La escalofriante leyenda de Don Bartolo: el hombre que pactó con el diablo en Querétaro

128

En las calles empedradas del Centro Histórico de Querétaro, una historia oscura ha perdurado por siglos, susurrada entre generaciones. Se trata de la leyenda de Don Bartolo el Segoviano, un hombre cuya ambición lo llevó a un pacto siniestro que marcó su destino y el de su hermana. Esta narrativa, cargada de misterio y terror, sigue intrigando a locales y visitantes que recorren la ciudad.

Don Bartolo, un acaudalado español, llegó a Querétaro a finales del siglo XVI acompañado de su hermana. Su riqueza era envidiable, pero también sospechosa. Mientras él despilfarraba monedas de oro en fastuosas fiestas, los rumores crecían: ¿cómo había amasado tal fortuna? La respuesta, según la leyenda, yacía en un oscuro acuerdo con el mismísimo diablo.

Cada año, durante su cumpleaños, Don Bartolo organizaba banquetes que reunían a la alta sociedad queretana. En cada celebración, levantaba su copa y brindaba con una frase enigmática: “Por mí, por mi hermana, mi ánima y por el 20 de mayo”. Los invitados, desconcertados, no entendían el significado de sus palabras, pero la fecha mencionada resonaría con un eco trágico.

La noche del 20 de mayo de 1701, una tormenta sacudió Querétaro. Un estruendo ensordecedor proveniente de la casa de Don Bartolo alarmó a los vecinos. Al día siguiente, al no obtener respuesta en la casona, las autoridades forzaron la entrada. Lo que encontraron fue una escena macabra que aún hoy pone la piel de gallina.

El cuerpo sin vida de la hermana de Don Bartolo yacía en el suelo, con marcas de violencia que sugerían un destino cruel. Pero lo más perturbador estaba arriba: Don Bartolo, pegado al techo, completamente carbonizado, con una expresión de horror en su rostro. Los presentes quedaron paralizados ante el hallazgo.

En el guardarropa de Don Bartolo, los investigadores encontraron un documento escalofriante: un contrato que, según se dice, sellaba su pacto con el diablo. A cambio de riquezas y poder, había ofrecido su alma y la de su hermana, con el plazo fatal del 20 de mayo de 1701. La leyenda asegura que él sabía que su fin estaba cerca, de ahí su extraño brindis.

Se dice que Don Bartolo, obsesionado con su hermana, buscó llenarla de lujos para mantenerla a su lado. Los rumores de una relación prohibida entre ambos alimentaron las habladurías de la época, añadiendo un matiz aún más sombrío a esta historia. Su ambición y excesos lo llevaron a un final trágico.

La casona de Don Bartolo, ubicada en la calle Pasteur Sur, es hoy una oficina gubernamental. Sin embargo, los trabajadores y vigilantes reportan ruidos extraños, pasos en las escaleras y apariciones que mantienen viva la leyenda. Algunos aseguran haber visto sombras o escuchado lamentos en la noche.

La historia de Don Bartolo no es solo un relato de terror; es un recordatorio de las consecuencias de la codicia desmedida. Las calles de Querétaro guardan este relato como un eco del pasado, donde el misterio y lo sobrenatural se entrelazan con la historia de la ciudad.

Aún hoy, quienes caminan por el Andador Libertad y la calle Pasteur Sur no pueden evitar mirar hacia la casona, preguntándose si el alma en pena de Don Bartolo y su hermana aún vagan por allí, atrapadas en el eco de un pacto que nunca debieron hacer.