La reforma Ley de Aguas Nacionales genera un profundo malestar entre los productores agrícolas de Chihuahua, quienes ven en esta iniciativa un riesgo inminente para sus concesiones de agua y su patrimonio familiar. Salvador Alcántar Ortega, reconocido líder del sector, ha lanzado una advertencia clara: "Ojalá no despierten un monstruo", recordando los conflictos pasados que dividieron a comunidades enteras. Esta propuesta federal, impulsada por la Comisión Nacional del Agua (Conagua), busca regular de manera más estricta el uso del recurso hídrico, pero en el norte del país, particularmente en el estado de Chihuahua, se percibe como una amenaza directa a la estabilidad económica de miles de familias dedicadas al riego.
El temor de los usuarios de riego ante la reforma Ley de Aguas Nacionales
En el corazón del desierto chihuahuense, donde el agua es oro líquido, la reforma Ley de Aguas Nacionales ha encendido las alarmas. Los agricultores, organizados en asociaciones como la de Usuarios de Riego del Estado de Chihuahua (Aurech), temen que sus derechos adquiridos durante generaciones se evaporen con un simple trámite burocrático. Alcántar, ex presidente de esta entidad y exdiputado federal, explica que la no heredabilidad de las concesiones sería el golpe más duro. Imagínese: un padre de familia que ha regado sus campos con el sudor de su frente deja a sus hijos no solo la tierra, sino también el agua que la hace productiva. Bajo la nueva norma, los herederos tendrían que solicitar de nuevo el permiso, sujetos a criterios opacos que podrían derivar en un rechazo y la reasignación del recurso a un controvertido "banco del agua".
Esta incertidumbre no es abstracta. Chihuahua, con sus distritos de riego como el 005 en Camargo, ya demuestra solidaridad al ceder millones de metros cúbicos anuales a la ciudad para consumo humano. Sin embargo, la reforma Ley de Aguas Nacionales parece ignorar estos gestos, priorizando una visión centralizada que choca con la realidad local. Los productores no rechazan el derecho humano al agua ni una redistribución equitativa; al contrario, abogan por políticas que equilibren necesidades sin despojar a quienes han invertido décadas en el cuidado del recurso.
Concesiones de agua en Chihuahua: un patrimonio en jaque
Las concesiones de agua Chihuahua son el pilar de una economía que genera empleo y alimentos para el país. Pero hoy, más de 8 mil prórrogas pendientes en los escritorios de Conagua paralizan el sector. Estos documentos, esenciales para acceder a programas como el PEUA (Programa Especial de Energía para el Campo), acumulan polvo mientras los agricultores esperan respuestas que no llegan. La reforma Ley de Aguas Nacionales agrava este estancamiento, al complicar aún más los procesos administrativos sin ofrecer soluciones concretas.
Alcántar Ortega, con su experiencia en el Congreso, sabe de qué habla. "Por experiencia sabemos que las iniciativas que llegan a la Cámara no les mueven ni una coma", afirma, señalando la falta de enmiendas visibles en la Comisión de Recursos Hidráulicos. Esta parálisis legislativa alimenta el pánico: ¿qué pasará con las fincas familiares si el agua se convierte en un bien fugaz? La reforma Ley de Aguas Nacionales promete modernizar la gestión, pero en la práctica, podría desatar un éxodo rural y una crisis alimentaria en una región ya vulnerable al cambio climático.
La campaña de Conagua y la desconfianza creciente
Frente al revuelo, Conagua ha desplegado una campaña agresiva para tranquilizar a los afectados. Mensajes como "no va a pasar nada" y "no hay peligro para las concesiones" inundan los medios y las reuniones sectoriales. Sin embargo, estas palabras suenan huecas para quienes recuerdan la toma de La Boquilla en 2020, un episodio sangriento donde hermanos chihuahuenses se enfrentaron por el control del agua. Aquel conflicto, que dejó heridos y divisiones profundas, es el fantasma que Alcántar invoca para advertir: la reforma Ley de Aguas Nacionales podría reavivar llamas que apenas se apagaron.
