Inquisición en Guanajuato evoca un capítulo oscuro y fascinante de la historia colonial mexicana, donde la hechicería colonial y los ungüentos misteriosos se entretejían con el control religioso y social. Durante la época novohispana, esta institución, conocida como el Santo Oficio, dejó un legado de expedientes que revelan acusaciones de brujería, vuelos nocturnos y pactos demoníacos en regiones como Celaya, Acámbaro, Guanajuato y León. Estos documentos no solo narran supersticiones, sino que exponen las tensiones culturales entre tradiciones europeas, indígenas y africanas, forjando un imaginario colectivo cargado de misterio. Explorar la Inquisición en Guanajuato permite entender cómo el miedo al otro y al sobrenatural moldeó la sociedad colonial, con casos que hoy se analizan como testimonios de resistencia y opresión.
Orígenes de la Inquisición en la Nueva España
La Inquisición en Guanajuato forma parte de un sistema más amplio establecido en la Nueva España en 1571, cuando el Tribunal del Santo Oficio se instaló en México para combatir herejías y prácticas consideradas desviadas. Sus raíces se remontan a 1478, año en que el papa Sixto IV autorizó su creación en España para perseguir a criptojudíos y musulmanes conversos. En el contexto americano, esta institución se expandió rápidamente para abarcar no solo la fe, sino también delitos como la superstición, la hechicería colonial y los supuestos pactos con el demonio. En Guanajuato, una región minera próspera y multicultural, estos procesos se intensificaron debido a la diversidad étnica: mestizos, indígenas y afrodescendientes convivían en un entorno donde las creencias ancestrales chocaban con el dogma católico impuesto.
El Rol de la Hechicería en el Imaginario Colonial
La hechicería colonial no era mera fantasía; representaba una amenaza percibida al orden establecido. Influida por la fusión de ritos europeos medievales con cosmovisiones mesoamericanas y elementos afrocaribeños traídos por la esclavitud, generó narrativas de transformaciones y rituales prohibidos. Historiadores como Pablo Pérez Joya, de la Universidad de Guanajuato, destacan en sus investigaciones que estos relatos se construyeron a partir de denuncias anónimas y confesiones bajo tortura, revelando más sobre los prejuicios sociales que sobre hechos reales. En este sentido, la Inquisición en Guanajuato actuó como un mecanismo de control, silenciando voces disidentes bajo el pretexto de la ortodoxia religiosa.
Casos Emblemáticos de Brujería en Guanajuato
Uno de los episodios más intrigantes de la Inquisición en Guanajuato involucra a Leonor de Villarreal, una mestiza de Celaya acusada en el siglo XVII de untarse ungüentos misteriosos para convertirse en papagayo y emprender vuelos nocturnos. Según el testimonio de Beatriz de Teba, Leonor regresaba al amanecer "toda acardenalada", con marcas que supuestamente atestiguaban sus escapadas sobrenaturales. Este caso ilustra cómo los ungüentos misteriosos, a menudo elaborados con hierbas y sustancias secretas, eran el catalizador de las acusaciones de hechicería colonial. No se trataba solo de magia; estos ungüentos simbolizaban el poder femenino autónomo, temido por la Iglesia y las autoridades coloniales.
El Aquelarre de Acámbaro y sus Testimonios
En Acámbaro, el expediente de Potenciana, una mulata esclavizada en el molino de don Fernando de Oñate, detalla un supuesto aquelarre en la laguna de Tupario. Nicolás Álvarez la denunció por asistir a un ritual con música infernal, donde una cruz invocada provocó reacciones violentas entre los participantes. Este suceso, investigado por la Inquisición en Guanajuato, resalta la intersección de razas y clases: las mujeres afrodescendientes eran particularmente vulnerables, vistas como portadoras de "influencias diabólicas" debido a sus orígenes. Pérez Joya explica que tales narrativas servían para justificar la esclavitud y la segregación, enmarcando la hechicería colonial como un peligro exótico y controlable solo mediante la fe.
