La labor feminista de Ciclo Rojo transforma comunidades en el sur
La labor feminista de Ciclo Rojo ha sido reconocida como un pilar fundamental en el sur de Guanajuato, destacando su compromiso con la educación menstrual y los derechos de las mujeres. Este colectivo, nacido en agosto de 2022, surgió de la visión de Alejandra Lara y Paola Sosa durante sus estudios universitarios, con el objetivo de crear espacios seguros y empoderadores para personas menstruantes. Desde Uriangato, Ciclo Rojo ha extendido su influencia a municipios vecinos como Moroleón, fomentando un enfoque comunitario que integra cultura, feminismo y educación accesible.
En un contexto donde la gestión menstrual sigue siendo un tabú en muchas regiones de México, la labor feminista de Ciclo Rojo emerge como una respuesta innovadora y necesaria. A través de talleres, acompañamientos personalizados y campañas de sensibilización, el colectivo ha logrado impactar a cientos de mujeres y jóvenes, rompiendo barreras de información y estigma. Su metodología, que combina arte, diálogo y ciencia, no solo educa sino que también fortalece la autoestima y la solidaridad entre participantes.
Orígenes y evolución del colectivo Ciclo Rojo
La fundación de Ciclo Rojo representa un hito en la labor feminista de este grupo, impulsado por la necesidad de visibilizar experiencias menstruales diversas. Alejandra Lara, una de sus fundadoras, recuerda que el proyecto inició como una iniciativa estudiantil, pero rápidamente se consolidó como referencia regional gracias a su dedicación inquebrantable. En menos de tres años, Ciclo Rojo ha organizado eventos que reúnen a más de 200 personas por sesión, abordando temas como la higiene, la salud reproductiva y el impacto ambiental de los productos menstruales.
Esta evolución refleja el poder de la acción colectiva en el sur de Guanajuato, donde recursos limitados a menudo obstaculizan iniciativas similares. Sin embargo, la perseverancia de Ciclo Rojo ha permitido alianzas con escuelas locales y centros comunitarios, ampliando su alcance más allá de Uriangato. La labor feminista de Ciclo Rojo no se limita a la teoría; se materializa en prácticas cotidianas que empoderan a las mujeres para reclamar su espacio en la sociedad.
Selección en Tocando Corazones: Un impulso clave para la labor feminista
La reciente selección de Ciclo Rojo en la convocatoria “Tocando Corazones” 2025 marca un antes y un después en su trayectoria. Este programa, administrado por la Secretaría del Nuevo Comienzo del estado de Guanajuato, destina recursos provenientes del 3% de la nómina estatal a organizaciones civiles que promueven el bien común. Entre cientos de postulantes, solo 22 proyectos en la región centro fueron beneficiados, y la labor feminista de Ciclo Rojo destacó en la categoría de Grupos Organizados.
Anunciados los resultados el 11 de diciembre de 2025, estos fondos permitirán al colectivo expandir sus acciones educativas y de acompañamiento. “Es un orgullo haber sido seleccionadas”, expresó Alejandra Lara, subrayando cómo esta validación reafirma la relevancia de su trabajo en torno a la educación menstrual y los derechos de las mujeres. La labor feminista de Ciclo Rojo, ahora respaldada institucionalmente, se posiciona para generar un impacto duradero en comunidades marginadas.
Detalles del programa Tocando Corazones y su relevancia
Tocando Corazones no es solo un fideicomiso financiero; es una herramienta estratégica para el desarrollo social en Guanajuato. Al nutrirse de contribuciones estatales, el programa asegura transparencia y equidad en la distribución de apoyos. Para Ciclo Rojo, esta oportunidad significa la adquisición de materiales educativos, la contratación de facilitadoras adicionales y la organización de talleres itinerantes en Moroleón y Uriangato. La integración de esta labor feminista en iniciativas estatales demuestra un compromiso creciente con la equidad de género en la región.
Expertos en derechos humanos coinciden en que programas como este son esenciales para contrarrestar desigualdades estructurales. La selección de Ciclo Rojo ilustra cómo la educación menstrual puede ser un catalizador para el cambio social, alineándose con objetivos nacionales de inclusión y sostenibilidad. Con este respaldo, el colectivo planea incorporar perspectivas indígenas y rurales, enriqueciendo aún más su enfoque comunitario.
Impacto social de la labor feminista de Ciclo Rojo en el sur de Guanajuato
En el sur de Guanajuato, donde las tradiciones culturales a veces perpetúan mitos sobre la menstruación, la labor feminista de Ciclo Rojo actúa como un faro de progreso. Participantes en sus talleres reportan no solo un mayor conocimiento sobre ciclos menstruales, sino también una reducción en la ansiedad asociada a estos procesos naturales. Esta transformación personal se extiende a entornos familiares y escolares, fomentando diálogos abiertos que benefician a generaciones enteras.
La dedicación del colectivo a la inclusión ha permitido que voces diversas, desde adolescentes hasta adultas mayores, encuentren representación en sus actividades. La labor feminista de Ciclo Rojo enfatiza la interseccionalidad, considerando factores como la pobreza, la migración y la discriminación étnica que afectan a las mujeres en la zona. Resultado de ello, se han observado incrementos en la adopción de prácticas sostenibles, como el uso de copas menstruales, contribuyendo al cuidado ambiental local.
Desafíos y oportunidades futuras para Ciclo Rojo
A pesar de sus logros, la labor feminista de Ciclo Rojo enfrenta retos como la resistencia cultural y la escasez de financiamiento previo. No obstante, la selección en Tocando Corazones abre puertas a colaboraciones con ONGs nacionales, potencialmente escalando su modelo a otros estados. En el horizonte, el colectivo aspira a desarrollar una app educativa sobre salud menstrual, adaptada a contextos rurales, lo que multiplicaría su alcance digital.
La visión de Alejandra Lara y Paola Sosa trasciende lo local; buscan posicionar a Guanajuato como referente en educación menstrual inclusiva. Con el apoyo estatal, estos sueños se vuelven tangibles, prometiendo una región donde la labor feminista de Ciclo Rojo inspire réplicas en todo México.
En el contexto de avances recientes en políticas de género, iniciativas como las de Ciclo Rojo ganan visibilidad, tal como se ha documentado en publicaciones locales sobre el desarrollo comunitario en Guanajuato.
Mientras tanto, observadores del sector social destacan cómo estos reconocimientos fortalecen la red de organizaciones civiles, según análisis detallados en medios regionales que cubren temas de equidad.
Finalmente, el eco de esta labor feminista resuena en foros estatales, donde se comparten experiencias similares de empoderamiento, reflejando un movimiento en ascenso en el sur de la entidad.


