La leyenda de El Dorado

30
Bajo el ardiente luminar del trópico,
como el hidalgo Caballero Andante,
jinete en ilusorio rocinante,
sueña don Ñuflo con un país utópico.
En la pupila azul de un lago hipnótico,
ve una ciudad de mármol relumbrante,
almenas de ónix, fuentes de brillante,
y aves canoras de plumaje exótico.
Ve al augusto Paitití en su palacio,
y a caimanes con ojos de esmeralda,
custodiando sus puertas de topacio.
Turba su mente el colosal tesoro.
y en los oleajes de la fronda gualda,
el sol incendia la Leyenda de Oro.
Artículo anteriorLa casa solariega
Artículo siguienteLa montaña
UMH
Apasionado del mundo del entretenimiento, este autor explora todo lo relacionado con anime, series, películas y videojuegos, ofreciendo análisis, reseñas y recomendaciones para mantener a los lectores al día con lo más destacado del ocio digital y la cultura pop.