo grave". Esta consciencia, forjada en desastres, ha permeado el fútbol, donde entrenamientos incluyen simulacros. Para el futbolista América, el rescate de su nieta en el Colegio Enrique Rébsamen simboliza la resiliencia mexicana, un tema recurrente en la narrativa deportiva. La Federación, influida por medios y directivos, prioriza la continuidad, pero con lecciones aprendidas: desde donaciones post-sismo hasta campañas de concientización. Bacas, retirado pero activo en recuerdos, ve en Julieta, ahora adolescente, un recordatorio vivo de que la vida prevalece.
Reconstrucción y memoria colectiva
La recuperación tras el terremoto de 2017 en México involucró a todo el espectro social, con el fútbol como catalizador. Clubes como América donaron recursos y organizaron eventos solidarios, elevando el ánimo nacional. Bacas, en su rol de abuelo y exjugador, participó en foros sobre seguridad escolar, abogando por inspecciones estrictas en instituciones educativas. El caso Rébsamen, juzgado en tribunales, expuso fallas urbanas que van más allá del deporte, pero su historia personal la humanizó. Hoy, el balompié mexicano honra estos eventos con minutos de silencio en partidos conmemorativos, integrando la memoria sísmica a su calendario.
Mirando hacia el futuro, expertos en sismología destacan avances como redes de sensores que amplían el tiempo de alerta, reduciendo pánicos como el de 2017. Para figuras como Bacas, estos progresos son vitales, especialmente en una ciudad donde el fútbol y la familia conviven con el riesgo constante. La nieta Julieta, marcada pero fortalecida, representa la nueva generación que crece con mayor preparación, un puente entre el pasado traumático y un presente más seguro.
En conversaciones informales con colegas de la época, como las que Bacas ha mantenido con Raúl Sarmiento, se menciona cómo archivos de Televisa capturaron el caos de 1985, sirviendo como lección visual para documentales sobre desastres. Asimismo, reportes de la Secretaría de Educación Pública, accesibles en publicaciones oficiales, detallan las reformas post-Rébsamen que han salvado vidas en simulacros recientes. Incluso, crónicas de la Femexfut en boletines anuales resaltan cómo el deporte se adaptó, con estadios ahora equipados para emergencias, todo ello tejido en la tela de una nación que, pese a las sacudidas, avanza con determinación.
