Gama alegra fiestas de Salvatierra con baile

170

Gama: el alma de toda celebración en Salvatierra

Gama se ha convertido en la figura imprescindible de las fiestas de Salvatierra. Con 67 años y una vitalidad que desafía el tiempo, este oaxaqueño afrodescendiente transforma cada reunión en un torbellino de energía positiva. Desde las fiestas patronales hasta los eventos culturales más íntimos, Gama aparece con su sonrisa perpetua y su paso de baile imparable, logrando que nadie quede quieto.

Originario de la Costa Chica de Oaxaca, Gama llegó a Guanajuato hace más de treinta años siguiendo el amor. Conoció a su pareja en la Ciudad de México y juntos echaron raíces en San Pedro de los Naranjos, comunidad cercana a Salvatierra. Lo que empezó como un cambio de residencia terminó convirtiéndose en una historia de integración total: hoy, Gama es salvaterrense de corazón y embajador de la alegría local.

Pasiones que no envejecen

Baile y basquetbol: el motor de Gama

Gama confiesa sin rodeos que sus dos grandes pasiones son el basquetbol y el baile. “La gente cree que estoy tomado o algo, pero no: yo soy así naturally”, comparte entre risas. En cada fiesta de Salvatierra, Gama despliega coreografías improvisadas que contagian al público entero. Su secreto es simple: disfrutar la música al máximo y transmitir esa energía que lleva dentro.

A sus 67 años, Gama asegura sentirse como de 30. Esa declaración no es mera frase; quienes lo ven moverse entre la multitud lo confirman. Su presencia eleva el ánimo colectivo y recuerda que la edad es solo un número cuando el espíritu permanece joven.

El día que Celso Piña lo subió al escenario

Uno de los momentos cumbre en la trayectoria festiva de Gama ocurrió en 2016. Durante el concierto que Celso Piña ofreció en Salvatierra, el público permanecía estático. Gama, fiel a su estilo, se coló entre la gente y comenzó a bailar con frenesí. El rebelde del acordeón lo notó, lo señaló y lo invitó al escenario. “Anima a la raza”, le dijo Celso. Gama cumplió: saltó, giró y logró que cientos cantaran y bailaran al unísono.

Aquella noche quedó grabada en la memoria colectiva de Salvatierra. Desde entonces, cada vez que suena cumbia rebajada o son jarocho, alguien recuerda la hazaña de Gama junto al maestro Piña. El episodio demuestra cómo la energía de Gama trasciende lo cotidiano y alcanza escenarios profesionales.

Gama y la identidad afrodescendiente en Guanajuato

Procedente de la Costa Chica, Gama porta con orgullo su herencia afrodescendiente. En sus movimientos se perciben ecos de ritmos guerrerenses y oaxaqueños que enriquecen el mosaico cultural de Salvatierra. Lejos de diluirse, su raíz negra se fusiona con la tradición guanajuatense, creando un estilo único que identifica las fiestas locales.

En eventos como la Fiesta de la Virgen del Rosario o las ferias anuales, Gama incorpora pasos que recuerdan al chilena o al son de artesa. Niños y adultos lo imitan, generando un intercambio cultural espontáneo que fortalece la diversidad del municipio.

De invitado a protagonista

Lo que inició como asistencia ocasional derivó en invitaciones formales. Organizadores de bodas, quinceañeros y reuniones privadas solicitan expresamente la presencia de Gama. “Sin él, la fiesta no prende”, coinciden. Su mera llegada anuncia diversión garantizada y fotos que inundarán las redes sociales locales.

En tiempos donde la tecnología aísla, Gama representa el antídoto perfecto: contacto humano, sudor compartido y risas a todo pulmón. Su carisma demuestra que la verdadera animación no necesita micrófono ni luces; basta un cuerpo dispuesto a celebrar la vida.

Legado de energía inagotable

Las nuevas generaciones de Salvatierra crecen viéndolo como ejemplo. Adolescentes graban sus pasos para TikTok; abuelos lo saludan como viejo amigo. Gama se ha vuelto parte del patrimonio intangible del municipio, un recordatorio de que la felicidad se construye bailando.

Reporteros de Periódico Correo han seguido su trayectoria durante años, capturando imágenes que ilustran su sonrisa constante. Fotografías de Diana Martínez registran momentos donde Gama aparece rodeado de niños, parejas y hasta autoridades municipales, todos contagiados por su ritmo.

En conversaciones informales con vecinos de San Pedro de los Naranjos, surge una y otra vez la misma anécdota: la noche con Celso Piña. Quienes estuvieron ahí la relatan con lujo de detalles, confirmando que la energía de Gama trasciende generaciones y queda grabada en la memoria colectiva de Salvatierra.

Así, mientras existan fiestas en Salvatierra, existirá Gama. Su legado no necesita placa ni monumento; late en cada compás que logra poner a bailar a un municipio entero.