Petro exige que la OEA estudie los ataques de Estados Unidos en el Caribe y Pacífico, un llamado urgente que resuena en el contexto de tensiones hemisféricas crecientes. El presidente colombiano Gustavo Petro ha elevado su voz contra lo que califica como violaciones sistemáticas de derechos humanos, cuestionando la inacción de organismos internacionales ante las operaciones militares estadounidenses que han cobrado decenas de vidas en aguas disputadas. Esta exigencia no solo pone en el tapete la soberanía latinoamericana, sino que invita a una reflexión profunda sobre el rol de la OEA en la defensa de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
El llamado de Petro a la acción inmediata de la OEA
En un contexto de operaciones militares intensificadas por parte de Estados Unidos, Petro exige que la OEA estudie los ataques en el Caribe y Pacífico con la urgencia que merecen tales violaciones. Desde su cuenta en X, el mandatario colombiano lanzó una serie de interrogantes que exponen la aparente pasividad institucional: "¿Por qué no se reúne la OEA a estudiar este problema de violación sistemática de Derechos Humanos en el Caribe?". Esta declaración, emitida el 1 de noviembre de 2025, subraya la necesidad de un escrutinio colectivo ante lo que el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, ha denunciado como ejecuciones extrajudiciales.
Contexto de los ataques estadounidenses en aguas internacionales
Los ataques de Estados Unidos en el Caribe y Pacífico han destruido al menos 15 embarcaciones en los últimos meses, dejando un saldo trágico de más de 60 fallecidos. Estas acciones, enmarcadas en la campaña del Comando Sur contra el presunto narcotráfico, se han concentrado en el 50% de los casos en el Pacífico, cerca de costas venezolanas y colombianas. Petro exige que la OEA estudie estos incidentes no solo por su impacto humanitario, sino por su implicación en el derecho internacional, donde la desproporción de fuerza usada por Washington roza lo que la ONU ha calificado de ejecuciones ilegales.
La crítica de Petro no se detiene en la OEA; extiende su reclamo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, preguntando por qué no emite medidas cautelares contra el gobierno de Donald Trump. "Si el gobierno de Trump está violando el derecho internacional al atacar a personas en desproporción inmensa de fuerza en el mar Caribe, es decir que son ejecuciones extrajudiciales como dice la ONU, ¿por qué no se reúne la OEA?", reiteró el presidente, enfatizando la doble moral en la aplicación de tratados firmados por Estados Unidos.
Implicaciones para la soberanía en Latinoamérica
Petro exige que la OEA estudie los ataques de Estados Unidos en el Caribe y Pacífico como un punto de inflexión para el sistema interamericano. Fundado en la década de 1970, este marco busca proteger la soberanía de naciones del continente, pero hoy enfrenta un dilema: ¿es la OEA un baluarte contra el imperialismo o un instrumento unilateral? El mandatario colombiano lo plantea sin ambages: "O somos un continente de Naciones soberanas, o somos un continente colonizado por un imperio". Esta dicotomía resuena en un hemisferio donde las tensiones entre Washington y gobiernos progresistas como el de Colombia y Venezuela han escalado.
La voz de la ONU y el silencio progresista
El respaldo de Volker Türk a la calificación de ejecuciones extrajudiciales fortalece el argumento de que Petro exige que la OEA estudie los ataques con rigor. Türk, en su pronunciamiento del viernes anterior, instó a cesar estas prácticas independientemente de los presuntos delitos de narcotráfico. Sin embargo, Petro apunta al "silencio del progresismo y de los gobiernos", cuestionando si la Convención Americana solo se aplica contra estados latinoamericanos y no contra el norte del continente. Esta reflexión invita a gobiernos aliados a romper el mutismo y alinearse con principios universales de derechos humanos.
En el Caribe, las operaciones del Comando Sur han avivado controversias, especialmente cerca de aguas venezolanas, donde Trump ha acusado directamente a Nicolás Maduro de fomentar el narcotráfico. Paralelamente, Colombia, bajo Petro, se ve en una posición delicada: aliada histórica de Washington en la lucha antidrogas, pero cada vez más vocal en defensa de la multilateralidad. Petro exige que la OEA estudie estos ataques para evitar que se normalicen como política de seguridad regional, potencialmente erosionando la confianza en instituciones como la CIDH.
Tensiones crecientes entre Washington y el sur global
La exigencia de que la OEA estudie los ataques de Estados Unidos en el Caribe y Pacífico trasciende lo bilateral; es un llamado a redefinir el equilibrio de poder en las Américas. Con más de 60 víctimas en embarcaciones destruidas en alta mar, estos incidentes no solo violan protocolos internacionales, sino que generan ondas expansivas en economías locales dependientes del comercio marítimo. Petro, al evocar el miedo a "ser iguales en el contexto americano", alude a un temor compartido: que la asimetría militar de Estados Unidos imponga su narrativa sin contrapesos efectivos.
El rol de la OEA en la era Trump
Bajo la administración Trump, las políticas de seguridad han endurecido, con énfasis en intervenciones directas contra el narco. Petro exige que la OEA estudie estos ataques para evaluar si contravienen la Carta de la OEA, que promueve la no intervención. Expertos en derecho internacional destacan que, aunque el narcotráfico es un flagelo, las ejecuciones sin debido proceso socavan el estado de derecho que Washington predica. Esta perspectiva, alineada con la de Petro, podría catalizar reformas en el sistema interamericano, fortaleciendo mecanismos de accountability.
En el Pacífico, donde la mitad de las destrucciones ocurrieron, comunidades pesqueras han reportado impactos colaterales, desde pérdidas económicas hasta temor a navegar. La demanda de Petro resalta cómo estos ataques, justificados como antiterroristas, ignoran contextos socioeconómicos que alimentan el crimen organizado. Al insistir en que la OEA debe actuar, el presidente colombiano posiciona a Colombia como voz disidente, inspirando a naciones como México y Brasil a reconsiderar alianzas en foros multilaterales.
La intersección entre seguridad y derechos humanos en el Caribe y Pacífico demanda una respuesta concertada. Petro exige que la OEA estudie los ataques de Estados Unidos no por revanchismo, sino por un compromiso con la equidad continental. Esta postura, respaldada por informes de la ONU, podría presionar a Washington hacia diálogos más inclusivos, donde la cooperación antidrogas no implique sacrificios unilaterales de soberanía.
Además, el debate sobre ejecuciones extrajudiciales en alta mar abre puertas a discusiones sobre tratados como la Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes. Petro, en sus mensajes, evoca un progresismo que no puede callar ante tales desmanes, recordando que la legitimidad de la OEA depende de su capacidad para confrontar potencias dominantes.
En las últimas semanas, analistas han notado un patrón en las declaraciones de Petro, quien ha utilizado plataformas digitales para amplificar su mensaje. Fuentes cercanas al gobierno colombiano mencionan que esta exigencia forma parte de una estrategia más amplia para reposicionar a la OEA como actor imparcial. Por otro lado, observadores en Washington, según reportes de medios independientes, ven en estas críticas un intento de desviar atención de desafíos internos en Colombia, aunque reconocen la validez de las preocupaciones humanitarias. Finalmente, documentos de la ONU consultados en Ginebra subrayan la urgencia de investigaciones independientes, alineándose sutilmente con el llamado de Petro.


