Buscadoras de Nayarit critican la inseguridad persistente en México bajo el mandato de Claudia Sheinbaum, cuestionando si su elección fue la correcta ante la indiferencia oficial hacia las desapariciones forzadas. En regiones como Huajicori, el colectivo "Guerreras en Busca de Nuestros Tesoros" enfrenta riesgos extremos sin el apoyo del gobierno federal, destacando una crisis que se agrava con el paso de los meses. Esta situación no solo pone en peligro a las activistas, sino que expone las fallas estructurales en la estrategia de seguridad nacional, donde la violencia de los cárteles sigue dominando el panorama.
Inseguridad en Nayarit: El grito de las buscadoras
La inseguridad en Nayarit ha alcanzado niveles alarmantes, con las buscadoras de desaparecidos al frente de una batalla diaria contra el olvido y el peligro. Lideradas por Virginia Garay, estas mujeres recorren terrenos hostiles en busca de respuestas para familias destrozadas por la violencia. La crítica hacia el gobierno de Sheinbaum surge de la falta de acción concreta, donde promesas de cambio se diluyen en la realidad de fosas clandestinas y desplazamientos forzados. En este contexto, la palabra "inseguridad" resuena como un eco de promesas incumplidas, afectando no solo a Nayarit sino al tejido social de todo el país.
Desapariciones forzadas: Un legado sin resolver
Las desapariciones forzadas representan el rostro más crudo de la inseguridad en Nayarit y México entero. Según datos de la Comisión Nacional de Búsqueda, en 2024 se reportaron 486 casos en el estado, cifra que escaló a 507 solo en los primeros nueve meses de 2025. Las buscadoras de Nayarit critican esta escalada, atribuyéndola a la pugna entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación, que siembra terror en zonas montañosas como Huajicori. Virginia Garay, voz principal del colectivo, denuncia que el gobierno federal ignora estas realidades, priorizando informes optimistas sobre la protección real de los ciudadanos.
En medio de esta vorágine, las activistas continúan su labor sin el respaldo prometido. Han solicitado repetidamente acompañamiento de elementos de seguridad para excavaciones en áreas de alto riesgo, pero las respuestas oficiales brillan por su ausencia. Esta negligencia no es aislada; refleja un patrón donde la inseguridad en Nayarit se entreteje con la indiferencia estatal, dejando a las familias en un limbo de dolor y incertidumbre. Las buscadoras, con su tenacidad, se convierten en el símbolo de una resistencia que el Estado parece reacio a apoyar.
Críticas directas al gobierno de Claudia Sheinbaum
Las buscadoras de Nayarit critican abiertamente al gobierno de Claudia Sheinbaum, expresando dudas sobre la legitimidad de su victoria electoral. "Dudamos si fue bueno votar por Sheinbaum", declara Garay, encapsulando el sentimiento de traición que embarga a muchas comunidades afectadas por la inseguridad. Bajo su administración, que asumió el poder en octubre de 2024, se esperaba un giro en la política de seguridad, pero los hechos demuestran lo contrario. La inseguridad persiste, alimentada por la fragmentación de cárteles y la permeabilidad de las fronteras estatales, como la que une Nayarit con Sinaloa.
Indiferencia oficial: El silencio que duele
La indiferencia oficial agrava la inseguridad en Nayarit, donde el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero comparte culpas con el nivel federal. Las buscadoras señalan que las autoridades evitan intervenir en búsquedas por temor a revelar la magnitud del problema: fosas con cientos de víctimas de múltiples estados. Esta táctica de ocultamiento, argumentan, protege la imagen política a costa de vidas humanas. Garay enfatiza que tales acciones generan "desconfianza e impotencia", erosionando la fe en instituciones que deberían velar por la justicia y la seguridad.
En este panorama, la inseguridad en Nayarit no es un incidente local, sino un síntoma de fallas nacionales. El colectivo "Guerreras en Busca de Nuestros Tesoros" opera en condiciones precarias, expuestas a emboscadas y amenazas constantes. Su crítica al gobierno de Sheinbaum resuena en foros y redes, amplificando voces marginadas que demandan no solo recursos, sino un cambio paradigmático en la aproximación a la violencia. Mientras tanto, familias enteras viven en el exilio interno, desplazadas por la guerra invisible de los narcos.
El impacto de la violencia en comunidades nayaritas
La violencia en Nayarit ha transformado comunidades enteras, con cientos de familias huyendo de sus hogares ante la inseguridad rampante. En Huajicori, epicentro de las operaciones delictivas, las buscadoras enfrentan no solo el terreno accidentado, sino la hostilidad de grupos armados. Esta dinámica ha incrementado las desapariciones forzadas, dejando un rastro de huérfanos y viudas que el gobierno de Sheinbaum parece incapaz de consolar. Las críticas de las activistas subrayan cómo la inseguridad erosiona el tejido social, fomentando un ciclo de miedo y resignación.
Riesgos para las activistas: Una lucha solitaria
Los riesgos para las activistas son inmensos en esta lucha contra la inseguridad en Nayarit. Sin protección estatal, cada salida al campo se convierte en una ruleta rusa, donde un hallazgo puede significar tanto cierre como peligro mortal. Virginia Garay advierte que, de ocurrir un incidente, "el Estado es el que va a tener el problema", responsabilizando directamente a las autoridades por su omisión. Esta postura audaz pone en jaque la narrativa oficial de avances en seguridad, revelando grietas profundas en la estrategia presidencial.
La marginación de los colectivos de buscadoras es otro frente de batalla. No solo se les niega apoyo logístico, sino que su existencia misma perturba el discurso triunfalista del gobierno. En un país donde las desapariciones superan las 110 mil acumuladas, la inseguridad en Nayarit ejemplifica la urgencia de reformas integrales. Las voces de estas mujeres, ignoradas en informes presidenciales, claman por visibilidad y acción, recordando que la paz no se decreta, sino que se construye con hechos concretos.
Ampliar el escrutinio sobre la inseguridad en Nayarit implica reconocer el rol de factores transfronterizos, como la influencia sinaloense en la región. Las buscadoras proponen alianzas comunitarias fortalecidas, pero sin el aval federal, sus esfuerzos quedan limitados. Esta brecha entre expectativa y realidad alimenta el descontento, con críticas que se extienden más allá de Nayarit hacia el corazón del poder en Palacio Nacional.
En conversaciones recientes con miembros del colectivo, se evidencia un agotamiento emocional profundo, mitigado solo por la solidaridad entre pares. Fuentes cercanas a la Comisión Nacional de Búsqueda han corroborado el incremento en reportes de fosas, aunque sin compromisos formales de intervención. Asimismo, observadores independientes han documentado patrones similares en estados colindantes, subrayando la necesidad de una respuesta coordinada que trascienda retóricas vacías.
Por otro lado, relatos de familias desplazadas, recopilados en asambleas locales, pintan un cuadro desolador de la inseguridad cotidiana. Expertos en derechos humanos, consultados en informes anuales, coinciden en que la indiferencia oficial agrava el trauma colectivo, perpetuando un ciclo vicioso. Estas perspectivas, aunque no siempre destacadas en medios masivos, enriquecen el entendimiento de una crisis que demanda atención inmediata y sostenida.


