Aprendamos historia para liberarnos de los fantasmas del pasado que aún nos atan. En una reveladora entrevista, Francisco Martín Moreno desmonta los mitos alrededor de la caída del imperio mexica, revelando verdades incómodas que han marcado la identidad nacional por siglos. Más de 500 años después de la violenta extinción de ese poderoso imperio, los mexicanos seguimos arrastrando un sentimiento de minusvalía y resentimiento, alimentado por narrativas distorsionadas que glorifican a los invasores castellanos mientras ignoran las alianzas indígenas y el devastador rol de la viruela.
El mito de la conquista unilateral
Aprendamos historia reconociendo que la toma de Tenochtitlan no fue una proeza exclusiva de Hernán Cortés y sus 450 hombres. Francisco Martín Moreno enfatiza que esta narrativa falsa ha acomplejado a generaciones enteras, haciendo creer que un puñado de españoles sometió a un imperio de millones. En realidad, Cortés forjó alianzas estratégicas con pueblos como los tlaxcaltecas, huejotzingas y chalcas, quienes veían en los extranjeros una oportunidad para liberarse del yugo opresivo del imperio mexica. Estos aliados indígenas, hartos de los tributos exorbitantes y los abusos de los recaudadores de Moctezuma, aportaron decenas de miles de guerreros al esfuerzo invasor.
Alianzas indígenas contra el imperio mexica
Aprendamos historia entendiendo el odio acumulado hacia los mexicas. Los pueblos subyugados sufrían extorsiones constantes: mujeres raptadas, alimentos confiscados, oro y plata exigidos sin piedad. Hernán Cortés, astuto observador, capitalizó este resentimiento para formar una coalición que superaba en número y motivación al ejército mexica, compuesto por 40,000 a 50,000 Caballeros Águila. Sin estas alianzas, la invasión castellana habría sido imposible, y Martín Moreno lo deja claro: no fue una conquista española, sino una rebelión indígena asistida por extranjeros.
Además, aprendamos historia considerando el contexto geográfico y cultural. Tenochtitlan, la joya del imperio mexica, era un centro de poder temido y odiado. Los mexicas practicaban sacrificios humanos a gran escala, como evidencian los tzompantlis llenos de cráneos, estructuras que hoy permanecen ocultas al público, quizás para no confrontar la brutalidad del pasado. Martín Moreno critica la ignorancia fanática que niega estos hechos, como las afirmaciones de ciertos líderes que rechazan la existencia de tales rituales, a pesar de las evidencias arqueológicas abrumadoras.
El rol decisivo de la viruela en Tenochtitlan
Aprendamos historia sin olvidar el factor sanitario que inclinó la balanza. La viruela, traída inadvertidamente por esclavos africanos en la expedición de Pánfilo de Narváez, devastó a la población indígena de Tenochtitlan. Esta enfermedad, desconocida en el Nuevo Mundo, causó una mortandad masiva, similar a la que aniquiló al 80-90% de los nativos en las Antillas. Martín Moreno sostiene que Cortés estaba al tanto del peligro, pero optó por llevar a los infectados a la capital mexica, sabiendo que el rey español no podría acusarlo de genocidio si las muertes parecían "naturales".
Impacto psicológico de la viruela
Aprendamos historia analizando cómo esta plaga no solo diezmó cuerpos, sino también espíritus. La viruela en Tenochtitlan debilitó al ejército mexica en un momento crítico, permitiendo que la coalición invasora avanzara. Sin esta crisis sanitaria, el imperio mexica podría haber resistido. Martín Moreno resalta que reconocer esto libera de complejos: no fue superioridad militar castellana, sino una combinación fatal de alianzas y enfermedad lo que selló el destino de Tenochtitlan.
En paralelo, aprendamos historia para cuestionar las figuras idealizadas. Moctezuma, retratado como un líder pasivo, permitió que Cortés residiera en el palacio de Axayácatl por 235 días, alimentando y curando a invasores y aliados. Esta inacción, que incluyó abusos sexuales y propagación de sífilis entre las mujeres mexicas, refleja una apatía que Martín Moreno compara con la actual indiferencia mexicana ante el desmantelamiento de instituciones.
Figuras clave: Cuitláhuac y Malinalli
Aprendamos historia valorando a Cuitláhuac, el hermano de Moctezuma que advirtió sobre el peligro de los invasores desde Veracruz. Como gran jerarca mexica, propuso un ataque preventivo, reconociendo que permitir su avance les daría tiempo para aliarse con enemigos del imperio. Martín Moreno lo eleva como un héroe subestimado, cuyo liderazgo en la batalla merece mayor reconocimiento en los anales históricos.
El papel de Malinalli en la invasión
Aprendamos historia desmitificando a Malinalli, conocida como La Malinche. No fue una traidora, sino una mujer esclavizada que buscaba venganza contra los mexicas por el asesinato de su padre. Como intérprete y consejera de Hernán Cortés, manipulaba traducciones para evitar confrontaciones suicidas y aconsejaba basándose en tradiciones militares indígenas. Su sueño de sacarle los ojos a Moctezuma simboliza el rencor acumulado por años de explotación.
Por otro lado, aprendamos historia escudriñando a Hernán Cortés. Martín Moreno revela sus engaños: cartas de relación llenas de mentiras, y los misteriosos envenenamientos de jueces enviados por el rey Carlos V para investigarlo. Dos grupos de magistrados murieron sospechosamente, protegiendo los secretos de Cortés y asegurando que su versión de los hechos prevaleciera.
Paralelismos con el México contemporáneo
Aprendamos historia para leer el presente. La pasividad de los mexicas ante la invasión se mirrors en la actual apatía frente al deterioro institucional. Martín Moreno critica sensacionalmente cómo se desmantelan el Estado de derecho, organismos autónomos y la república misma, sin protestas significativas. Recursos públicos se desperdician en proyectos inútiles, evocando la furia contenida de Tenochtitlan bajo Moctezuma. Esta crítica apunta a un gobierno federal que, como el imperio mexica, ignora el descontento popular.
Crítica a narrativas oficiales
Aprendamos historia rechazando la ignorancia rampante. Martín Moreno arremete contra afirmaciones como las del expresidente López Obrador, quien niega los sacrificios en Tenochtitlan pese a evidencias como el tzompantli. Ocultar estos sitios arqueológicos equivale a enterrar la verdad, perpetuando complejos que impiden un entendimiento maduro del pasado.
En conversaciones con historiadores como Bernal Díaz del Castillo, aunque sus relatos estén plagados de embustes, se vislumbra la complejidad de la época. Fuentes como las cartas de Cortés, pese a sus distorsiones, ofrecen pistas sobre las alianzas y la viruela en Tenochtitlan.
Expertos en antropología, citados en obras como las de Alfaguara, coinciden en que la viruela fue el agente demoledor, no la superioridad armamentística. Investigaciones arqueológicas, respaldadas por instituciones como el INAH, confirman los tzompantlis y los rituales mexicas.
Autores contemporáneos, en entrevistas similares a esta, insisten en reescribir la historia para generaciones futuras, liberándolas de resentimientos. Según cronistas del siglo XVI, la pasividad de Moctezuma facilitó la invasión, un paralelismo que resuena en análisis políticos actuales.

