Prohibición de internet destruye negocios femeninos
Prohibición de internet en Afganistán ha dejado a miles de mujeres sin su principal fuente de ingresos. Desde que los talibanes suspendieron la fibra óptica en cinco provincias septentrionales, artesanas y emprendedoras luchan por sobrevivir. La prohibición de internet no solo corta la comunicación, sino que elimina pedidos internacionales y locales que llegaban por WhatsApp, Instagram y Facebook.
En Kandahar, Sabrinna Hayat dirigía Hayat Handicrafts con nueve costureras. Bordaban firaq partug, los vestidos tradicionales afganos, y los vendían online. Ahora, la prohibición de internet triplicó sus costos: paquetes móviles cuestan tres veces más que la fibra. “Activamos datos cada hora solo para responder mensajes”, explica Hayat. Sin conexión estable, los clientes extranjeros desaparecieron.
Cinco provincias sin fibra óptica
Autoridades confirmaron la prohibición de internet en Balj, Kunduz, Badajshán, Tajar y Baglán. Haji Zaid, portavoz de Balj, justificó la medida para “evitar actividades inmorales”. Prometió una “solución nacional”, pero dos semanas después nada cambió. En Herat y Parván también hay cortes, aunque no oficiales.
Miles de hogares, escuelas y pequeños talleres quedaron varados. La prohibición de internet es el primer apagón masivo desde 2021, cuando los talibanes retomaron el poder. Antes, la red permitía a viudas y madres solteras vender bordados, joyería y ropa a Europa y Estados Unidos.
Prohibición de internet afecta educación femenina
Internet era el único aula para miles de niñas. Desde 2022, las secundarias y universidades están cerradas para ellas. Clases de inglés, matemáticas y programación se impartían por Zoom. La prohibición de internet en el norte cortó esas lecciones. Dawrani, sastra de Kabul, vio cómo sus hijas perdieron el curso. “Sin clases online, su futuro se apagó”, lamenta.
Costureras al borde del éxodo
Dawrani emplea a doce viudas. Su taller vivía de pedidos por Telegram. Con la prohibición de internet, las ventas cayeron 80 %. “Si no gano ni para el pan, tendré que irme del país”, advierte. Su historia se repite en decenas de barrios: agujas paradas, telares mudos, sueños rotos.
La prohibición de internet también golpea la economía familiar. Un paquete móvil de 1 GB cuesta 150 afganis (2 dólares), salario de tres días para muchas. Antes, la fibra costaba 500 afganis al mes ilimitados. El cambio obliga a elegir entre datos o comida.
Control disfrazado de moralidad
Obaidullah Baheer, académico en Kabul, califica la prohibición de internet como “guerra contra la modernidad”. Los talibanes usan la excusa de la inmoralidad para justificar censura. En 2023 bloquearon TikTok; en 2024, VPN. Ahora cortan la raíz: la fibra. “Quieren mujeres en casa, sin voz ni clientes”, denuncia Baheer.
Organizaciones de derechos digitales reportan que Afganistán cayó al puesto 178 en libertad de internet. La prohibición de internet agrava el aislamiento: sin mapas, sin bancos online, sin médicos virtuales. En zonas rurales, donde la señal móvil apenas llega, la medida equivale a un blackout total.
Artesanas regresan al telar tradicional
Algunas mujeres vuelven al mercado físico. Cada viernes llevan vestidos al bazar de Kabul. Pero los compradores locales pagan la mitad. Un firaq bordado que valía 70 dólares online ahora se vende en 25. La prohibición de internet redujo ingresos y dignidad: “Antes éramos empresarias; hoy mendigamos clientes”, resume Sabrinna.
Reuters documentó más de 200 talleres afectados solo en Kunduz. Latinus recopiló testimonios similares en Herat. Informes independientes confirman que la prohibición de internet empuja a 15.000 mujeres al desempleo en el norte. Mientras, el Ministerio de Comunicaciones guarda silencio sobre la prometida “solución nacional”.
En un taller oscuro de Balj, doce agujas se mueven al ritmo de la incertidumbre. La prohibición de internet no solo apagó routers; apagó futuros. Dawrani guarda telas brillantes para un mañana que no llega. “Sin red, volvimos a 2001”, suspira. Y en Afganistán, volver atrás nunca fue buena noticia.


