La violencia en Sinaloa ha alcanzado niveles alarmantes, y una de sus consecuencias más impactantes es el asesinato de siete influencers en poco más de medio año. Desde septiembre de 2024, la lucha interna entre facciones del Cártel de Sinaloa ha dejado un rastro de sangre que no discrimina, afectando incluso a creadores de contenido que, por su exposición en redes sociales, se han convertido en blancos del crimen organizado.
El conflicto estalló tras la captura de Ismael “El Mayo” Zambada, líder histórico del cártel, en julio de 2024. Su detención, considerada una traición por parte de Joaquín Guzmán López, hijo de “El Chapo” Guzmán, desató una guerra entre “Los Chapitos” y “La Mayiza”. Este enfrentamiento ha generado más de mil ejecuciones violentas y 800 desapariciones forzadas en el estado, según denuncias ante la Fiscalía de Sinaloa.
Entre las víctimas se encuentra Alan Zamudio, un cantante e influencer asesinado el 17 de septiembre de 2024. Le siguió José Carlos, conocido como “El Chilango”, baleado el 19 de octubre mientras vendía dulces en Culiacán. Ambos compartían contenido sobre la vida cotidiana en Sinaloa, pero sus menciones a figuras del narcotráfico los habrían puesto en la mira.
Jesús Miguel Vivanco, alias “El Jasper”, fue encontrado muerto el 23 de noviembre con signos de tortura extrema. Semanas después, el 9 de diciembre, Leovardo Aispuro, “El Gordo Peruci”, fue asesinado frente a su casa junto a su esposa, quien resultó herida. Ambos creadores colaboraban con el conocido influencer Markitos Toys, señalado en volantes como presunto colaborador de “Los Chapitos”.
El 10 de enero de 2025, Justin Paul, “El Pinky”, fue hallado sin vida en una carretera de Culiacán, con marcas de tortura y un disparo. Un video difundido en redes lo mostró confesando, bajo coerción, haber filtrado información sobre “Los Chapitos”. Este caso intensificó el temor entre los creadores de contenido en la región.
Adal Peña, conocido como “El Tata”, fue asesinado el 23 de enero mientras hacía ejercicio en una plaza de Culiacán. Dedicado al contenido fitness, tenía más de 175 mil seguidores en TikTok. Su muerte elevó a seis el número de influencers ultimados, hasta que el 26 de marzo se reportó el asesinato de Víctor Manuel, “El Brasileño”, encontrado en un terreno baldío tras ser visto por última vez en su taller mecánico.
La violencia no solo ha segado vidas, sino que ha obligado a otros influencers, como Markitos Toys, a abandonar el país por seguridad. En noviembre de 2024, dos sucursales de un restaurante ligado a él fueron incendiadas, y en enero de 2025, la casa de sus padres fue atacada. Estos eventos reflejan la magnitud de la crisis que azota a Sinaloa.
El gobierno estatal, encabezado por Rubén Rocha Moya, ha sido duramente criticado por minimizar la situación. Sus declaraciones de que “en Sinaloa se vive perfectamente bien” contrastan con la realidad de un estado sumido en el miedo, donde incluso los creadores de contenido, figuras públicas por su presencia en redes, son víctimas de la brutalidad del crimen organizado.
Las autoridades han intensificado operativos, pero los resultados son insuficientes. La población exige respuestas y acciones concretas para frenar la ola de violencia que no da tregua. Mientras tanto, la guerra entre “Los Chapitos” y “La Mayiza” sigue cobrando vidas, dejando a Sinaloa en un estado de incertidumbre y terror.
La muerte de estos siete influencers es una muestra más de cómo la inseguridad en México se desborda, afectando a sectores que antes parecían intocables. La pregunta que queda es cuánto más tendrá que escalar esta crisis antes de que se tomen medidas efectivas para devolver la paz al estado.
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