Francisco Moreno, arzobispo de Tijuana, ha dejado un vacío profundo en la comunidad católica mexicana tras su fallecimiento a los 71 años. Originario de Salamanca, Guanajuato, este líder eclesiástico dedicó su vida al servicio de la Iglesia, marcando una trayectoria llena de compromiso y devoción. Su partida, ocurrida recientemente, invita a reflexionar sobre su legado en la pastoral juvenil y la liturgia, aspectos que definieron su ministerio en diversas diócesis del país.
Orígenes humildes en Salamanca y formación sacerdotal
Francisco Moreno nació el 3 de octubre de 1954 en Salamanca, una ciudad conocida por su rica herencia cultural y religiosa en el estado de Guanajuato. Desde joven, mostró un interés profundo por la fe, ingresando al Seminario Diocesano de Morelia en diciembre de 1966. Allí, completó sus estudios desde la secundaria hasta la teología, forjando una base sólida que lo prepararía para una carrera excepcional en el clero mexicano.
Ordenación y primeros pasos en Michoacán
El 25 de febrero de 1979, Francisco Moreno recibió la ordenación presbiteral de manos del Arzobispo Emérito Estanislao Alcaraz Figueroa en Michoacán. Sus inicios ministeriales lo llevaron a la parroquia de Santa Ana en Zacapu, donde sirvió durante cinco años, atendiendo directamente a las necesidades espirituales de la comunidad local. Esta experiencia inicial le permitió conectar con los fieles de manera cercana, un enfoque que caracterizaría toda su labor eclesiástica.
Posteriormente, asumió roles de mayor responsabilidad, como rector del templo de Cristo Rey en Morelia y responsable diocesano de la Pastoral Juvenil. Durante seis años, fue Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Pastoral Juvenil, un cargo que lo posicionó como una figura clave en la formación de las nuevas generaciones dentro de la Iglesia. Su dedicación a los jóvenes no solo fue profesional, sino también personal, inspirando a muchos a seguir caminos de fe y servicio.
Ascenso en la jerarquía eclesiástica mexicana
La carrera de Francisco Moreno tomó un rumbo ascendente en los años 2000. En octubre de 2000, fue nombrado Vicario Episcopal del Bajío, un rol que ampliaba su influencia en regiones centrales de México. Dos años después, el 2 de febrero de 2002, Su Santidad San Juan Pablo II lo designó Obispo titular de Gaguari y Auxiliar de la Arquidiócesis de Morelia. Su ordenación episcopal ocurrió el 20 de marzo de ese mismo año, marcando el inicio de una etapa de liderazgo más prominente.
Presidencia en comisiones episcopales clave
Francisco Moreno fue elegido Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Juvenil para el trienio 2003-2006. Además, fungió como vocal de las Comisiones Episcopales de Liturgia y de Pastoral Familiar durante ese período. En la LXXXII Asamblea Plenaria del Episcopado Mexicano, se le nombró responsable de la Dimensión de Juventud de la Comisión Episcopal de Familia, Juventud y Laicos para el trienio 2006-2009. Estos cargos subrayan su expertise en áreas vitales para el crecimiento de la Iglesia, como la liturgia y la familia, donde promovió iniciativas que fortalecieron la cohesión comunitaria.
El 28 de marzo de 2008, Benedicto XVI lo nombró Tercer Obispo de la Diócesis de Tlaxcala, una diócesis con desafíos únicos en términos de evangelización y apoyo social. Durante ocho años, Francisco Moreno lideró esta comunidad, implementando programas que atendían tanto las necesidades espirituales como las materiales de los tlaxcaltecas. Su gestión se caracterizó por un enfoque inclusivo, atrayendo a fieles de diversas edades y orígenes.
Nombramiento como Arzobispo de Tijuana y legado final
El punto culminante de su carrera llegó el 16 de junio de 2016, cuando el Papa Francisco lo designó Arzobispo Metropolitano de Tijuana. Tomó posesión el 11 de agosto de ese año, asumiendo la responsabilidad de una arquidiócesis fronteriza con retos complejos derivados de la migración y la diversidad cultural. En Tijuana, Francisco Moreno se destacó por su cercanía con los migrantes, ofreciendo refugio espiritual y apoyo práctico en parroquias y centros pastorales.
Administrador Apostólico y responsabilidades litúrgicas
Además de su rol principal, el 25 de febrero de 2022, el Papa Francisco lo nombró Administrador Apostólico de la Diócesis de Mexicali, cargo que desempeñó hasta el 7 de noviembre de 2023. Esta doble responsabilidad evidenció su capacidad para manejar múltiples diócesis con eficacia y sensibilidad. Paralelamente, fue Responsable de la Dimensión Episcopal de la Pastoral Litúrgica en México para los trienios 2018-2021 y 2021-2024, contribuyendo a la renovación de las prácticas litúrgicas en todo el país.
Su trayectoria como arzobispo de Tijuana incluyó la promoción de la pastoral juvenil en la frontera, donde organizó eventos que reunían a miles de jóvenes en celebraciones de fe. Francisco Moreno siempre enfatizó la importancia de la misericordia en el ministerio, inspirado en el Señor de la Misericordia, templo del que fue rector en Morelia. Su labor en la Comisión de Liturgia aseguró que las celebraciones eucarísticas fueran accesibles y vibrantes, atrayendo a una feligresía diversa.
Francisco Moreno, arzobispo de Tijuana, también se involucró en diálogos interreligiosos, fomentando la unidad en comunidades multiculturales. Su origen salmantino le dio un toque de calidez guanajuatense, que transmitía en homilías llenas de anécdotas locales. En Tlaxcala, impulsó proyectos educativos que integraban la fe con el desarrollo comunitario, beneficiando a escuelas parroquiales y centros de formación.
Como obispo auxiliar en Morelia, Francisco Moreno participó en asambleas episcopales que definieron políticas nacionales para la juventud católica. Su visión integraba la tradición con la modernidad, adaptando catequesis a realidades digitales. En Tijuana, enfrentó desafíos como la secularización, respondiendo con retiros espirituales que revitalizaron la participación parroquial.
El fallecimiento de Francisco Moreno, arzobispo de Tijuana, se produce en un momento en que la Iglesia mexicana busca renovar su liderazgo. Su batalla contra el cáncer, mantenida con discreción, refleja la resiliencia que predicaba en sus mensajes. Comunidades en Salamanca y Morelia ya planean homenajes que celebren su contribución a la pastoral familiar.
Francisco Moreno, arzobispo de Tijuana, deja un ejemplo de servicio inquebrantable, desde sus días en el seminario hasta su rol metropolitano. Su énfasis en la liturgia como puente de encuentro divino inspirará generaciones futuras en diócesis como Mexicali y Tlaxcala.
En conversaciones con allegados cercanos a la arquidiócesis, se menciona que detalles sobre su salud final fueron compartidos en círculos internos, destacando su paz espiritual hasta el último momento. Reportes de la Comisión Episcopal de Pastoral Juvenil recuerdan sus iniciativas como pilares del episcopado mexicano, mientras que crónicas locales de Guanajuato resaltan su arraigo en Salamanca como fuente de orgullo regional.


