Fiscal Carnal: Polémica en la Fiscalía Mexicana

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Fiscal carnal se ha convertido en un término que resuena con fuerza en el panorama político de México, especialmente tras los recientes eventos que involucran a la presidenta Claudia Sheinbaum y su administración. Este concepto, que denota la designación de un fiscal cercano al poder ejecutivo para proteger intereses partidistas en lugar de garantizar la imparcialidad en la justicia, ha generado una ola de críticas y debates intensos. La renuncia forzada de Alejandro Gertz Manero y la probable nominación de Ernestina Godoy han avivado las llamas de esta controversia, exponiendo las contradicciones del gobierno actual.

Orígenes del Término Fiscal Carnal

El fiscal carnal surgió como una denuncia durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, cuando organizaciones ciudadanas, mayoritariamente de izquierda, impulsaron el movimiento #porunafiscalíaquesirva. Su objetivo era prevenir que el presidente impusiera a un aliado incondicional en la Fiscalía General de la República, priorizando lealtades políticas sobre la autonomía judicial. Esta lucha buscaba transformar la antigua Procuraduría General de la República en una entidad independiente, capaz de actuar sin interferencias del ejecutivo.

Reformas Pasadas y Sus Implicaciones

En 2014, Peña Nieto promovió reformas que sentaron las bases para una fiscalía autónoma, fortalecidas en 2016 con medidas adicionales para garantizar su independencia. Sin embargo, el proceso se diseñó para implementarse de forma gradual, culminando en 2018, a diferencia de las reformas apresuradas del actual régimen. Propuestas como listas de candidatos elaboradas por expertos independientes fueron ignoradas, perpetuando un sistema donde el fiscal carnal podría prevalecer.

El fiscal carnal representa no solo una amenaza a la democracia, sino un retroceso en los avances hacia una justicia imparcial. Críticos argumentan que este enfoque socava la confianza pública en las instituciones, permitiendo que figuras como Gertz Manero actúen más como extensiones del poder presidencial que como guardianes de la ley.

El Rol de López Obrador en el Fiscal Carnal

Al asumir el poder en 2018, Andrés Manuel López Obrador rechazó las demandas históricas de la izquierda por un fiscal autónomo, optando por un procedimiento que mantiene el control ejecutivo. Este método, donde el Senado prepara una lista y el presidente selecciona una terna, facilitó la designación de Gertz Manero en 2019 para un periodo de nueve años. Sin embargo, el fiscal carnal en este caso se evidenció en acciones complacientes, como las acusaciones infundadas contra Jorge Antonio Sánchez Ortega en el caso Colosio, una obsesión personal de López Obrador que Gertz no cuestionó.

Críticas a la Autonomía Fingida

El fiscal carnal bajo López Obrador ilustra la hipocresía de un movimiento que prometía transformación pero perpetuó prácticas clientelares. La supuesta autonomía de Gertz se desmoronó ante exigencias presidenciales, destacando cómo el fiscal carnal prioriza la lealtad sobre la evidencia. Esta dinámica ha erosionado la credibilidad de la Fiscalía General de la República, convirtiéndola en un instrumento político en lugar de un pilar de justicia.

Además, el fiscal carnal ha sido un obstáculo para investigaciones imparciales, permitiendo que casos sensibles se manipulen para beneficiar al régimen. La izquierda, que una vez clamaba contra esto, ahora lo abraza, revelando una transformación que muchos ven como mera retórica.

La Era Sheinbaum y el Nuevo Fiscal Carnal

Con Claudia Sheinbaum en la presidencia, el fiscal carnal toma un nuevo giro alarmante. La renuncia de Gertz Manero el 27 de noviembre, impulsada por la mandataria, se justifica con llamados a una "mayor coordinación" entre la Secretaría de Seguridad y la Fiscalía. Tanto Sheinbaum como Omar García Harfuch han enfatizado esta necesidad, pero críticos advierten que tal integración compromete la independencia judicial, fusionando roles que deben permanecer separados para evitar abusos de poder.

Ernestina Godoy: ¿La Próxima Fiscal Carnal?

Ernestina Godoy, con su historial de subordinación a Sheinbaum en la Fiscalía de la Ciudad de México y como consejera jurídica, emerge como la candidata ideal para el rol de fiscal carnal. Su lealtad inquebrantable sugiere que no desafiará al ejecutivo, perpetuando un sistema donde el fiscal carnal protege intereses partidistas de Morena. Esta nominación ignora las demandas pasadas por autonomía, marcando un retroceso democrático.

El fiscal carnal en la era Sheinbaum intensifica las preocupaciones sobre el control gubernamental sobre la justicia. Expertos señalan que esta "coordinación mayor" podría traducirse en interferencias directas, socavando investigaciones independientes y favoreciendo agendas políticas.

Implicaciones para la Justicia Mexicana

El persistente problema del fiscal carnal amenaza el estado de derecho en México. En países con sistemas maduros, los fiscales actúan con independencia pese a nombramientos políticos, pero en México, el fiscal carnal ha permitido que la justicia se politice. La salida de Gertz, en lugar de abrir puertas a la autonomía, refuerza el control de la Cuarta Transformación, desechando las luchas históricas de la izquierda.

La Hipocresía de la Cuarta Transformación

La Cuarta Transformación, que se autoproclama renovadora, ha descartado compromisos por un fiscal autónomo al llegar al poder. Algunos atribuyen esto a un olvido conveniente, mientras otros cuestionan si realmente representa a la izquierda. El fiscal carnal encarna esta contradicción, donde promesas de cambio se evaporan ante el ejercicio del poder absoluto.

En este contexto, el fiscal carnal no solo es un término, sino una realidad que perpetúa corrupción y clientelismo. La sociedad civil, que una vez lideró campañas contra él, ahora enfrenta un régimen que lo institucionaliza.

Otros Aspectos Relacionados con el Fiscal Carnal

Más allá de la fiscalía, eventos como la confiscación de drogas anunciada por García Harfuch resaltan continuidades con políticas pasadas. Esta "guerra contra las drogas" persiste, cuestionando si el fiscal carnal influye en estrategias de seguridad que priorizan espectáculos sobre soluciones reales.

El debate sobre el fiscal carnal se extiende a foros académicos y periodísticos, donde analistas destacan su impacto en la democracia. Reportes de columnistas en diarios como Reforma subrayan cómo esta práctica erosiona la separación de poderes, fomentando un autoritarismo velado.

Según observaciones en publicaciones especializadas como Proceso, el fiscal carnal ha sido un instrumento para silenciar opositores, manipulando procesos legales para alinearlos con narrativas oficiales. Estas perspectivas refuerzan la necesidad de reformas genuinas.

Informes de medios independientes, incluyendo El Financiero, revelan que el fiscal carnal contribuye a una percepción de impunidad, donde altos funcionarios evaden escrutinio mientras se persigue a disidentes. Esta dinámica perpetúa desigualdades en el sistema judicial mexicano.