Los usuarios de riego exigen garantías reales, no promesas vacías. Quieren que se resuelvan las prórrogas pendientes y que la ley contemple la realidad de Chihuahua, donde el 90% del territorio es árido y el riego es sinónimo de supervivencia. La reforma Ley de Aguas Nacionales, en su afán por nacionalizar el control, ignora las dinámicas locales y podría exacerbar desigualdades entre estados ricos en agua y aquellos como Chihuahua, dependientes de tratados binacionales con Estados Unidos.
Impacto económico de la reforma en el sector agrícola
El impacto de esta reforma Ley de Aguas Nacionales trasciende lo individual; es un terremoto para la economía estatal. Chihuahua produce algodón, nuez y chile para el mercado nacional, pero sin agua segura, estas cadenas se romperán. Expertos estiman que miles de hectáreas podrían quedar en barbecho, afectando no solo a dueños de tierras sino a jornaleros, transportistas y procesadores. La reforma Ley de Aguas Nacionales se presenta como un paso hacia la sostenibilidad, pero sin diálogo con los afectados, corre el riesgo de ser contraproducente.
En este contexto, figuras como Salvador Alcántar emergen como voces de razón. Su trayectoria en la defensa de los derechos hídricos lo posiciona como un puente entre el campo y el poder. "A nadie le gustaría perder su patrimonio", dice, y su llamado resuena en asambleas donde agricultores debaten estrategias de resistencia pacífica. La reforma Ley de Aguas Nacionales debe escuchar estas voces para evitar que el "monstruo" despierte no en forma de protesta, sino de colapso productivo.
Hacia un diálogo necesario sobre el agua en México
La gestión del agua en México es un rompecabezas complejo, con ríos compartidos, acuíferos sobreexplotados y una demanda creciente por el cambio climático. En Chihuahua, la reforma Ley de Aguas Nacionales se ve a través del prisma de la escasez crónica, donde cada gota cuenta. Los productores proponen alternativas: modernizar la Conagua para agilizar trámites, invertir en tecnologías de riego eficiente y fomentar alianzas público-privadas que preserven las concesiones sin menoscabo del interés público.
Pero el camino está lleno de obstáculos. La centralización federal choca con autonomías estatales, y sin reformas que incorporen consultas genuinas, la desconfianza persiste. La reforma Ley de Aguas Nacionales podría ser una oportunidad para un pacto nacional por el agua, pero solo si se aleja de imposiciones y abraza la diversidad regional. En Chihuahua, donde el agua ha forjado identidades y economías, esta ley no puede ser un decreto desde el escritorio de la capital.
Lecciones de la historia: evitando nuevos conflictos hídricos
La toma de La Boquilla no fue un incidente aislado; fue el clímax de tensiones acumuladas por políticas desconectadas de la realidad. En 2020, la federalización forzada del agua provocó barricadas y enfrentamientos, recordándonos que el recurso no es solo técnico, sino profundamente social. Hoy, con la reforma Ley de Aguas Nacionales en el horizonte, urge aprender de esos errores. Diálogo, transparencia y equidad son las claves para una gestión que una en lugar de dividir.
Salvador Alcántar, con su perspectiva de años en la trinchera, insiste en la unidad. "Es muy triste que nos peleemos hermanos con hermanos", reflexiona, evocando memorias colectivas. Su advertencia no es alarmismo, sino un llamado a la prudencia. La reforma Ley de Aguas Nacionales debe evolucionar para incluir salvaguardas que protejan a los vulnerables, asegurando que el agua siga fluyendo como fuente de vida, no de contienda.
En discusiones recientes con líderes locales, como se ha reportado en medios regionales, se destaca la necesidad de enmiendas que respeten las concesiones existentes. Fuentes cercanas a la Aurech mencionan que sin estos ajustes, el sector podría movilizarse de nuevo, aunque pacíficamente.
Por otro lado, analistas hídricos consultados en foros estatales subrayan que la campaña de Conagua, aunque bien intencionada, carece de datos concretos sobre impactos en regiones áridas como Chihuahua.
Finalmente, en conversaciones informales con exfuncionarios como Alcántar, se percibe un consenso: la reforma Ley de Aguas Nacionales tiene potencial, pero requiere un enfoque inclusivo para no repetir ciclos de conflicto y para garantizar un futuro sostenible para todos los mexicanos.


