Alejandro Ortiz Salazar, el renombrado escultor que dejó una huella indeleble en la cultura mexicana, ha fallecido a los 90 años, dejando un legado de obras que celebran la identidad y la historia de comunidades como San Felipe y Guanajuato. Su partida, ocurrida el domingo pasado en San Felipe, Baja California, no solo conmueve a sus seres queridos, sino a toda una nación que admiraba su dedicación inquebrantable al arte. Desde sus inicios humildes hasta sus creaciones monumentales, Alejandro Ortiz Salazar transformó materiales cotidianos en expresiones eternas de la vida mexicana, inspirando generaciones de artistas y preservando tradiciones que hoy parecen más vitales que nunca.
Los orígenes humildes de un maestro de la escultura
Desde niño, Alejandro Ortiz Salazar mostró un talento innato para la escultura, moldeando figurillas de madera en el taller de carpintería de su padre. Esta pasión temprana fue el germen de una carrera que lo llevaría a convertirse en un pilar cultural en San Felipe y más allá. Bajo la guía del cura Francisco Javier Martínez, quien reconoció su potencial, Ortiz Salazar perfeccionó sus habilidades en modelado, lo que lo impulsó a inscribirse en la Academia Nacional de Artes Plásticas. Allí, durante tres intensos años, absorbió técnicas que definieron su estilo único, fusionando lo tradicional con innovaciones personales.
Primeras exposiciones y el despertar artístico
Su primera exposición, realizada en la Bodega Emilio Martínez durante la feria del 29 de Septiembre, fue un hito que fusionó aspectos industriales, artesanales y artísticos. Alejandro Ortiz Salazar recordaba con orgullo esas muestras anuales en la escuela, donde su visión comenzaba a captar la atención de críticos y público. Estas experiencias iniciales en Guanajuato sentaron las bases para una trayectoria repleta de reconocimientos, incluyendo cerca de 60 exposiciones a lo largo de la República Mexicana, muchas de ellas colectivas en prestigiosos espacios como el Instituto Allende.
En entrevistas recientes, como la concedida a Radio Actitud San Felipe en 2024, el escultor compartía anécdotas de esos días formativos, destacando cómo la perseverancia lo llevó a dominar materiales diversos: desde madera y yeso hasta marmolina, cantera, alambrón y bronce. Cada pieza, ya sea de tres metros o formatos más íntimos, reflejaba no solo maestría técnica, sino un profundo compromiso con la narrativa cultural mexicana.
Obras icónicas que definen el legado de Alejandro Ortiz Salazar
Entre las creaciones más emblemáticas de Alejandro Ortiz Salazar destaca “El Indio”, una escultura monumental erigida en 1962 para conmemorar el cuarto centenario de la fundación de San Felipe. Esta obra, que captura la fuerza y el espíritu de los pueblos originarios, requirió un proceso meticuloso: tres modelos reales, incluyendo cargadores de semillas y atletas de pesas, sirvieron de inspiración para esculpir la musculatura imponente. La técnica involucró una estructura de alambrón envuelta en tela metálica, recubierta de barro para moldes de yeso, y finalizada con un vaciado en marmolina teñida de cemento blanco y pintura especializada.
Contribuciones en Guanajuato y León: Esculturas que perduran
En Guanajuato, Alejandro Ortiz Salazar dejó huellas imborrables con piezas como el “Obrero Petrolero” en Salamanca, un modelado en barro vaciado en bronce de 3.5 metros que honra el esfuerzo humano en la industria. Similarmente, su “Cristo Rey” de idénticas dimensiones, construida con armazones metálicos, se erige como un símbolo de fe y artesanía. En León, su escultura de Emeterio Valverde y Téllez en marmolina adorna el altar del Expiatorio, mientras que varias piezas de cantera de un metro y medio enriquecen el Templo de la Soledad. No menos impresionante es su primera escultura en mármol, una cabeza de Miguel Hidalgo, exhibida en la Escuela de Nivel Medio Superior Centro Histórico de León, adquirida por la sociedad de alumnos y colocada en la entrada principal.
Estas obras no solo adornan espacios públicos, sino que narran historias de resiliencia, historia y devoción. Alejandro Ortiz Salazar, con su enfoque en la escultura monumental, elevó el arte mexicano a nuevas alturas, participando incluso en eventos como la olimpiada cultural de 1968, donde representó a Guanajuato con distinción. Su habilidad para trabajar con bronce y cantera lo posicionó como un referente en la escultura mexicana contemporánea, influenciando a talleres locales y academias de arte.
El rol educativo y la influencia perdurable en San Felipe
Más allá de sus creaciones, Alejandro Ortiz Salazar fue un educador incansable, sirviendo como maestro en la Casa de la Cultura de San Felipe por más de 20 años. Allí, impartió clases de dibujo, modelado, escultura y cartonería, transmitiendo no solo técnicas, sino una filosofía de vida centrada en la creatividad y el patrimonio cultural. Incluso a sus 90 años, continuaba enseñando en una secundaria, demostrando que la pasión por el arte trasciende el tiempo. En San Felipe, su presencia fue sinónimo de orgullo comunitario, fomentando talleres que preservan tradiciones artesanales en Baja California.
Su enfoque pedagógico, influenciado por sus años en la Academia Nacional de Artes Plásticas, enfatizaba la experimentación con materiales locales, lo que enriqueció la escena artística regional. Premios en artes plásticas y participaciones en exposiciones colectivas subrayan su impacto, pero fue su generosidad como mentor lo que más se recuerda. Alejandro Ortiz Salazar no solo esculpió piedra y metal; moldeó mentes y espíritus, asegurando que la escultura en México siga vibrante.
Reacciones de la comunidad y el duelo colectivo
El fallecimiento de Alejandro Ortiz Salazar ha generado un duelo colectivo en Guanajuato y San Felipe, donde se le considera un tesoro nacional. Familiares, colegas y admiradores han expresado su tristeza, pero también su gratitud por un legado que perdurará. En redes y foros locales, se multiplican los tributos a sus esculturas icónicas, recordando cómo “El Indio” se convirtió en un emblema de identidad sanfelipense.
Este artista, cuya vida abarcó casi un siglo de cambios en México, nos recuerda la importancia de la preservación cultural. Sus obras, dispersas por templos, escuelas y plazas, invitan a reflexionar sobre el poder del arte para unir comunidades. Alejandro Ortiz Salazar, con su maestría en bronce y su dedicación a la enseñanza, deja un vacío, pero también un faro para futuros escultores.
En los últimos días, detalles sobre su trayectoria han circulado ampliamente, con menciones en publicaciones locales que destacan su entrevista en Radio Actitud San Felipe. Fuentes cercanas a la Casa de la Cultura han compartido anécdotas de sus clases, mientras que historiadores de Guanajuato consultados por medios regionales enfatizan su rol en la olimpiada cultural de 1968. Incluso en León, donde sus esculturas adornan sitios emblemáticos, se han organizado remembranzas informales que celebran su contribución al patrimonio artístico mexicano.


