El huracán Erick azotó con fuerza las costas de México, y el gobierno federal respondió con el despliegue del Plan DN-III-E, pero ¿fue suficiente para proteger a la población? La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) activó este operativo militar para enfrentar la emergencia causada por el ciclón, que tocó tierra en Oaxaca como huracán categoría 3, dejando a su paso lluvias torrenciales y fuertes vientos.

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El general Gómez Campos, en entrevista con Joaquín López-Dóriga, detalló que el Plan DN-III-E se encuentra en su Fase de Auxilio, con 12 mil efectivos desplegados en Guerrero y 9 mil 600 en Oaxaca. Estas fuerzas se han distribuido en áreas estratégicas para atender las necesidades de la población afectada. Sin embargo, la magnitud del huracán pone en duda si estas medidas fueron planeadas con la anticipación necesaria.
En Guerrero, se establecieron 20 albergues para resguardar a los damnificados. Además, se instalaron tres células de intendencia con capacidad para preparar alimentos y garantizar la seguridad alimentaria. La Sedena también destacó la presencia de equipos de sanidad para brindar atención médica, aunque, según el general, no se han reportado casos que requieran intervenciones mayores.
La Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC) reportó saldo blanco, sin víctimas fatales ni desaparecidos, lo que el gobierno presume como un logro. Sin embargo, las afectaciones materiales en Oaxaca y Guerrero son innegables, con inundaciones en destinos turísticos como Huatulco y la caída del emblemático Monumento al Pez Vela en Puerto Escondido, derribado por una enorme ola.
Laura Velázquez, titular de la CNPC, insistió en que la población de Oaxaca y Guerrero permanezca resguardada, ya que las lluvias persisten y el peligro no ha terminado. Las autoridades han pedido no salir de casa para facilitar la limpieza de caminos, pero en Acapulco, algunos ignoraron las advertencias y continuaron actividades en la zona hotelera, evidenciando una falta de coordinación o respeto a las indicaciones oficiales.
El huracán Erick, que llegó a categoría 4 antes de degradarse a tormenta tropical, dejó lluvias extraordinarias de más de 250 milímetros en Oaxaca y torrenciales en Guerrero y Chiapas. Estas condiciones han generado riesgos de deslaves e inundaciones, especialmente en zonas montañosas, donde la vulnerabilidad es mayor.
La Comisión Federal de Electricidad (CFE) reportó que 123 mil 757 usuarios en Oaxaca se quedaron sin suministro eléctrico debido a los fuertes vientos y lluvias. Aunque el gobierno asegura que se está trabajando para restablecer el servicio, la interrupción ha complicado la comunicación, con fallas en telefonía e internet en regiones como Puerto Escondido y Acapulco.
La rápida intensificación de Erick, duplicando su fuerza en menos de 24 horas, ha sido vinculada al cambio climático, según expertos. Este fenómeno, alimentado por aguas más cálidas en el Pacífico, refleja un patrón preocupante de huracanes más intensos y menos predecibles, lo que pone en tela de juicio la capacidad de las autoridades para adaptarse a estas nuevas realidades climáticas.
El despliegue del Plan DN-III-E incluyó una reserva estratégica en la Ciudad de México con 2 mil 300 efectivos, listos para movilizarse. También se dispuso de cocinas comunitarias capaces de producir 3 mil 500 raciones diarias y un centro de acopio con 10 mil despensas y 140 mil litros de agua. Sin embargo, la efectividad de estas medidas dependerá de su distribución oportuna a las zonas afectadas.
A pesar de las acciones del gobierno, la memoria de huracanes como Otis en 2023, que dejó decenas de muertos, sigue latente. La población de Oaxaca y Guerrero, aún recuperándose de desastres previos, enfrenta ahora los estragos de Erick, mientras las autoridades intentan demostrar que esta vez sí estaban preparadas.