Morena y crimen: ¿cuántos muertos más?

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Morena y crimen: la alianza que indigna a México

Morena y crimen mantienen una relación que cada día cuesta más vidas en el país. El senador Alejandro Moreno Cárdenas lo dejó claro tras el brutal asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo: “A cuántos opositores más nos van a asesinar para que Morena rompa con el crimen organizado”. Esta frase resume el terror que vive México bajo siete años de un gobierno que parece haber entregado el territorio a los cárteles. Morena y crimen no son solo palabras; son sinónimos de impunidad, extorsión y balas.

El ataque ocurrió a plena luz del día durante el Festival de Velas. Carlos Manzo, edil val5e valiente que denunció públicamente la extorsión y pidió ayuda federal, fue acribillado frente a cientos de personas. Su crimen: alzar la voz. Morena y crimen celebraron con plomo la osadía de quien exigía seguridad. El regidor Víctor Hugo de la Cruz también resultó herido, pero sobrevivió para contar el horror.

Uruapan: epicentro del terror que Morena ignora

Uruapan ya no es la capital mundial del aguacate; es la capital del miedo. Hace semanas, Bernardo Bravo, líder limonero de Apatzingán, fue torturado y ejecutado por denunciar cobros de piso. Manzo lo siguió. Ambos pidieron apoyo a la Guardia Nacional y al Ejército; ambos fueron abandonados. Morena y crimen controlan más del 60% del territorio nacional, según datos que circulan en círculos de inteligencia. En Michoacán, el Cártel Jalisco Nueva Generación y sus aliados cortan carreteras, secuestran y matan sin que nadie los detenga.

La estrategia de “abrazos, no balazos” se traduce en abrazos a capos y balazos a ciudadanos. Más de 300 candidatos y funcionarios han sido asesinados desde 2018. Cada elección deja un cementerio de aspirantes. Morena y crimen eligen juntos quién vive y quién gobierna.

Estado fallido: la herencia de Morena y crimen

Morena y crimen han convertido a México en un Estado fallido. Alejandro Moreno lo sentenció: “En México desde hace siete años mandan los cárteles”. Ni la presidenta Claudia Sheinbaum ni sus secretarios de Seguridad dan la cara. Rechazan colaboración con Estados Unidos, mientras los narcos cruzan toneladas de fentanilo y armas como si la frontera fuera suya.

Michoacán sangra y Morena calla

En Michoacán, gobernado por Morena, la violencia política alcanzó niveles históricos. El asesinato de Manzo es el número 12 contra alcaldes en lo que va del sexenio. Extorsión, secuestro y desplazamiento forzado son pan de cada día. Familias enteras huyen de sus ranchos; productores pagan hasta 30% de sus cosechas para seguir vivos. Morena y crimen cobran en sangre y en billete.

El PRI exige alto total a la complicidad. Alejandro Moreno propuso aceptar ayuda internacional y desplegar una fuerza especial antinarcóticos. Pero Morena prefiere culpar al pasado mientras entierra a las víctimas del presente.

¿Cuántas viudas más para que Morena despierte?

La viuda de Carlos Manzo, sus tres hijos huérfanos, los limoneros sin líder: todos preguntan lo mismo. Morena y crimen seguirán matando mientras el gobierno federal mire al techo. La oposición no callará. Cada asesinato es un recordatorio de que la paz no llega con discursos, llega con resultados.

En redes sociales, miles replican el video de Moreno. Hashtags como #MorenaYCrimen y #JusticiaParaManzo escalan tendencias. La indignación cruza fronteras; medios internacionales ya hablan del “México narco-gobernado”.

Versiones periodísticas de Latinus y reportes de Infobae coinciden en la cronología: Manzo denunció, Morena ignoró, el cártel ejecutó. Organismos como Causa en Común llevan la cuenta macabra de los 300 funcionarios caídos. El Observatorio Electoral documenta cómo la violencia selectiva elimina a quienes desafían el pacto entre Morena y crimen.