Otro caso paradigmático ocurrió en la capital guanajuatense con Nicolasa de San Agustín, una esclava originaria de Valle de Santiago. Descrita como alta, delgada, de nariz chata y con un hoyo en la mejilla derecha, fue acusada de invocar espíritus y preparar pociones. Su proceso revela la crudeza de los interrogatorios: confesiones extraídas bajo amenaza de tormento, que pintaban un retrato de una mujer marginada luchando por su supervivencia en un mundo hostil. La Inquisición en Guanajuato documentó estos detalles con minuciosidad, preservando no solo las culpas, sino las descripciones físicas que humanizan a las acusadas, convirtiéndolas en figuras trágicas del misterio colonial.
Vuelos Nocturnos en Abasolo y León
En Abasolo y León, los archivos de 1614 recogen testimonios de "vuelo nocturno" que estremecen por su surrealismo. Una niña relató cómo su madre le prohibía untarse los ungüentos misteriosos para evitar que se convirtiera en "sombra" y saliera volando. Otras mujeres eran vistas como "bultos negros" deslizándose por los tejados, regresando exhaustas y marcadas. Estos relatos, centrales en la Inquisición en Guanajuato, fusionan el folclore local con el terror inquisitorial, donde la hechicería colonial se manifestaba en formas etéreas y transformadoras. Expertos interpretan estos vuelos como metáforas de libertad reprimida, un escape simbólico de las cadenas coloniales.
El Significado Cultural de los Ungüentos Misteriosos
Los ungüentos misteriosos ocupan un lugar pivotal en las acusaciones de hechicería colonial, descritos como mezclas de grasa de animales, hierbas alucinógenas y sangre ritual. En la Inquisición en Guanajuato, se les atribuía el poder de alterar la realidad, permitiendo metamorfosis o viajes astrales. Sin embargo, análisis modernos sugieren que muchos eran remedios curativos indígenas, malinterpretados por los inquisidores. Esta distorsión cultural subraya cómo la Inquisición en Guanajuato imponía una lente europea sobre prácticas locales, criminalizando lo que no comprendía. Hoy, estos ungüentos inspiran estudios etnobotánicos, revelando su rol en la medicina tradicional de la región.
La hechicería colonial en Guanajuato también reflejaba dinámicas de género: las acusadas eran mayoritariamente mujeres, cuya agencia sexual o económica amenazaba el patriarcado eclesiástico. Pérez Joya, en su proyecto “Voladoras, maléficas y apóstatas”, argumenta que estos expedientes son ventanas a la interpretación novohispana del cuerpo femenino, donde el deseo y el poder se demonizaban. La Inquisición en Guanajuato no solo persiguió; también archivó historias que, siglos después, nutren la narrativa de resistencia cultural en México.
En el contexto más amplio, la Inquisición en Guanajuato ilustra las contradicciones del virreinato: una era de esplendor artístico y económico, pero también de represión ideológica. Los casos de ungüentos misteriosos y vuelos nocturnos no eran aislados; formaban parte de una red de control que se extendía desde México hasta las minas de Guanajuato, donde la riqueza generada por la plata coexistía con el terror espiritual.
Para comprender plenamente la hechicería colonial, es esencial considerar el impacto en las comunidades indígenas y afro. En pueblos como Acámbaro, rituales prehispánicos se sincretizaron con el catolicismo, dando lugar a prácticas híbridas que la Inquisición etiquetaba como herejía. Estos ungüentos misteriosos , a menudo basados en plantas locales como el peyote o el datura, eran herramientas de sanación que chocaban con la medicina galénica impuesta.
La Inquisición en Guanajuato culminó en el siglo XVIII con una relativa moderación, pero sus ecos perduran en el folclore guanajuatense. Festivales como el Día de Muertos incorporan elementos de brujería, transformando el miedo en celebración. Investigaciones recientes, como las presentadas en el Archivo Histórico Municipal de León, rescatan estos relatos para educar sobre la diversidad cultural y advertir contra los abusos de poder.
En charlas académicas sobre la Inquisición en Guanajuato, se menciona casualmente cómo expedientes del Archivo General de la Nación en México detallan estos procesos, ofreciendo pistas sobre la vida cotidiana colonial. De igual modo, obras de historiadores locales como las de la Universidad de Guanajuato profundizan en testimonios que humanizan a las acusadas de hechicería colonial. Incluso, relatos orales transmitidos en comunidades de Celaya aluden a estos eventos, enriqueciendo el tapiz histórico sin necesidad de dramatismos excesivos.


